La ilusión mueve el mundo, la ilusión nos hace ser lo que somos. ¿Qué sería de ti o de mi si no tuviéramos aspiraciones, sueños o metas que alcanzar? ¿Qué sería de nosotros si sólo pensáramos en lo que somos y no en lo que podemos ser? ¿Qué sería de nosotros si nos moviéramos por planes establecidos y no por sentimientos repentinos?
Muchas veces me han dicho, y seguro que a ti también, que debo perseguir mis sueños. Tantas, que no puedo ni contarlas. Tantas como veces me han frenado todos aquellos que impulsaron mi vuelo.
He elegido este vídeo y este texto concretamente porque, analizándome y analizando al resto, me he dado cuenta de que somos un año. Somos cuatro estaciones: fríos, cálidos e intermedios. Tenemos la sutileza de una brisa veraniega y somos el cortante filo del frío viento invernal. Aunque también somos ese rayo de sol que en primavera nos saca de casa, somos esa flor que nace entrado el mes de abril, somos las gotas de rocío en el cristal del coche, somos todo lo que nos cambia. Somos intermitentes, somos temporadas, somos lo que somos porque cambiamos siempre en el mismo sentido. Somos un giro de trescientos sesenta grados porque aun girando tenemos parada en las mismas estaciones y aun fallando una y otra vez en lo mismo, aun saltando siempre en el mismo charco; aun con todo, somos la ilusión que nos inunda. Ilusión. Sólo eso. Tanto y tan poco somos. Ilusión. La ilusión de tener el mundo en nuestras manos; de tenernos a nosotros, de tener nuestra ilusión, de ser ilusión, porque HOY SOY MÍA.