miércoles, 3 de septiembre de 2014

Lorca, la "Resi" y el anaglifo


En los años 20 la cultura en España era más bien triste, a excepción de pequeños núcleos innovadores, como la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde vivieron Lorca, Dalí, Buñuel, Pepín Bello, y por donde pasaron todos los del 27, científicos como Severo Ochoa, filósofos como Laín Entralgo...

Allí, en aquella Oxford española, como fue llamada la "Resi", los jóvenes creadores hispánicos vivían en un ambiente vanguardista magnífico. Uno de los caprichos vanguardistas de aquellos jóvenes era el anaglifo, artístico, humorístico y lúdico. El anaglifo tiene carácter banal (de corte dadaísta) y aire de juego. La palabra viene del griego ἀνάγλυφος (anáglyfos) ("tallado en relieve"), y se usa en arte para designar los vasos tallados en relieve y en cine para referirse tanto a las imágenes 3D como a las "gafas anaglifo" necesarias para ver dichas imágenes.

El anaglifo literario, inventado por el oscense Pepín Bello, compañero en la "Resi" de Lorca, Dalí y Buñuel, era una pequeña composición, de cuatro versos, idénticos los dos primeros. El tercero siempre debía ser “la gallina” y, finalmente, concluía con un término que, por su radical diferencia  con el resto de versos, causaría un efecto humorístico. Veamos varios ejemplos:

El búho,
El búho,
La gallina
Y el Pancreátor.


El barco,
el barco,
la gallina
y el zapato.

El té,
El té,
La gallina
Y el Teotocópuli.

Federico García Lorca inventó una variante, el anaglifo barroco, donde en lugar de rematar el poema con un sustantivo, se añade una oración completa que rompa la coherencia de los versos anteriores:

Guillermo de Torre,
Guillermo de Torre,
La gallina
Y por ahí debe andar algún enjambre.

Estas composiciones sencillas, poco elaboradas, rupturistas con la seriedad tradicional de la literatura, respondían perfectamente al afán vanguardista de aquellos momentos. Esta técnica de ruptura de la coherencia y de extrañamiento textual, propia del collage surrealista, era recomendada por Ramón Gómez de la Serna, quien proponía hacer disociaciones y asociaciones inusitadas e insólitas. Serna fue unmaestro para aquellos jóvenes de la generación del 27, conectados con el varguardismo europeo, con la escritura automática que el surrealista André Breton recomendaba a sus epígonos, seguidores del Dadá, del simbolismo y el parnasianismo, amigos del ultraísmo y el creacionismo...

A Pepín Bello le debemos también la expresión de "los putrefactos", con la que los jóvenes de la "Resi" se referían a los partidarios de la tradición en Arte. Según Pepín"toda forma carnosa repugnantemente muerta" era putrefacta.

Otro día hablaremos de jitanjáforas y cadáveres exquisitos, otras de las técnicas que usaban los del 27.

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