miércoles, 16 de febrero de 2011

"La Cenerentola": Una cenicienta con censura

Pues sí, ¿a que no podíais imaginar que alguien viera algo pecaminoso en La Cenicienta, el famoso cuento de Charles Perrault con el que han crecido y crecen cientos de niños de todo el mundo? Pues tal cosa le ocurrió nada menos que a Gioacchino Rossini (1792-1868), el famoso compositor italiano, cuando compuso una de sus obras maestras, la ópera mil veces respresentada titulada La Cenerentola, escrita prodigiosamente en tan sólo veinticuatro días cuando tenía 25 años de edad.

El libretista, Jacopo Ferretti (1784-1852), gran poeta, fue marcado de cerca por la censura que le obligó a cambiar algunas escenas de la adaptación teatral.

- ¿Pero cuáles? -estaréis pensando-, ¿en qué escenas podía haber algo pecaminoso en un cuento para niños?

- Ah, hijos míos -responderá el censor-, el pecado se esconde donde menos lo esperamos.

La cosa es que a los censores les pareció muy mal que la pérfida Cenicienta mostrase en escena... ¡nada menos que todo su lindo piececito desnudo, seguido de una libidinosa pantorrilla! ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Solución: el bueno del príncipe se quedó compuesto y... sin zapatito de cristal. Cenicienta, tras la conocidísima escena del baile en palacio, se va corriendo dejándole... un casto brazalete, una hermosa pulsera diamantina. Y para encontrarla, el príncipe debería buscar a la doncella que guardase no el otro zapato, claro, sino el brazalete gemelo del primero.

¡Vaya lío! ¿Y cuándo diréis que pasó esto? ¿En la Edad Media? ¿En los tiempos del inquisidor Torquemada?

No, ni mucho menos. La Cenerentola se estrenó en el Teatro Valle de Roma el 25 de enero de 1817.

Naturalmente, el "arreglo" no satisfizo a todo el mundo. Théophile Gautier, ofendido, escribió: "¡Coger un cuento de Perrault, el mejor, y dejar de lado este detalle encantador, el más ingenioso y delicado!"

Stendhal ironizó sobre el particular y dijo que solo perdonaría a Rossini en el caso de que la prima dona del estreno, que fue la cantante Geltrude Righetti-Giorgi (1793-1862), tuviera el brazo más agraciado que el pie. Una bromita que a la diva no le sentó demasiado bien.

En fin, afortunadamente la música de Rossini es tan buena y la ópera tan divertida que acabó conquistando el corazón de los aficionados y hoy es una pieza insustituible del repertorio operístico. Aquí os ofrecemos el aria "Si ritrovarla Io giuro - Pegno adorato e caro", donde el bonachón del príncipe adora al santo, o mejor dicho a la santa, por la peana -es decir, en este caso: por el brazalete- y dice: "Sí, juro que la encontraré - Oh, prenda adorada y querida", refiriéndose al brazalete, claro.

Y es que... ¿Cómo iba a utilizar Rossini algo tan pornográfico como un zapatito de cristal? Aún no habían nacido Freud ni Bettelheim había hecho su clásico estudio sobre el psicoanálisis aplicado a los cuentos de hadas. Los psicoanalistas consideran que el pie desnudo introducido en un zapato son simbolizaciones respectivas del pene y la vagina. Rossini no podía saberlo, claro, pero como gran artista que era, ya se barruntaba él alguna cosica rara en aquello. Así que solucionó el problema con un cambiazo: fuera zapato y hala brazalete.

Otros cambios que hizo Rossini son los siguientes: la malvada madrastra es sustituida por un padrastro, Don Magnifico. El Hada madrina es reemplazada por Alidoro, un filósofo y tutor del príncipe.

Pues eso, La Cenerentola. A disfrutarla.



DON RAMIRO (a Dandini)

Sì, ritrovarla io giuro.
Amore, amor mi muove:
Se fosse in grembo a Giove,
Io la ritroverò.
(contempla lo smaniglio)
Pegno adorato e caro
Che mi lusinghi almeno.
Ah come al labbro e al seno,
Come ti stringerò!

CAVALIERI

Oh! qual tumulto ha in seno
Comprenderlo non so.

DON RAMIRO E CAVALIERI

Noi voleremo, domanderemo,
Ricercheremo, ritroveremo.
Dolce speranza, freddo timore
Dentro al mio/suo cuore stanno a pugnar.
Amore, amore m’hai/l’hai da guidar.

Traducción

DON RAMIRO (a Dandini)

Sí, juro encontrarla.
Amor, el amor me mueve:
aunque estuviese en el seno de Júpiter
yo la encontraré.
(contempla el brazalete)
Prenda adorada y querida,
cuánta ilusión me das al menos.
¡Ah, como te estrecharé
contra mis labios y mi pecho!

CABALLEROS

¡Oh! ¡Qué afán salta en su pecho!
No lo puedo comprender.

DON RAMIRO Y CABALLEROS

Volaremos, preguntaremos,
buscaremos, encontraremos.
Dulce esperanza, frío temor
pugnan dentro de mi/su corazón,
amor, amor me ha/le ha de guiar.

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