miércoles, 23 de febrero de 2011

Una de barberos: "El barbero de Sevilla"

El barbero es una figura con gran predicamento en la literatura. Quizá sea por aquello que decía un rey de que confiaba más en su barbero que en sus ministros, pues ponía cada día el real cuello en sus manos. Lo cierto es que tenemos barberos diabólicos, como Sweeney Todd, el barbero diabólico de Fleet Street, en el Londres victoriano (siglo XIX) y barberos risueños, como Fígaro, el barbero de Sevilla, y nuestro zarzuelero barberillo de Lavapiés. Es la cuestión que estos barberos, villanos o liantes, son siempre inteligentes, para ayudar a su señor o para matar a sus enemigos. ¿Será porque el afeitado exige precisión?

Hoy vamos a hablar del barbero más famoso del mundo de la ópera. Rossini, de quien ya hablamos en otras entradas de este blog, es el autor de una de las más improtantes óperas cómicas o bufas del repertorio: Il barbiere di Siviglia, El barbero de Sevilla en español. Con libreto inspirado en la célebre comedia del francés Beaumarchais. Este autor literario fue martillo de nobles, pues a la aristocracia no le gustaba ver en escena cómo el más listo de todos era un siervo, capaz de burlarse de condes, duques y demás ralea, y de salirse finalmente con la suya urdiendo tretas de ingenio sin igual. En fin, Beaumarchais, adorado por el pueblo, anunciaba un cambio en marcha, la caída del Antiguo Régimen y la democratización de la vida social. Beaumarchais, hijo de un relojero, hombre de extraordinario talento, se hizo rico en los negocios, editó las obras completas de Voltaire, triunfó en el teatro... Tras El barbero de Sevilla, escribió una continuación también de gran éxito, Las bodas de Fígaro, que Mozart utilizó para su gran ópera.

Pues bien, a partir de este texto gracioso y subversivo, subtitulado La inútil precaución, heredero de la comicidad del gran Molière, Rossini compuso su ópera, en la que, en efecto, se ve cómo ante el avance imparable del amor -con la alianza imprescindible del ingenio- toda precaución es realmente vana. El argumento es más o menos el que sigue:

El conde Almaviva, que se hace pasar por Lindoro, canta bajo el balcón del doctor Bartolo su serenata dirigida a la bella Rosina, ahijada del médico y tutoranda suya. El alegre barbero Fígaro decide ayudar al conde en su conquista. Pero Bartolo comenta con don Basilio, que es el profesor de música de la joven, que sospecha que Almaviva quiere seducir a su protegida y que, para evitarlo, él mismo se va a casar con ella. Una idea horrible: ¡aquel vejestorio casado con la bella! Las tretas de Fígaro, sus enredos interminables, conducen la obra hasta su happy end: el conde y Rosina se casan y el burlado Bartolo se une a la fiesta final.
En fin, un argumento que no hace sangre, pero sí produce risas y permite pasar un buen rato al aficionado. Una ópera bellísima llena de arias, cavatinas, duetos, quintetos... extraordinarios. Las arias más conocidas son: "Largo al factotum della città", cantada por Fígaro, y "Una voce poco fa", interpretada por Rosina.

Pero calle el presentador y ábrase el telón.



FÍGARO
La ran la lera, la ran la la.
La ran la lera, la ran la la.
Largo al factotum
della città,
largo!
La ran la, la ran la,
la ran la, la!
Presto a bottega
che l'alba è già, presto!
La ran la, la ran la,
la ran la, la.
Ah, che bel vivere,
che bel piacere,
per un barbiere di qualità,
di qualità!
Ah, bravo, Figaro,
bravo, bravissimo; bravo!
La ran la, la ran la,
la ran la, la.
fortunatissimo per verità!
La ran la, la ran la,
la ran la, la.
Pronto a far tutto,
la notte, il giorno
sempre d'intorno in giro sta.
Miglior cuccagna per un barbiere,
vita più nobile, no, non si dà.
La, la ran la,
la ran la, la ran la.
Rasori e pettini,
lancette e forbici,
al mio comando tutto qui sta.
V'è la risorsa poi del mestiere
colla donnetta, col cavaliere.
Ah, che bel vivere,
che bel piacere
che bel piacere
per un barbiere di qualità,
di qualità
Tutti mi chiedono,
tutti mi vogliono,
donne, ragazzi,
vecchi, fanciulle.
Qua la parrucca...
Presto la barba...
Qua la sanguigna,
presto il biglietto!
Figaro, Figaro, Figaro, Figaro!
Ahimè!, ahimè! Che furia!
Ahimè!
Che folla!
Uno alla volta, per carità!
Figaro! Son qua
Ehi Figaro! Son qua.
Figaro qua, Figaro là,
Figaro qua, Figaro là,
Figaro su, Figaro giù,
Figaro su, Figaro giù!
Pronto prontissimo
son come il fulmine,
sono il factotum della città,
della città!
Ah, bravo Figaro,
bravo, bravissimo!
A te fortuna, a te fortuna,
a te fortuna
non mancherà.
La, la ran la, la ran la, la ran.
A te fortuna, a te fortuna,
a te fortuna
non mancherà!
Sono il factotum de la città!

TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL
La ran la lera, la ran la la.
La ran la lera, la ran la la.
¡Dejen paso al factótum
de la ciudad,
dejen paso!
¡La ran la, la ran la,
la ran la, la!
Rápido, a la tienda,
que ya es de día, rápido!
La ran la, la ran la,
la ran la, la.
¡Ah, que vida más hermosa,
qué gran placer,
para un barbero de calidad,
¡de calidad!
¡Ah, bravo, Fígaro, bravo,
bravísimo, bravo!
La ran la, la ran la,
la ran la, la.
¡Afortunadísimo eres en verdad!
La ran la, la ran la,
la ran la, la.
Dispuesto para hacer de todo,
de noche y de día,
va de un lado para otro,
Mejor ganga para un barbero
ni vida más noble, no la hay, no.
La, la ran la,
la ran la, la ran la.
Navajas y peines,
bisturíes y tijeras
a mis órdenes todos están,
tengo recursos, además de oficio,
con la joven, con el caballero.
¡Ah, que vida más hermosa,
qué gran placer,
qué gran placer,
para un barbero de calidad,
de calidad!
Todos me llaman,
me solicitan,
mujeres, muchachos,
viejos y niñas.
Trae la peluca...
rápido, la barba...
Trae las sanguijuelas,
pronto, esta carta.
¡Fígaro, Fígaro, Fígaro, Fígaro!
¡Ay de mí, ay de mí! ¡Qué furia!
¡Ay de mí!
¡Ay, qué multitud!
¡De uno en uno, por caridad!
¡Fígaro! ¡Estoy aquí!
¡Eh, Fígaro! ¡Estoy aquí!
¡Fígaro acá, Fígaro allá,
Fígaro acá, Fígaro allá,
Fígaro arriba, Fígaro abajo,
Fígaro arriba, Fígaro abajo!
Rápido, rapidísimo,
soy como el rayo,
¡soy el factótum de la ciudad,
de la ciudad!
¡Ah, bravo Fígaro,
bravo, bravísimo!
A ti fortuna, a ti fortuna,
a ti fortuna
jamás te faltará.
La, la ran la, la ran la, la ran.
¡A ti fortuna, a ti fortuna,
a ti fortuna
jamás te faltará!
¡Soy el factótum de la ciudad!

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