domingo, 19 de enero de 2014

El cierzo, el viento de Zaragoza



Si queréis ver una exposición chuli, "Cierzo, viento del Ebro", organizada por el Ayuntamiento de Zaragoza, expuesta en el Centro Ambiental del Ebro, Plaza de Europa, 1-3. De martes a viernes, de 11:00 a 13:00 y de 18:00 a 20:00. Sábados y festivos, de 12:00 a 14:00. Lunes cerrado. Hasta el 28 de febrero.

Este pasado miércoles, 15 de enero, el Heraldo Escolar le dedicaba una página doble a la exposición. La intensidad del viento se registra en Zaragoza desde hace 150 años. Los datos se mandan a Madrid, al Instituto de Meteorología. A Zaragoza la llaman "la novia del viento", un nombre casi poético, gracias al cierzo. Y es que este viento llega a soplar con una intensidad de 160 km/h, ¡casi na!, aunque normalmente lo hace con mucha menos potencia. Por encima de 55-60 km/h, ya empieza a ser peligroso.

No es un viento que traiga humedad, sino que se la lleva, es desecante, funciona como un aspirador. También es persistente, pues sopla 150 días al año, y racheado.

Los romanos ponían nombres a los vientos: Eolo, el dios de los vientos; Bóreas, un viento violento y bronco... El primero en nombrar a Cercius, Cierzo, fue Catón el Censor, cónsul romano que estuvo en Hispania luchando en el siglo II a. de C. De él dijo:

"Al hablar te llena la boca, derriba hombres armados y carros cargados".
Y es que el cierzo erosiona los cabezos y los deja sin vegetación, inclina los árboles, vence la vegetación. Marcial también cita al cierzo. Pero también tiene efectos positivos: limpia la contaminación y la enfermedad. En 1834 Pascual Madoz afirmaba que, en cuanto llegó el cierzo, se marchó la peste de Zaragoza.

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