viernes, 19 de abril de 2013

De adivinanzas y enigmas: la Esfinge de Tebas


La adivinanza y el enigma tienen que ver con la descripción y la definición, pues seleccionan rasgos del objeto (lo describen o pintan con palabras), pero los presentan de manera problemática, que no resulte obvia (enigma) para estimular la reflexión del receptor. El enigma más famoso de la literatura universal es el que la Esfinge de Tebas le planteó a Edipo, y que dice así:
   "Existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo, que tiene sólo una voz, y es también trípode. Es el único que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por tierra, aire o mar. Pero cuando anda apoyado en más pies, la movilidad de sus miembros es mucho más débil."
La respuesta, como bien sabrás, es el hombre, que cuando es bebé anda a cuatro patas, cuando es adulto camina sobre su piernas y de viejo usa como apoyo el bastón. La formulación que hemos traído aquí es la de Aristófanes el gramático, pero como es un enigma tan famoso tiene más formulaciones, más o menos parecidas a la que hemos transcrito, como esta:
Solo tiene una voz,
y anda con cuatro pies por la mañana,
dos al mediodía y tres por la noche.
Cuantos menos pies tiene, más veloz corre.
Si lo conoces, te ama, pero si no lo conoces,
lucha contra ti y te destruye".
Oye, pues ocurrió que el bueno de Edipo advinió el enigma y la Esfinge se enfureció tanto que se arrojó por un barranco y nadie volvió a verla nunca más por los alrededores de Tebas. Un poco más tarde, a Edipo le entró un complejo tremendo con su madre y... Bueno, pero esa es otra historia -y además un poco larga-, así que ya te la contaré otro día.

El enigma de Edipo se ha convertido en un tópico o lugar común con el que incluso se hacen chistes, como este que copio de La gaviota, del escritor ruso Antón Chéjov. El maestro Medviedenko le plantea al viejo Sorin la vieja adivinanza y él , que ya la conocía, contesta con ironía:

               MEDVIEDENKO (Llevándole del brazo). — He aquí una adivinanza para usted: «Por la mañana anda a cuatro patas, al mediodía con dos, al anochecer con tres...».
                SORIN (Riendo). — ¡Justo! Y por la noche sobre sus espaldas. (A MEDVIEDENKO) ¡Puedo andar solo, muchas gracias!...” (acto III, p. 63)

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