lunes, 31 de agosto de 2015

Don Miguel de Unamuno y los neologismos


Unamuno era catedrático de griego, así que dedicó gran parte de su vida al estudio y la enseñanza de los clásicos. Era, como no podía ser de otra manera, un gran entendido en etimologías, y por eso cuando escribía resultaba un gran creador de neologismos. Le gustaba además decir frases contundentes, lapidarias. Por ejemplo, es célebre la anécdota que lo sitúa en Salamanca, dando una conferencia que interrumpe el general de la Legión Millán Astray, amigo de Franco y uno de los golpistas en julio de 1936, al grito de "¡Viva la muerte, muera la inteligencia!". Unamuno responde con su famoso "Venceréis, pero no convenceréis". Sintético y demoledor.

Otro ejemplo: cuando le acusan de romántico, contesta:

"No lo niego, pero con poner motes a las cosas no se resuelve nada. A pesar de mis más de veinte años de profesar la enseñanza de los clásicos, el clasicismo que se opone al romanticismo no me ha entrado. Dicen que lo helénico es distinguir, definir, separar; pues lo mío es indefinir, confundir."

Veamos otro ejemplo clarísimo en donde usa unos neologismos absolutamente originales. Estas palabras están tomadas de su novela de 1914 Niebla, cap. I, donde el protagonista, Augusto Pérez, dice lo siguiente:

"¡Vaya, ya tenemos el inevitable automóvil, ruido y polvo! ¿Y qué se adelanta con suprimir así distancias? La manía de viajar viene de topofobia y no de filotopía, el que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja y no buscando cada lugar a que llega. Viajar... Viajar..."

Lo de la topofobia podríamos entenderlo como el odio al lugar donde uno se encuentra. Y la filotopía sería algo así como el amor a los lugares nuevos, a visitar nuevos parajes. Unamuno viene a decir que para ser un buen viajero hay que interesarse por los sitios que uno visita.

En fin, un buen ejemplo de neologismos, ¿no os parece?

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