martes, 26 de marzo de 2019

Lope, en Zaragoza: "El castigo sin venganza"


El pasado fin de semana, desde el viernes, 22 de marzo al domingo, 24 de marzo, en el Teatro Principal, se pasó Lope de Vega por Zaragoza, en versión de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que está ahora de gira por España.

Una obra de madurez, la última que creó el Fénix. Una joya trágica y cómica a la vez (con final feliz, vaya).

La directora, Helena Pimenta, ha hecho un gran montaje.

Copiamos el argumento de la obra:

Acto I.-

El duque de Ferrara, acompañado de Ricardo y Febo, sale una noche más a la búsqueda de aventuras amorosas, escuchando a la prostituta Cintia afearle su conducta porque es el prometido de Casandra, hija del duque de Mantua, a la que va a recibir como esposa al día siguiente… Además, en su paseo oye accidentalmente el canto de Andrelina, con unos versos que hablan de lo triste que es recordar los buenos tiempos cuando se han dejado atrás:

«Déjame, pensamiento; /
no más, no más, memoria, /
que mi pasada gloria /
conviertes en tormento /
y de este sentimiento /
ya no quiero memoria, sino olvido…».

El duque no quiere volver a escuchar verdades que no le gusta saber, y se marcha. Al día siguiente vemos al conde Federico (hijo bastardo del duque) en el camino, yendo a buscar a su futura madrastra acompañado de Batín.

El joven se siente engañado porque confiaba en suceder a su padre y ahora lo harán sus hijos legítimos, aconsejándole Batín que tenga paciencia y no muestre su malestar. Escuchan voces femeninas de alarma en el río, y Federico consigue salvar del agua a Casandra, volviendo con ella entre sus brazos, mientras Batín salva a Lucrecia, criada de la dama; ambas habían caído al agua por accidente cuando viajaban a Ferrara junto a su primo, el marqués Carlos de Gonzaga.

Comienza a brotar afecto y amor entre el conde y su futura madrastra, y los criados opinan que ellos harían mejor pareja que Casandra y el duque. En la corte, mientras esperan a los viajeros, Luis de Ferrara y su sobrina Aurora hablan sobre la difícil posición de Federico en cuanto a la sucesión del ducado, ofreciéndose ella a casarse con él, a lo que su tío accede.

Llega la comitiva y el duque recibe con frialdad a Casandra para desposarla; el marqués, por su parte, pretende a Aurora. Tras la recepción, Batín adivina el amor que Federico siente por Casandra. El conde, que manifiesta ya claramente el amor imposible que siente por su madrastra, lamenta el sentimiento que se apodera de él.

Acto II.-

Un mes después, Casandra, ya duquesa, se queja a su criada Lucrecia del desprecio y abandono en que la tiene su marido, que ha regresado a sus pasados vicios después de la noche de bodas. Federico, entristecido, preocupa a su padre y se niega a casarse con Aurora, alegando que puede estar inclinada al marqués, que ha empezado a cortejarla. Aurora, convencida de que Federico está ofendido por no haber heredado el ducado, se queja ante Casandra, que promete a la dama que hablará con él. Así lo hace, confesándole ella a él la triste y desdichada situación que sufre con el mal trato del duque, mientras que Federico termina por insinuarle su desesperado amor secreto. Aurora pretende dar a su primo celos con el marqués, mientras el duque es llamado por el Papa a Roma para que le apoye económicamente y se una a él en la guerra. Federico quiere acompañarle, pero su padre prefiere que gobierne Ferrara en su ausencia. Casandra, que siente atracción por Federico y deseos de venganza hacia el duque, logra que su hijastro le confiese sus sentimientos ocultos, y ella misma cae también arrastrada por la mutua pasión imposible.

Acto III.-

Cuatro meses más tarde, Aurora revela a Carlos que ha descubierto la relación secreta que mantienen Casandra y Federico; el marqués le propone casarse con ella y huir a Mantua para evitar el peligro que correrán cuando el duque descubra la traición.

Cuando se anuncia la súbita llegada del duque, Federico alerta a Casandra de que va a pedir en matrimonio a Aurora para encubrir ante su padre la relación que mantienen; ella se niega y monta en cólera. El duque llega victorioso y también cambiado: desea ser un buen marido y gobernar su Estado justamente, pero recibe una denuncia anónima sobre lo que ha sucedido.

Federico, para ocultar la verdad, pide a su padre licencia para casarse con Aurora aunque ella se niega, apoyada por Casandra.

Desconfiado ante tales pruebas, el duque escucha en secreto una conversación entre su mujer y su hijo donde se llenan de reproches pero también se declaran su amor y acuerdan vivirlo discretamente a partir de ese momento y mantener el engaño. Por su parte, Aurora obtiene permiso de su tío para casarse con el marqués y Batín pide acompañarlos a Mantua para salvarse, intuyendo el inminente desastre. El duque, convencido ya, planea una venganza que, para no manchar su honor de gobernante y de marido, ha de parecer un castigo sin relación con el adulterio; envuelve en una tela a Casandra amordazada y ordena a Federico que la mate haciéndole creer que se trata de un traidor a su gobierno; y después acusa en público a su hijo de asesinarla porque ella estaba embarazada de un sucesor legítimo. El marqués da muerte al conde, y de este modo permanece oculta la verdad sobre lo sucedido: una deshonra convertida en un castigo político ejemplar.

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