martes, 3 de febrero de 2026

"Iesu, dulcis memoria", atribuido a Tomás Luis de Victoria

"Iesu, dulcis memoria" pertenece al repertorio clásico de los coros del mundo mundial. En su versión más conocida, se atribuye su música a Tomás Luis de Victoria (1548-1611), el Mozart español, un auténtico superdotado de la música polifónica. Victoria es uno de los mejores representantes de la escuela española de música renacentista y se le considera un anticipador de las complejidades del barroco, que se desarrollaría en el siglo siguiente, el XVII.

La letra data del siglo XI y es de san Bernardo de Claraval (1090-1153), un monje fundador y difusor de la orden del Císter por toda Europa, autor de una de las poesías más hermosas de la historia del cristianismo: el "Iubilus de nomine Iesu", compuesto por muchas estrofas (entre 40 y 80). De ellas, tradicionalmente, en los monasterios se cantaban cinco en en maitines, cinco en laudes y cinco en vísperas de la fiesta del Nombre de Jesús, y por esa razón existen varias musicalizaciones, realizadas a lo largo de varios siglos, del himno tradicionalmente llamado "Iesu, dulcis memoria". Hay versiones tanto de canto gregoriano como de polifonía.

Dejamos aquí la letra en latín y, debajo, su traducción al español:

     Iesu dulcis memoria

dans vera cordis gaudia:

sed super mel et omnia

eius dulcis praesentia. 

     Nil canitur suavis,

nil auditur iucundius,

nil cogitatur dulcius

quam Iesus, Dei Filius.

     Iesu, spes paenitentibus,

quam pius es petentibus!

Quam bonus te quaerentibus!

Sed quid invenientibus?

     Nec lingua valet dicere

Nec littera exprimere

Expertus potest credere

Quid sit Iesum diligere.

     Sis, Iesu, nostrum gaudium,

Qui es futurus praemium:

Sit nostra in te gloria

Per cuncta semper saecula. Amen.

          TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL

     Dulce es el recuerdo de Jesús,

que trae la alegría verdadera al corazón;

pero su presencia es más dulce que la miel

y que todas las cosas. 

     Nada más dulce puede cantarse, 

nada más agradable de escuchar, 

nada más delicioso en qué pensar 

que Jesús, el Hijo de Dios. 

     ¡Jesús, esperanza de los que se convierten, 

qué bueno eres con los que te suplican!, 

¡Qué bueno con los que te buscan!, 

¿Qué serás para los que te encuentran? 

     Ni la lengua puede decirlo, 

ni la escritura expresarlo; 

solo quien lo ha experimentado 

sabe lo que es amar a Jesús. 

     Jesús, sé nuestra alegría, 

tú que eres nuestra futura recompensa.

Que nuestra gloria sea estar contigo 

por toda la eternidad. Amén. 

Normalmente, se suele cantar una sola estrofa. Dejamos aquí algunas musicalizaciones del "Iesu, dulcis memoria".

La versión de Tomás Luis de Victoria
Versión en canto gregoriano
Otra versión para canto gregoriano
El himno de san Bernardo de Claraval









domingo, 25 de enero de 2026

"Nocturnos de la ventana", de Federico García Lorca - "Nocturno 1"

 1

Alta va la luna.

Bajo corre el viento.

(Mis largas miradas,

exploran el cielo.)

Luna sobre el agua.

Luna bajo el viento.

(Mis cortas miradas,

exploran el suelo.)

Las voces de dos niñas

venían. Sin esfuerzo,

de la luna del agua,

me fui a la del cielo.

Así, de esta manera tan lírica y tan breve, comienza Federico García Lorca sus "Nocturnos de la ventana". La noche, la luna y la muerte son símbolos plenamente lorquianos, muy frecuentes en su poesía. También lo son el tono intimista y erótico, el onirismo, el yo voyerista, la presencia del misterio, del dolor y del deseo. Tras la lectura, se nos queda una sensación de muerte, belleza y tragedia. Así es como Lorca entendía la vida.

En este poema destacan los elementos de la naturaleza (luna, viento, noche, agua, suelo), la presencia humana (el yo del poeta y las dos niñas), el tono de melancolía y de ensueño. Hay un marcado contraste entre la tierra y el cielo, entre la luna (vertical, "alta va la luna") y el agua (horizontal, "luna sobre el agua"), entre "sobre" y "bajo".

El poemilla es una más de las composiciones breves que compuso Lorca caracterizadas por su musicalidad y su fuerte carga simbólica, hasta el punto de que el significado de los versos queda abierto a la interpretación del lector.

Federico era, además de poeta, un músico vocacional: "Ante todo soy músico", dijo en una entrevista de 1933, siendo ya un poeta consagrado. Además, su militancia en las vanguardias poéticas, sobre todo en el surrealismo, le hizo añadir a sus versos un marcado carácter simbólico.

No es raro encontrar cancioncillas insertadas en sus obras teatrales (en Mariana Pineda, en Yerma, en Bodas de sangre...) y sabemos que armonizó y adaptó gran número de canciones populares.

La evidente musicalidad de los versos del poeta de Granada ha hecho que muchos compositores les hayan puesto música. Concretamente, este nocturno fue musicalizado en 1980 por Francesc Vila y Ginferrer (1922-2011), pedagogo, compositor y director de coros. También hay una versión diferente, cantada por Ana Belén y con música de Pedro Guerra, recogida en Lorquiana 1 - Poemas de Federico García Lorca.

Los "Nocturnos de la ventana" están incluidos en el libro Canciones (1921-1924), perteneciente a la primera etapa del poeta, y dedicados a José de Ciria y Escalante (1903-1924), poeta tempranamente desaparecido -por culpa del tifus- que Federico conoció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en sus años jóvenes. Los poemas son una meditación sobre la muerte, la pobreza, la ineficacia de la poesía para escapar de la realidad, hay una imaginería sombría, insistente, donde la ventana es el marco desde el que se percibe una escena trágica y estática.

Dejo aquí un par de versiones de la canción lorquiana. ¡Que las disfrutéis!