Mostrando entradas con la etiqueta coronavirus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coronavirus. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de mayo de 2020

Una carta al director en "Heraldo de Aragón"

El viernes, 15 de mayo de 2020, salió una carta nuestra en Heraldo de Aragón, en la sección de "Tribuna" (opinión), p. 23 del diario.

Aquí tenéis el texto.


Podéis compararlo con el original. El periódico ha hecho varios recortes y ha cambiado la maquetación original de los párrafos.

La "Nueva Normalidad"

   No, la posmodernidad no iba a ser esto. Seguro que ningún hermeneuta de lo hodierno, ni el más avezado cultureta pop, la habría imaginado así.

   Pero aquí está. La Nueva Normalidad.

   Me gusta ese concepto, tan reciente como el pan, tan lleno de sugerencias. Evidentemente, como hasta ahora, no podíamos seguir. El confinamiento tiene que acabar. Son terribles sus consecuencias. Ruina económica, secuelas sociales y psicológicas, males sin fin.

   Y cuando desescalemos este periodo de confusión, las cosas ya no serán como eran. Llega la Nueva Normalidad.

   La pandemia ofrece así una perspectiva positiva: la posibilidad de repensarnos como sociedad. Y nos da también una palabra clave para el futuro: desescalar.

   Va a resultar que no estaban tan locos los que pedían sostenibilidad. Ecologistas, conservacionistas y otros zumbaos.

   Tendremos que desescalar las ciudades, porque viviremos más cómodos, y más sanos, en el campo o en las poblaciones pequeñas.

   Desescalaremos los espectáculos, tropocientas mil personas en los conciertos, los partidos o las playas… Nos lo exige nuestra seguridad.

   Haremos razonable el urbanismo, los sistemas de movilidad. Desescalaremos los centros comerciales, la sociedad de masas y hasta las aperturas los domingos. ¡Basta de hacinamiento! ¡En el metro, en la calle, en la escuela, el hospital, la vivienda y en el bar!

   Ahora resulta que los partidarios del pequeño comercio, la tiendecita de barrio, tenían razón. Hay cosas que no tienen precio y justo porque van más allá del precio. No todo es productivismo y acaso la economía pudiera no tener siempre razón.

   Desescalaremos lo accidental y reescalaremos lo importante: la educación, la sanidad. Lo humano, lo profundamente humano.

   O sea, la Nueva Normalidad. 

   José Antonio García 

martes, 12 de mayo de 2020

La Nueva Normalidad. Escritos de nuestros alumnos


No, la posmodernidad no iba a ser esto. Seguro que ningún hermeneuta de lo hodierno, ni el más avezado cultureta pop, la habría imaginado así.
Pero aquí está. La Nueva Normalidad.
Me gusta ese concepto, tan reciente como el pan, tan lleno de sugerencias. Evidentemente, como hasta ahora, no podíamos seguir. El confinamiento tiene que acabar. Son terribles sus consecuencias. Ruina económica, secuelas sociales y psicológicas, males sin fin. 
Y cuando desescalemos este periodo de confusión, las cosas ya no serán como eran. Llega la Nueva Normalidad.
La pandemia ofrece así una perspectiva positiva: la posibilidad de repensarnos como sociedad. Y nos da también una palabra clave para el futuro: desescalar.
Va a resultar que no estaban tan locos los que pedían sostenibilidad. Ecologistas, conservacionistas y otros zumbaos.
Tendremos que desescalar las ciudades, porque viviremos más cómodos, y más sanos, en el campo o en las poblaciones pequeñas.
Desescalaremos los espectáculos, tropocientas mil personas en los conciertos, los partidos o las playas… Nos lo exige nuestra seguridad.
Haremos razonable el urbanismo, los sistemas de movilidad. Desescalaremos los centros comerciales, la sociedad de masas y hasta las aperturas los domingos. ¡Basta de hacinamiento! ¡En el metro, en la calle, en la escuela, el hospital, la vivienda y en el bar!
Ahora resulta que los partidarios del pequeño comercio, la tiendecita de barrio, tenían razón. Hay cosas que no tienen precio y justo porque van más allá del precio. No todo es productivismo y acaso la economía pudiera no tener siempre razón.
Desescalaremos lo accidental y reescalaremos lo importante: la educación, la sanidad. Lo humano, lo profundamente humano. 
O sea, la Nueva Normalidad.

José Antonio García 

LA VIDA EN CUARENTENA

Siempre me había dado curiosidad saber qué se sentía al dar clases a distancia, pero lo que nunca hubiese imaginado es que un día iba a experimentarlo en mis propias carnes y que además sería en estas circunstancias.

El mundo está atravesando momentos difíciles y nosotros debemos hacernos a la idea de que por un tiempo ya no van a tener lugar las charlas en el recreo contándonos las aventuras del fin de semana o los trabajos en grupo donde había más risas que palabras. Ahora la única forma de ver a nuestros compañeros de clase es mediante una videollamada, y aunque sea duro y esta nueva normalidad sea aterradora debemos ser conscientes y respetuosos, ya que cuando toda esta situación acabe y volvamos a compartir espacio seremos imparables de nuevo.

Volveremos a dejarnos los apuntes y a crear grupos en los pasillos donde hablaremos de las posibles preguntas del examen y de lo asustados que estamos por si no logramos la nota que esperamos, volveremos a compartir una bolsa de chuches mientras estamos sentados en un banco hablando de lo cansado que ha sido el día para todos, y todo esto lo haremos con una sonrisa de oreja a oreja, porque el día que en que las mascarillas no tapen las sonrisas de la gente por la calle y podamos abrazar otra vez a nuestros amigos, ese día España será libre de nuevo y nosotros seremos la viva imagen de la felicidad.

Sahra Yahi, 1º Bachillerato BB

Bum
7:15. Desayunar. Vestirse. Nuevo día. 8:15. Instituto; colegio; trabajo. Almuerzo. Café. Café. Café. 14:15. Comer. Curso. Natación. Reunión. Llamadas. Médicos. Yo. Yo. Yo. “Tengo lío” “Ahora no puedo” “No llego” “No me da la vida” ¿Qué vida? Semáforo. Coches. Polución. Tranvía. Aglomeración. Avenida. Cruces. Números, no personas. Inercia. Ceguera. Clausura. 22:00. Cena. Niños. Insomnio. Un día menos. Bum. Y de repente, nada. De un momento a otro nos invade el silencio y la incertidumbre y el tiempo muerto y la ansiedad y la existencia. Y nos toca improvisar esa escena jamás escrita, jamás guionizada; la de pararnos a pensar; escucharnos por dentro… Introspección. Tregua. Ahora es cuando, con los relojes parados, nos encontramos a solas con nosotros mismos, cuando debemos empezar a entendernos con calma, a querernos con alma y a vivirnos al día. Nos encontramos también con la muerte de frente, con los ruidos de cara; con un tsunami de nostalgia que nos enzarza; avalancha. Ahora es cuando toca actuar con conocimiento de causa y dejarnos de empatías vacías. Ahora más que nunca hemos aprendido a que ir con prisas no nos hace avanzar. Ya hemos asumido que cada día que pasa no es uno de menos; sino un día más. Siempre, un día más.  
Marta Peláez González, 2º Bachillerato B


CARTA AL DIRECTOR

Estimado señor:
Me dirijo a usted en mi calidad de alumna de 2º Bachillerato del I.E.S. Avempace (Zaragoza), con el propósito de transmitirle mi humilde opinión acerca de la situación que estamos viviendo. Creo que la mayoría de los estudiantes en mi situación se podrán sentir identificados.
Esta pandemia nos ha caído como un jarro de agua fría a todos, tanto a los alumnos como al profesorado.
La teleeducación no está siendo lo suficientemente efectiva para que quienes  estamos a expensas de realizar el examen de acceso a la Universidad podamos enfrentarnos a la prueba sin preocupación por la materia que no se ha explicado en las clases presenciales.
Nos estamos jugando acceder a la carrera que nos apasiona. Estamos apostando al azar nuestro futuro académico y laboral que, a día de hoy, se ve cada vez más incierto y oscuro.
Por ese motivo, hay que valorar a los docentes que sí han sabido ponerse a la altura ante esta situación tan compleja y novedosa. Esos profesores que, desde que empezó este caos social, han dado todo como auténticos héroes para que el alumnado tuviera las máximas facilidades a la hora de ponerse a estudiar en casa.
En estos momentos tan desconcertantes, tenemos que percatarnos de la relevancia que tienen la sanidad y la educación. Sin estos dos pilares fundamentales, el mundo se para. Por ello, bajo ningún concepto se puede consentir que se hagan recortes en estos ámbitos sociales. Porque recortar en sanidad y educación es jugar con el futuro de las personas.
El fin de este escrito es intentar plasmar la angustia y la ansiedad de la mayoría de nosotros actualmente. Espero firmemente que, cuando esta situación horrorosa llegue a su fin, hayamos aprendido un poco de coherencia y comprensión para saber valorar las cosas realmente importantes y que sostienen el futuro de la sociedad.
Atentamente, 
Sofía Gutiérrez, 2º Bachillerato BB.

LA TELEEDUCACIÓN
Querido director, le escribo para comunicarle mi parecer ante esta situación tan singular que está cambiando nuestras vidas al completo.
La pandemia producida por el COVID-19, más conocido como coronavirus, afecta a todos los sectores de nuestra comunidad.
Uno de ellos es la teleeducación, soy conocedora de primera mano de los métodos que se utilizan para paliar la falta de clases presenciales, puesto que soy una de las muchas personas afectadas en este sector.
Por eso mismo, me considero una buena candidata para expresarle una valoración de estos dos meses que llevamos de confinamiento, con tareas online;
Al inicio de la cuarentena, los profesionales de la educación buscaron nuevos métodos para impartir las clases, a la espera de nuevas noticias.
Puesto que esas noticias no fueron las deseadas y debíamos permanecer más tiempo en nuestros hogares, se decidieron a seguir el temario vía online, ya que el curso no se iba a paralizar.
Utilizábamos y seguimos haciéndolo, plataformas como Google Meet, las cuales nos permiten hacer una videollamada a todos los alumnos a la vez. En ellas el alumnado debe permanecer con el micrófono cerrado, y solo se le permite abrirlo si el profesor lo decide o tiene alguna duda. No podría decir que este método sea deficiente, puesto que depende del tipo de asignatura, ya que algunas de ellas requieren pizarra u otro tipo de material.
Por otro lado, otra de las plataformas es Classroom, sin duda la más importante. En ella creamos una clase virtual, donde nos comunicamos con los profesores, además suben las tareas, las explican, pueden subir vídeos, material de estudio...
Estas son las dos cosas más destacables que ayudan a una buena teleeducación y la hacen más llevadera. No es nada fácil impartir clases desde casa, pero gracias a las telecomunicaciones del siglo en que vivimos, podemos hacerlo posible.
Un saludo.
Natalia Serrano Guallar, 2º Bachillerato A.



martes, 14 de abril de 2020

Sobre la interpretación: la pauta que conecta

En la ciudad de Zaragoza ha aparecido esta foto: ¿Cuál es su significado?


Todos sabemos que hoy, martes, 14 de abril, es el aniversario de la proclamación de la Segunda República en España. La bandera republicana tiene tres colores: rojo, amarillo y morado. Ergo... No hace falta decir que la iluminación del Puente de Piedra es un homenaje a tan señalada fecha del calendario español.

Pero... ¿cómo lo hemos sabido? Simplemente, gracias a nuestro conocimiento enciclopédico del mundo.

Supongamos que no sabemos nada de la Segunda República española, ignoramos que su bandera tiene esos tres colores y no conocemos nada acerca del 14 de abril como onomástica destacada del calendario.

¿Podríamos, entonces, entender el mensaje?

El lingüista y antropólogo Gregory Bateson (1904-1980), de la escuela de Palo Alto, California, EUA (la misma a la que perteneció otro gran maestro, Paul Watzlawick), fue un gran buscador de los vínculos de los sistemas humanos. Acuñó varias citas memorables, como estas:
  • "La ciencia nunca prueba nada"
  • "El mapa no es el territorio".
  • "No hay experiencia objetiva; toda experiencia es subjetiva".
Y sobre todo, se hizo famoso por una frase:
  • "la pauta que conecta".
Pues bien, esa es la clave de la interpretación. Para entender los mensajes simbólicos, debemos entender "la pauta que conecta" con ellos. Ella es la puerta de entrada al sentido. En este caso, por ejemplo, la clave está en los colores de la bandera republicana proyectados sobre el puente. Sin ella, no podemos percibir el mensaje, no entenderíamos su significado. La clave son los colores y la fecha del calendario, claro, porque en un día de diario no se suelen proyectar los colores republicanos sobre ningún puente o edificio público alguno.

Es por eso por lo que resulta tan importante, sobre todo en la edad escolar, que los jóvenes acuñéis el conjunto básico de referencias culturales de nuestro entorno. Lo que Gustave Flaubert llamó con ironía el Diccionario de ideas recibidas o de lugares comunes. Esa es una de las funciones prioritarias de los sistemas educativos: la cultura de base, el sistema de tópicos que fundamentan la mayor parte de nuestras creencias y referencias culturales. Ese sistema, en las sociedades modernas, se crea en la escuela y se apuntala cada día, ampliándose o rehaciéndose, en los medios de comunicación. Antes, se decía que la cátedra y el púlpito eran las que unificaban a la tribu. Hoy día, ese papel lo hacen la escuela y la televisión, los media. Y las redes sociales.

Vayamos a otro ejemplo de interpretación, relacionado con la Semana Santa que acabamos de vivir:


Es evidente la clave de humor de la imagen, que circuló por los grupos de Whatsapp el Domingo de Resurrección. Para los cristianos, es un día de alegría, después de la semana de dolor y de pasión.

Pero aquí, Jesús pregunta dubitativo en italiano: "¿Se puede salir o no?"

La gracia solo se entiende si se comprende el contexto en que es producido el dibujo. Para que la entendamos, para que podamos comprender el sentido del humor, es imprescindible que detectemos varias cosas:

1. En primer lugar, la iconografía cristiana de Jesús con su túnica blanca, sus sandalias, su barba y su salida del sepulcro en el día de la resurrección ("Al tercer día, resucitó", dice el Nuevo Testamento). La tradición imaginística religiosa ha creado una determinada manera de representar a Cristo. ¿Podemos imaginarlo gordo, con gafas, con traje? Solo en la mirada de algunos artistas de ruptura, como el colombiano Fernando Botero sería posible encontrar una representación de ese cariz.


2. En segundo lugar, la situación actual de aislamiento e incomunicación producida por la pandemia del coronavirus.

3. En tercer lugar, la frase que dice Jesús en italiano y que no es demasiado difícil de traducir al castellano, aunque uno no conozca la lengua de Dante. Jesús pregunta si se puede salir o no, y lo hace porque todos sabemos que esperan importantes multas a quienes se atrevan a infringir la norma del aislamiento social decretada por las autoridades.

Solo entonces es posible relacionar todo eso y traerlo hasta el presente, hasta la situación que todos y cada uno de nosotros estamos viviendo / padeciendo hoy: el coronavirus. Y solo entonces podremos esbozar una sonrisa ante el dibujo que contemplamos (dejando al margen que está cargado de cierta irreverencia, lo que puede hacer que a algunos, en vez de a reír, les invite a enfadarse, por encontrarlo burlón).

El dibujo funciona como un "as if", un "como si...", una hipótesis imposible o improbable: ¿qué pasaría si...? Nos hace imaginar como real una situación imaginaria o ficticia.

En este otro dibujo sobre el mismo tema, aún se especifica más el temor de Jesús al salir del sepulcro, gracias a la presencia del policía con mascarilla que le conmina: "¡Ni se te ocurra!" El mecanismo utilizado en este caso es el del anacronismo, es decir, situar en una sola imagen cosas que corresponden en la realidad a dos momentos históricos distintos, a dos situaciones muy separadas cronológicamente: la Judea de Jesús, ubicada en los primeros años de la cronología gregoriana (año 33 d. de C) y el coche patrulla de ahora, con su sirena, su logo policial y su conductor uniformado y con mascarilla.


Los seres humanos somos capaces de hacer operaciones cognoscitivas de orden superior casi sin darnos cuenta. Tenemos un cerebro que hace operaciones complejas a gran velocidad y con eficacia y sencillez. El mejor de los ordenadores. Capaz de realizar operaciones intelectuales del más alto nivel, de operar con símbolos en ausencia de los objetos a los que representan, de acometer abstracciones, inferencias, deducciones, de plantear hipótesis... El filósofo Edward Cassirer definió al ser humano como "homo simbolicus", ente que trabaja con símbolos.

La gran enseñanza de Bateson es que debemos estar atentos a todo tipo de símbolos que nos rodean y sentir curiosidad para descifrarlos, pues solamente así podremos acceder a su significado. Charles Baudelaire hablaba de "la forêt de symboles", el bosque de símbolos que nos rodea. Vivimos rodeados de signos, pero solo si sabemos entenderlos seremos capaces de percibir el mundo en toda su riqueza. Debemos desarrollar en los jóvenes el interés semiótico, la curiosidad por comprender e interpretar los signos que nos rodean, tanto los verbales como los no verbales.

Imaginemos, por ejemplo, que alguien dice, respecto de la fotografía del puente que hemos puesto al principio de esta entrada: "¡Bah, yo no soy republicano!" Bien, pero aunque sea así, uno solo puede entender el porqué de la iluminación del puente zaragozano si conoce mínimamente qué fue la Segunda República.

Alguien podría decir, igualmente, en cuanto a los dos dibujos que siguen: "Pero es que yo no soy creyente, así que no me interesa nada de Jesús". De acuerdo, pero es indiscutible que los códigos cristianos están tan presentes en nuestra sociedad, en nuestro día a día, que hasta sirven para hacer chistes. Son millones las personas que viven en el mundo de hoy con esa creencia de la resurrección. Es algo que no podemos dejar de conocer, cuando menos culturalmente hablando, porque si lo ignoramos no podremos entender el comportamiento de miles de personas a nuestro alrededor.

En definitiva, Bateson nos enseña a mirar la realidad con los ojos del científico que busca, curioso, la explicación del fenómeno: la pauta que conecta. Nos muestra que la ignorancia al único sitio adonde puede llevarnos es a la incomprensión, a la falta de entendimiento de la realidad, a la incompetencia cultural. La mejor brújula para navegar por el mundo es, y siempre ha sido, la cultura. Y el mejor mecanismo de orientación, la curiosidad. El desinterés o el desconocimiento hacen que nos perdamos en el camino; nos aíslan, consiguen que vivamos con menor plenitud.

Así pues, está en nuestras manos: ¿quién queremos ser? ¿El científico que busca? ¿El sectario que desdeña?¿Cuál es nuestra idea de la cultura? ¿Es un conjunto de certezas o una apuesta por la incertidumbre? ¿Qué camino sigue el sabio, el de las seguridades o el del riesgo? ¿Es mejor comprender o ignorar?

Feliz camino para todos.