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martes, 20 de noviembre de 2018

Es lo que pasa

A VECES, EN OCTUBRE, ES LO QUE PASA...

Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;
cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.
Foto tomada por Lucia Bolea

Este poema es de Ángel González, un poeta español de la generación del 50, que ganó el premio Príncipe de Asturias en 1985 y que fue académico de la Real Academia Española.

Este poema recuerda a las primeras tardes de otoño, hablando con un tono de añoranza y melancolía, pero aun así  no creo que sea un poema triste ni mucho menos.  Este es un poema que nos hace darnos cuenta de que el tiempo pasa, y lo que nos parecía que no se iba a acabar, se acaba. Y simplemente se acaba sin buscar explicación.

Lo único que podemos hacer es disfrutar, dejar de lamentarnos por lo que se ha ido y pensar y agradecer lo que ahora tenemos. 

martes, 11 de abril de 2017

La ilusión se esconde en cualquier rincón.

Según la Real Academia Española, la ilusión es la esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva. Sin embargo, la ilusión para mí es vida. Pura vida. Vida porque te hace seguir, porque te hace buscar, pensar, intentar, llegar a lugares que nunca hubieras pensado, que te hace subirte en el vagón de una montaña rusa sin fin con cientos de cuestas en su recorrido. Es vida porque te sonríe, porque tan pronto está como se esfuma, porque pende de un hilo, porque tenerla no es más que cuestión de suerte. 
La ilusión mueve el mundo, la ilusión nos hace ser lo que somos. ¿Qué sería de ti o de mi si no tuviéramos aspiraciones, sueños o metas que alcanzar? ¿Qué sería de nosotros si sólo pensáramos en lo que somos y no en lo que podemos ser? ¿Qué sería de nosotros si nos moviéramos por planes establecidos y no por sentimientos repentinos? 
Muchas veces me han dicho, y seguro que a ti también, que debo perseguir mis sueños. Tantas, que no puedo ni contarlas. Tantas como veces me han frenado todos aquellos que impulsaron mi vuelo. 

He elegido este vídeo y este texto concretamente porque, analizándome y analizando al resto, me he dado cuenta de que somos un año. Somos cuatro estaciones: fríos, cálidos e intermedios. Tenemos la sutileza de una brisa veraniega y somos el cortante filo del frío viento invernal. Aunque también somos ese rayo de sol que en primavera nos saca de casa, somos esa flor que nace entrado el mes de abril, somos las gotas de rocío en el cristal del coche, somos todo lo que nos cambia. Somos intermitentes, somos temporadas, somos lo que somos porque cambiamos siempre en el mismo sentido. Somos un giro de trescientos sesenta grados porque aun girando tenemos parada en las mismas estaciones y aun fallando una y otra vez en lo mismo, aun saltando siempre en el mismo charco; aun con todo, somos la ilusión que nos inunda. Ilusión. Sólo eso. Tanto y tan poco somos. Ilusión. La ilusión de tener el mundo en nuestras manos; de tenernos a nosotros, de tener nuestra ilusión, de ser ilusión, porque HOY SOY MÍA.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

Primer día del equinoccio de otoño



Hoy, miércoles, 23 de septiembre de 2015, es el primer día del otoño. Con el cambio de estación comienza el equinoccio de otoño.

La palabra equinoccio, con su doble ce ("-cc-"), viene del latín aequinoctium, que a su vez procede de aequus nocte, noche igual, y se refiere a que, el día que se produce el equinoccio, las horas de luz y las de oscuridad, es decir, el día y la noche, tienen la misma duración en todas las partes del globo terráqueo.

El equionoccio ocurre dos veces por año: el 20 o 21 de marzo, equinoccio de primavera, y el 22 o 23 de septiembre, equinoccio de otoño, de cada año, dos épocas en que los dos polos terrestres se encuentran a una misma distancia del Sol, así la luz se proyecta por igual en ambos hemisferios.

La palabra equinoccio tiene asociada un adjetivo, equinoccial, que se usa poco en español. Aparece, por ejemplo, en el título de la novela histórica del escritor aragonés, de Chalamera de Cinca, Ramón J. Sender: La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, sobre el famoso descubridor español, apodado "el loco Aguirre", que se levantó contra su rey y pereció por ello.

Bueno, pues nada, que el equinoccio nos sea leve y que veamos el próximo, el de primavera, que la sangre altera.

Y una curiosidad para una próxima entrada: de equinoccio a solsticio, y tiro porque me toca. Aquí lo dejamos por el momento.



miércoles, 28 de noviembre de 2012