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lunes, 8 de septiembre de 2014

Jitanjáforas


Los autores del 27 eran muy amigos de las técnicas vanguardistas: el anaglifo, el cadáver exquisito  (de los que ya hemos hablado), las jitanjáforas...

De estas últimas vamos a hablar aquí. ¿Qué es una jitanjáfora? Esto dice la Wikipedia:

Se denomina jitanjáfora a un enunciado lingüístico constituido por palabras o expresiones que en su mayor parte son inventadas y carecen de significado en sí mismas. En una obra literaria, su función poética radica en sus valores fónicos, que pueden cobrar sentido en relación con el texto en su conjunto.
El término fue acuñado por Alfonso Reyes en un artículo de 1929. Reyes explica que tomó la palabra de un poema del poeta cubano Mariano Brull, donde este juega con los sonidos, inventando palabras sin significado. Una de ellas es jitanjáfora, como se aprecia a continuación:
Filiflama alabe cundre
ala olalúnea alífera
alveolea jitanjáfora
liris salumba salífera.
Mariano Brull, Leyenda
(...)
La jitanjáfora fue cultivada por algunos artistas de vanguardia, especialmente por los dadaístas. Miguel Ángel Asturias destacó en el uso de la misma, especialmente en su obra El señor Presidente, así como Gonzalo Torrente Ballester en La saga/fuga de J. B. y Alejandra Pizarnik en la extravagante La bucanera de Pernambuco o Hilda la polígrafa.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

Lorca, la "Resi" y el anaglifo


En los años 20 la cultura en España era más bien triste, a excepción de pequeños núcleos innovadores, como la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde vivieron Lorca, Dalí, Buñuel, Pepín Bello, y por donde pasaron todos los del 27, científicos como Severo Ochoa, filósofos como Laín Entralgo...

Allí, en aquella Oxford española, como fue llamada la "Resi", los jóvenes creadores hispánicos vivían en un ambiente vanguardista magnífico. Uno de los caprichos vanguardistas de aquellos jóvenes era el anaglifo, artístico, humorístico y lúdico. El anaglifo tiene carácter banal (de corte dadaísta) y aire de juego. La palabra viene del griego ἀνάγλυφος (anáglyfos) ("tallado en relieve"), y se usa en arte para designar los vasos tallados en relieve y en cine para referirse tanto a las imágenes 3D como a las "gafas anaglifo" necesarias para ver dichas imágenes.

El anaglifo literario, inventado por el oscense Pepín Bello, compañero en la "Resi" de Lorca, Dalí y Buñuel, era una pequeña composición, de cuatro versos, idénticos los dos primeros. El tercero siempre debía ser “la gallina” y, finalmente, concluía con un término que, por su radical diferencia  con el resto de versos, causaría un efecto humorístico. Veamos varios ejemplos:

El búho,
El búho,
La gallina
Y el Pancreátor.


El barco,
el barco,
la gallina
y el zapato.

El té,
El té,
La gallina
Y el Teotocópuli.

Federico García Lorca inventó una variante, el anaglifo barroco, donde en lugar de rematar el poema con un sustantivo, se añade una oración completa que rompa la coherencia de los versos anteriores:

Guillermo de Torre,
Guillermo de Torre,
La gallina
Y por ahí debe andar algún enjambre.

Estas composiciones sencillas, poco elaboradas, rupturistas con la seriedad tradicional de la literatura, respondían perfectamente al afán vanguardista de aquellos momentos. Esta técnica de ruptura de la coherencia y de extrañamiento textual, propia del collage surrealista, era recomendada por Ramón Gómez de la Serna, quien proponía hacer disociaciones y asociaciones inusitadas e insólitas. Serna fue unmaestro para aquellos jóvenes de la generación del 27, conectados con el varguardismo europeo, con la escritura automática que el surrealista André Breton recomendaba a sus epígonos, seguidores del Dadá, del simbolismo y el parnasianismo, amigos del ultraísmo y el creacionismo...

A Pepín Bello le debemos también la expresión de "los putrefactos", con la que los jóvenes de la "Resi" se referían a los partidarios de la tradición en Arte. Según Pepín, "toda forma carnosa repugnantemente muerta" era putrefacta.

Otro día hablaremos de jitanjáforas y cadáveres exquisitos, otras de las técnicas que usaban los del 27.

jueves, 24 de febrero de 2011

Surrealismo: Un cadáver exquisito


El 29 de marzo de 2011 iremos con los alumnos de 2º de Bachillerato a ver el Centro Buñuel de Calanda. Una visita al pueblo natal del genio del cine. Buñuel, Lorca, Dalí, Pepín Bello... Años veinte. Los años dorados de la Residencia de Estudiantes. Decía Carlos Fuentes que el surrealismo había triunfado sobre todo en España. No hay país más surrealista que este. Ni Bréton ni Francia. El surrealismo triunfó en España, sobre todo gracias a Dalí y Buñuel, también a Federico.

El juego más famoso creado por los surrealistas es el del cadáver exquisito. ¿Cómo se juega? Pues aquí está la historia, avempacianos:


"Para este experimento se reúnen varias personas que se van pasando un papel donde todas escriben palabras o esbozan dibujos: el resultado es un conjunto incoherente: una frase o un dibujo que desafían toda lógica. El ejemplo clásico que dio su nombre al juego procede de la primera frase obtenida de ese modo: El cadáver - exquisito - beberá - el vino nuevo" (Yvonne Duplessis, El surrealismo, Barcelona, Oikos-Tau, 1972. Citado en Fernando Muñoz et alia, Buñuel y alrededores, Teruel, Diputación Provincial, pág. 12)
¿Queda claro? Pues ahora, hala, ya sabéis: a jugar al surrealismo. A ver... ¿a quién se le ha quedado un cadáver en la cocina, un burro sobre el piano, una mano llena de hormigas, un marista en bicicleta...?

Pulsa aquí para ver las ilustraciones del libro Buñuel y don Luis, de José Luis Cano: