Como viene siendo costumbre en mí, he decidido quejarme. Inconformista por naturaleza, quizás. Una rara avis, quién sabe. Lo que está claro es que a nadie nos gustan las injusticias y que si ninguno lucha para combatirlas, sino que se queda parado, usando su libertad para simplemente resignarse, no conseguiremos jamás hablar de ellas en pretérito.
Yo soy estudiante de segundo de bachillerato. Yo sufro la presión de una nota. Yo veo cómo mis compañeros, en lugar de disfrutar aprendiendo, se resignan a copiar y memorizar. Es un reset mental continuo al salir de cada examen. Un círculo vicioso. Y todo ¿por qué? Porque nos encontramos estudiando en un sistema en el que prima la nota sobre la vocación, en el que sabe más el que más tiene y no el que más quiere. Y no, no hablo de educación precisamente. No es fácil estudiar con la presión a cuestas. No es fácil que te inculquen la idea de ser una mísera nota en lugar de unos valores humanos. No es fácil nada de esto. Por eso yo me quejo. Y no culpo: me quejo. Y todo porque yo, señores, no soy una nota, solo alguien que estudia.
Dejo aquí una fotografía del artículo de opinión por el cual hago esta entrada. No pido nada que no sea nuestro, de los estudiantes. Solo pido ser un poco más libres. Que se busque a la persona. Que podamos ser más humanos. Menos nota. Menos máquina.
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lunes, 26 de febrero de 2018
martes, 30 de mayo de 2017
Quince de te quiero de dos mil vente.
Si algo he aprendido a base de leer, es a sentir. Sí, a sentir. A encontrar en cualquier palabra, en el rincón más recóndito o en la persona menos esperada la inspiración que me lleva a sentir. Y me gusta sentir, me gusta inspirarme, dejarme llevar por lo que no entiendo, dar rienda suelta a mi imaginación y dejar que mi mano se deslice sobre el lienzo que es el folio para plasmar, así, las sugerentes ideas que los sentimientos me crean.
Aunque no lo creamos, todos somos escritores de historias empezando por la más importante: la nuestra. Olvidamos muchas veces la belleza de lo simple, nuestra belleza, lo bello que es demostrar lo que escondes mediante palabras, versos, rimas, ritmos o textos. Olvidamos tanto que nos olvidamos que sentimos más de lo que nos permitimos. Piel de gallina, ojos llorosos y gente en nuestra mente que a gritos chillamos que estén con nosotros. Lo que es capaz de originar la lectura, ¿verdad? Y eso es precisamente lo que me gusta de ella. Cuando leo soy capaz de transportarme a cualquier otro sitio, me evado del mundo y soy solo yo sin mis circunstancias. Lejos de la realidad, imito ser quien quiera ser. Con el tiempo me he dado cuenta de que, además de leyendo, la única forma de ser realmente quien quiero, es escribiendo. No busco agradar cuando escribo, simplemente busco agradarme a mí, sentir y hacer sentir. Todos tenemos mucho que decir, mucho porque aún más tenemos callado. Y qué bonito es chillar en silencio.
Dejo por aquí uno de los textos que más me gustan de los que he ido escribiendo porque no, no necesito un catorce de febrero para ser capaz de decir un 'te quiero'. Y tú, estoy segura de que tampoco:
"Te escribo esto a dieciséis de te quiero de dos mil vente con la misma ilusión y las mismas ganas que le puse a nuestro primer beso aquel siente de junio del que fue nuestro año.
No han sido suficientes todos los besos que nos dimos en los callejones sin salida que se hacían entre tu cama y el sillón blanco del salón. No han sido suficientes porque aún tengo el recuerdo de ese beso que no me diste cuando buscabas el norte en mi hemisferio. Intrépido explorador de la cordillera de mis piernas, fiel admirador del paisaje de mi espalda, auténtico conocedor de la depresión de mi cuello. Tú, que organizabas expediciones a los rincones más escondidos de mi costado, que aun teniéndome al lado día tras día te dejabas por colonizar la tierra de nadie que era mi anatomía. Tierra de nadie a la que siempre acudías en busca de población para tu patria. Desde aquí todo se ve mejor, no hay amanecer más bonito que este. Créeme, te sorprendería saber la cantidad de constelaciones que llego a ver uniendo los lunares de tu amplio cosmos. Desde ese que tienes justo en tu hemisferio Norte, en el Este de tu complejidad, hasta el que despide al sol cuando se esconde. Terremotos inigualables los que formas, el primer huracán con nombre de hombre que he conocido. Vaya suerte la mía de que me haya atrapado. Soy todavía inmigrante en tu territorio, no acabo de llegar, pero no tengo suficientemente claro si prefiero tu lado derecho del pecho o el izquierdo para dormir, no sé dónde poner mi hogar, si en la curvatura de tu cuello o en el rincón de tus abrazos. No lo tengo claro, por eso voy cambiando.
Todavía me cuesta aterrizar cuando llego, esto de no tener ley de la gravedad y hacerme volar está acabando por hacerse una costumbre. Costumbre de tu cuerpo. Costumbre desde aquel siempre de septiembre que te descubrí por primera vez. Que excavé en tus ruinas más antiguas haciendo así la mitología más interesante que había en la faz de tu cuerpo que va más allá del espacio-tiempo, más allá del horizonte de tu cuello, más allá. Mucho más.
Y, perdona, pero has acabado haciendo de tus besos la gastronomía típica de mi hogar todavía sin situación. Permíteme probar hasta que, de una vez, consiga la receta. Hasta entonces, cierra la puerta, ciérrala y permíteme entrar sólo a mi. Por favor. Sólo a mi.
Historia interesante, también, la que escribo con mi pulso tembloroso sobre el lienzo de tu piel. Sin reyes ni reinas, simplemente con el triunfo de tu particular amocracia tras una dura guerra de cosquillas entre tu patria y la mía, una guerra cuya arma más poderosa es nuestra risa nerviosa entre fase y fase.
Y con todo esto quiero decirte que a dieciséis de te quiero de dos mil vente, todavía tengo pendiente recorrer y conocer cada centímetro de tu piel al cien por siento."
¡Seamos la metáfora más bonita de nuestra historia!
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miércoles, 3 de mayo de 2017
Una carta de Raquel Mustienes
Nuestra querida alumna Raquel Mustienes ha publicado en el Heraldo de Aragón del domingo, 30 de abril de 2017, una carta al director donde reivindica el papel de las Humanidades y del Bachillerato de Letras en el sistema educativo. Aquí dejamos copia del texto publicado en la prensa aragonesa. También puede verse en la web de la Sociedad Aragonesa de Filosofía:
Enlace a la Sociedad Aragonesa de Filosofía: https://sociedadaragonesadefilosofia.wordpress.com/2017/05/01/carta-de-una-alumna-de-bachillerato/
domingo, 22 de enero de 2017
Y tú, ¿qué quieres?
Cuántas veces hablamos con los demás sin haber tenido una conversación con nosotros mismos. Intentamos conocer a alguien sin saber de nosotros, nos preocupamos por lo que el resto quiere sin importar lo que nosotros necesitamos. Cuántas veces tenemos la necesidad de un receptor para lanzar nuestro mensaje, cuántas veces confundimos la soledad con sentirse solo. Cuántas.
Muchas veces me he planteado a quién conozco y, ante una pregunta tan sencilla, me hago pequeña respondiendo. Como todos, siempre he intentado conocer a gente, hacer mi círculo de confianza. Qué equivocada estuve. No me di cuenta de que me engañaban cuando me decían que para conversar eran necesarias dos personas, que necesitabas un código, bien sea una lengua o alternativas, para transmitir el mensaje, no me di cuenta de que había hablado mucho, pero conversado poco. Y me di cuenta de todo porque quise conocer antes de conocerme, quise descubrir sin haberme conquistado a mí primero. Por eso, este año he hecho, por primera vez, mis propósitos de año nuevo. Sin imposiciones, sin obligaciones, solo queriendo. Dicen que más vale tarde que nunca, ¿no?
"Sí, quiero dejar a un lado el miedo, afrontar cualquier adversidad, no hacerme pequeña ante el más mínimo problema. Sí, quiero intentar todo lo que desee, hacer cuando me apetezca y como me apetezca lo que realmente sienta, vivir tantas aventuras como sea posible, hacer las locuras que a una cuerda equivocada se le ocurran, sentir la libertad que da la felicidad. Sí, quiero mirarme al espejo de frente y no de pasada, besar mi cuerpo con los ojos, contarme cuentos y no defectos en los que yo misma sea la protagonista. [...] Sí, quiero brindar por lo vivido, pero quiero volver a hacerlo por lo que queda por vivir. Sí, quiero saltar al vacío sin la necesidad de un paracaídas, sin el miedo de un posible fondo de piedra, planear, volar, fabricarme unas alas con la mente, imaginar que puedo hacerlo, que el mundo está a mis pies.
Sí, quiero, y, si quiero, puedo hacerlo."
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lunes, 9 de enero de 2017
¿Qué entiendo yo por arte? ¿Es arte la literatura?
Muchas veces me he planteado qué es el arte, cómo se distingue el arte de lo que no lo es, quién establece los límites de lo que se considera artístico, qué es lo bello, lo bonito, en definitiva: ¿existe el arte?
Tras mucho pensar y reflexionar sobre todo esto, me he dado cuenta de que la respuesta que me ofrezco es de lo más ambiguo que he podido plantearme, porque de una pregunta ambigua, no puede haber respuestas concisas. Pero, ¿cuál es esa respuesta?
Para mi el arte es lo que consigue transmitir, es lo que consigue hacerte sentir lo expresado. Lejos de los cánones de belleza, de los estilos, de las formas, de las estructuras, de la métrica y la rima, es lo que se siente. Arte es, entonces, la literatura. Independientemente de lo que se trate, de si empleamos prosa o verso, de si hablamos de cuentos, novelas o ensayos. Independientemente de todo, de todo excepto de ti.
Y ahora bien, "qué gano planteándome todo esto", podríamos preguntarnos. Yo, como buena soñadora impaciente y lectora que soy, he decidido hacer arte. Y no, repito, no entendamos arte por un cuadro o una escultura, sino por sentimiento. He decidido intentar transmitir lo que siento, provocar sentimientos, aflorar lo que cada uno esconde, hacer que cada cual interprete lo que yo siento dependiendo de lo que siente. Intento hacer sentir sintiendo.
Así que, sí, provoco sentimientos, soy artista con aspiración de ser arte porque, aunque parezca poco cuerda o lejos de la realidad, todos, al fin y al cabo, somos arte.
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