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lunes, 23 de abril de 2018

¿Por qué leer?


Leer no solo es una forma de entretenimiento, de adentrarte en diferentes y mágicos mundos, de conocer más sobre el mundo; leer nos da un sin número de beneficios.



Estimula tu mente
Nuestro cerebro, al igual que cualquier otro músculo de nuestro cuerpo, requiere ejercicio para mantenerse fuerte y saludable. El leer mantiene nuestra mente estimulada, y esto puede retrasar, e incluso prevenir el Alzheimer y la demencia.

Reduce el estrés
Al dejarte llevar por una gran historia, tus problemas se desvanecen, al menos por un tiempo. Los libros pueden transportarte a otros mundos, y te hacen vivir muchas historias. Además, te permite alejar las tensiones y relajarte.

Expande tu conocimiento
Cada libro, significa nueva información que te puede ser útil a lo largo de tu vida. Entre más conocimientos tengas, mejor podrás enfrentarte a nuevos desafíos. El conocimiento nadie podrá quitártelo.

Enriquece tu vocabulario
Mientras más leas, te encontrarás con más y nuevas palabras. El tener un vocabulario extenso es de gran ayuda en cualquier profesión. Incluso mejora tu fluidez para hablar y escribir.

Mejora la memoria
Al leer un libro, debes recordar diferentes personajes, tramas, situaciones, etc. Sorprendentemente, cada nuevo recuerdo que creas forja una nueva sinapsis (caminos del cerebro) y fortalece las ya existentes, lo que ayuda a la memoria de corto plazo a recordar al mismo tiempo que establece estados de ánimo.

Tus habilidades de pensamiento analítico se fortalecen
Usas tu pensamiento crítico y analítico al: criticar la trama; determinar si es una obra bien escrita, si los personajes estaban desarrollados apropiadamente, si la historia fluía sin problemas, etc.

Mejora la concentración
Cuando lees un libro, este tiene toda tu atención y dejas que cada detalle te absorba. Para mejorar tu concentración en el trabajo o en la escuela es bueno leer de 15 a 20 minutos antes de estos, así podrás ir más enfocado.

Te hace hábil para escribir
Así como los artistas y los pintores usan técnicas establecidas por mentores previos, los escritores aprenden a escribir al leer el trabajo de otros.

Tranquilidad
Leer textos espirituales puede bajar la presión sanguínea y brindar una enorme sensación de calma, mientras que leer libros de auto-ayuda ha demostrado que ayuda a las personas que sufren de ciertos desórdenes del ánimo y leves enfermedades mentales.

Entretiene
Hay un género literario para cada persona, siempre habrá algo ahí afuera que va a capturar tu curiosidad e imaginación. Aléjate de tu ordenador por un rato, abre un libro y renueva tu mente por un momento.



martes, 30 de mayo de 2017

Quince de te quiero de dos mil vente.

Si algo he aprendido a base de leer, es a sentir. Sí, a sentir. A encontrar en cualquier palabra, en el rincón más recóndito o en la persona menos esperada la inspiración que me lleva a sentir. Y me gusta sentir, me gusta inspirarme, dejarme llevar por lo que no entiendo, dar rienda suelta a mi imaginación y dejar que mi mano se deslice sobre el lienzo que es el folio para plasmar, así, las sugerentes ideas que los sentimientos me crean. 

Aunque no lo creamos, todos somos escritores de historias empezando por la más importante: la nuestra. Olvidamos muchas veces la belleza de lo simple, nuestra belleza, lo bello que es demostrar lo que escondes mediante palabras, versos, rimas, ritmos o textos. Olvidamos tanto que nos olvidamos que sentimos más de lo que nos permitimos. Piel de gallina, ojos llorosos y gente en nuestra mente que a gritos chillamos que estén con nosotros. Lo que es capaz de originar la lectura, ¿verdad? Y eso es precisamente lo que me gusta de ella. Cuando leo soy capaz de transportarme a cualquier otro sitio, me evado del mundo y soy solo yo sin mis circunstancias. Lejos de la realidad, imito ser quien quiera ser. Con el tiempo me he dado cuenta de que, además de leyendo, la única forma de ser realmente quien quiero, es escribiendo. No busco agradar cuando escribo, simplemente busco agradarme a mí, sentir y hacer sentir. Todos tenemos mucho que decir, mucho porque aún más tenemos callado. Y qué bonito es chillar en silencio. 

Dejo por aquí uno de los textos que más me gustan de los que he ido escribiendo porque no, no necesito un catorce de febrero para ser capaz de decir un 'te quiero'. Y tú, estoy segura de que tampoco:

"Te escribo esto a dieciséis de te quiero de dos mil vente con la misma ilusión y las mismas ganas que le puse a nuestro primer beso aquel siente de junio del que fue nuestro año. 
No han sido suficientes todos los besos que nos dimos en los callejones sin salida que se hacían entre tu cama y el sillón blanco del salón. No han sido suficientes porque aún tengo el recuerdo de ese beso que no me diste cuando buscabas el norte en mi hemisferio. Intrépido explorador de la cordillera de mis piernas, fiel admirador del paisaje de mi espalda, auténtico conocedor de la depresión de mi cuello. Tú, que organizabas expediciones a los rincones más escondidos de mi costado, que aun teniéndome al lado día tras día te dejabas por colonizar la tierra de nadie que era mi anatomía. Tierra de nadie a la que siempre acudías en busca de población para tu patria. Desde aquí todo se ve mejor, no hay amanecer más bonito que este. Créeme, te sorprendería saber la cantidad de constelaciones que llego a ver uniendo los lunares de tu amplio cosmos. Desde ese que tienes justo en tu hemisferio Norte, en el Este de tu complejidad, hasta el que despide al sol cuando se esconde. Terremotos inigualables los que formas, el primer huracán con nombre de hombre que he conocido. Vaya suerte la mía de que me haya atrapado. Soy todavía inmigrante en tu territorio, no acabo de llegar, pero no tengo suficientemente claro si prefiero tu lado derecho del pecho o el izquierdo para dormir, no sé dónde poner mi hogar, si en la curvatura de tu cuello o en el rincón de tus abrazos. No lo tengo claro, por eso voy cambiando. 
Todavía me cuesta aterrizar cuando llego, esto de no tener ley de la gravedad y hacerme volar está acabando por hacerse una costumbre. Costumbre de tu cuerpo. Costumbre desde aquel siempre de septiembre que te descubrí por primera vez. Que excavé en tus ruinas más antiguas haciendo así la mitología más interesante que había en la faz de tu cuerpo que va más allá del espacio-tiempo, más allá del horizonte de tu cuello, más allá. Mucho más.
Y, perdona, pero has acabado haciendo de tus besos la gastronomía típica de mi hogar todavía sin situación. Permíteme probar hasta que, de una vez, consiga la receta. Hasta entonces, cierra la puerta, ciérrala y permíteme entrar sólo a mi. Por favor. Sólo a mi.  
Historia interesante, también, la que escribo con mi pulso tembloroso sobre el lienzo de tu piel. Sin reyes ni reinas, simplemente con el triunfo de tu particular amocracia tras una dura guerra de cosquillas entre tu patria y la mía, una guerra cuya arma más poderosa es nuestra risa nerviosa entre fase y fase.  
Y con todo esto quiero decirte que a dieciséis de te quiero de dos mil vente, todavía tengo pendiente recorrer y conocer cada centímetro de tu piel al cien por siento."
¡Seamos la metáfora más bonita de nuestra historia!