Mostrando entradas con la etiqueta Andy García. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andy García. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de febrero de 2016

"Guantanamera", música para los versos de José Martí

"Guantanamera" es una de las canciones cubanas más conocidas, junto con "El manisero" y "Siboney". La isla ha sido siempre patria de grandes artistas, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

La letra de "Guantanamera" está tomada de los Versos sencillos del poeta nacional de Cuba, José Martí  (1853-1895). Y la versión más popular tiene música de Julián Orbón. Por cierto, que "guajira" significa "muchacha joven", y "guantanemera" es la natural de Guantánamo, una palabra que solemos oír en los telediarios como lugar donde se violan los más elementales derechos de las personas: el derecho a un juicio justo. Sí, me estoy refiriendo a la tétrica cárcel de seguridad norteamericana, donde se retiene a la gente durante años sin que sus causas sean vistas en sede judicial.

Hay versiones para todos los gustos: Julio Iglesias, Celia Cruz, Compay Segundo, José Feliciano, Pavarotti, Plácido Domingo, Zucchero (en italiano), Joe Dassin (en francés)... Aquí ofrecemos una de Lucrecia. A disfrutar.


Añadimos también la versión de Joan Baez:


Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

Yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
yo soy un hombre sincero
de donde crece la palma,
y antes de morirme quiero
echar mis versos del alma.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

Mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido,
mi verso es de un verde claro
y de un carmín encendido.
Mi verso es un ciervo herido
que busca en el monte amparo.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

Cultivo la rosa blanca
en junio como en enero,
Cultivo la rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.


Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo la rosa blanca.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

No me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor,
no me pongan en lo oscuro
a morir como un traidor.
Yo soy bueno y, como bueno,
moriré de cara al sol.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

Con los pobres de la tierra
quiero yo mi suerte echar,
con los pobres de la tierra
quiero yo mi suerte echar.
El arroyo de la sierra
me complace más que el mar.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

Tiene el leopardo un abrigo
en su monte seco y pardo,
tiene el leopardo un abrigo
en su monte seco y pardo.
Yo tengo más que el leopardo
porque tengo un buen amigo.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

Guantanamera,
guajira, guantanamera,
guantanamera
guajira, guantanamera.

jueves, 28 de agosto de 2014

"Llanto por Ignacio Sánchez Mejías", de Lorca

Esta elegía es posiblemente el mejor poema de Lorca, un llanto de dolor por la muerte de su amigo el torero-escritor Ignacio Sánchez Mejías. En este vídeo de la película Muerte en Granada, el actor cubano-estadounidense Andy García recita magistralmente el poema en el papel de García Lorca:



El poema de Lorca es una de las mejores elegías de la literatura hispánica. El poeta repite obsesivamente la hora de la muerte de su amigo y mecenas, Mejías. La elegía consta de varias partes. Esta primera se titula "La cogida y la muerte".

LA COGIDA Y LA MUERTE
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en Punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

Después hay otra parte muy famosa, donde el poeta se niega a ver la sangre derramada de su amigo:

LA SANGRE DERRAMADA
¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡¡Yo no quiero verla!!

En la tercera parte, "Cuerpo presente", el poeta se centra en el cadáver del amigo. Y en la última parte, "Alma ausente", el poeta dice que tardará mucho en haber otro andaluz igual en grandeza al difunto:

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.
Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra, como
todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

lunes, 21 de octubre de 2013

Google homenajea a Celia Cruz, la reina de la salsa


Celia Cruz cumpliría hoy, lunes, 21 de octubre de 2013, 88 años. Ella es una de esos cubanos universales, como Gloria Stefan, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Andy García, Fidel Castro... Una voz del exilio cubano.

Más información: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/informacion/2013/10/21/celia-cruz-azucar-exilio-cubano/00031382313330131741289.htm