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lunes, 29 de enero de 2018

CALENDARIO MUSULMAN

El calendario musulmán es un calendario lunar.
Comienza en la era cristiana cuando  Mahoma, profeta del Islam, tuvo que huir de la ciudad de La Meca hacia Medina (huida denominada Hégira por los musulmanes), por la persecución de sus adversarios.
Se basa en ciclos lunares de 30 años. Es decir, es un calendario lunar, a diferencia del calendario gregoriano, que es solar.
Los 30 años del ciclo se dividen en 19 años de 354 días y 11 años de 355 días. Los años de 354 días se llaman años simples y se dividen en seis meses de 30 días y otros seis meses de 29 días. Los años de 355 días se llaman intercalares y se dividen en siete meses de 30 días y otros cinco de 29 días. Años y meses van alternándose. Es decir, 33 años musulmanes equivalen a 32 años gregorianos.
El origen de este calendario es el día del inicio de la Hégira. En el calendario gregoriano correspondería al 16 de julio de 622, y ese es el año 1 para los musulmanes. Es por eso por lo que el actual año islámico es 1439 después de la Hégira (o huida de Mahoma de La Meca a Medina).
Actualmente, en los países musulmanes, conviven el calendario gregoriano y el musulmán.

En Internet, existen varios convertidores de fechas que permiten convertir rápidamente fechas cristianas al cómputo musulmán y viceversa.



martes, 27 de diciembre de 2016

El Jamsa o Mano de Fátima


El Jamsa o Mano de Fátima es un amuleto musulmán y también de los judíos sefardíes que se ha hecho muy popular. El jamsa (en árabe: خمسة, ‘cinco’) es un símbolo con forma de mano con dos pulgares. En árabe, jamsa significa "cinco"; la misma raíz, J-M-S, es empleada en hebreo mediante el uso del término jamésh (en hebreo: חמש, ‘cinco’)?.

Según se dice, la historia viene de que el profeta Mahoma, fundador del Islam, tuvo una hija, la bella y virtuosa Fátima, a la que los musulmanes veneran con gran devoción. Fátima estaba muy ocupada en la cocina preparando la comida cuando su marido, Alí, llegó inesperadamente. Al oírlo, Fátima abandonó sus quehaceres y fue a recibirlo. Sin embargo, quedó tristemente decepcionada al ver que su esposo llegaba acompañado de una bella y joven concubina.

Prudente, Fátima guardó silencio y, atormentada por los celos, regresó a la cocina. Pero, inmersa en oscuros y tristes pensamientos, no prestó atención a lo que estaba haciendo: tenía una olla al fuego con caldo hirviendo y, más atenta a su tristeza que a su trabajo, metió la mano dentro y empezó a remover el guiso.

Tan absorta estaba que no sintió dolor, pero Alí vio lo que estaba haciendo y, horrorizado, se abalanzó sobre ella, gritando. Fue entonces cuando Fátima se dio cuenta de que se estaba quemando la mano y la sacó de la olla.

Desde entonces “la mano de Fátima” se convirtió en un símbolo importante en el mundo musulmán. Trae buena suerte y dota de las virtudes de paciencia, fidelidad y fertilidad, además de su poder de protección, especialmente a las embarazadas, por su protección de la matriz.

Hay quien dice que no es la Mano de Fátima, sino la Mano de Dios, de ahí el ojo que todo lo ve y que protege del mal de ojo. Esto coincide con la tradición anicónica del Islam (su negativa a representar a Dios en imágenes). Los cinco dedos de la mano representan los cinco pilares del Corán, cada dedo representa un pilar: la fe, la oración, la limosna, el ayuno y la peregrinación a la Meca.

Hoy día, se ha convertido en un amuleto muy popular y existen versiones de colgantes, pendientes, aldabas, tatuajes, calcomanías...