Mostrando entradas con la etiqueta En las orillas del Sar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta En las orillas del Sar. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de marzo de 2021

"Pensamientos", de Rosalía de Castro

 El gran Pucho Boedo, de los Tamara, canta estos "Pensamientos", de Rosalía de Castro, tomados de su libro En las orillas del Sar, el último poemario de la artista gallega, escrito en castellano.

 

Cuando todos los velos se han descorrido

Y ya no hay nada oculto para los ojos,

Ni ninguna hermosura nos causa antojos,

Ni recordar sabemos que hemos querido,

Aún en lo más profundo del pecho helado,

Como entre las cenizas la chispa ardiente,

Con sus puras sonrisas de adolescente,

Vive oculto el fantasma del bien soñado.

 43

En el alma llevaba un pensamiento,

Una duda, un pesar,

Tan grandes como el ancho firmamento,

Tan hondos como el mar.

De su alma en lo más árido y profundo

Fresca brotó de súbito una rosa,

Como brota una fuente en el desierto,

O un lirio entre las grietas de una roca.

44

Cuando en las nubes hay tormenta

Suele también haberla en su pecho;

Mas nunca hay calma en él, aun cuando

La calma reine en tierra y cielo;

Porque es entonces cuando, torvos,

Cual nunca riñen sus pensamientos.

45

Desbórdanse los ríos si engrosan su corriente

Los múltiples arroyos que de los montes bajan,

Y cuando de las penas el caudal abundoso

Se aumenta con los males perennes y las ansias,

¿Cómo contener, cómo, en el labio la queja?

¿Cómo no desbordarse la cólera en el alma?

46

Busca y anhela el sosiego...

Mas... ¿quién le sosegará?

Con lo que sueña despierto

Dormido vuelve a soñar.

Que hoy, como ayer y mañana,

Cual hoy en su eterno afán,

De hallar el bien que ambiciona

—Cuando solo encuentra el mal-

Siempre a soñar condenado

Nunca puede sosegar.

¡Aturde la confusa gritería

Que se levanta entre la turba inmensa!

Ya no saben qué quieren ni qué piden;

Mas, embriagados de soberbia, buscan

Un ídolo o una víctima a quien hieran.

47

Brutales son sus iras,

Y aún quizás más brutales sus amores;

No provoquéis al monstruo de cien brazos,

Como la ciega tempestad terrible,

Ya ardiente os ame o fríamente os odie.

48

Cuando sopla el Norte duro

Y arde en el hogar el fuego,

Y ellos pasan por mi puerta

Flacos, desnudos y hambrientos,

El frío hiela mi espíritu,

Como debe helar su cuerpo,

Y mi corazón se queda,

Al verles ir sin consuelo,

Cual ellos, opreso y triste,

Desconsolado cual ellos.

Era niño y ya perdiera

La costumbre de llorar;

La miseria seca el alma

Y los ojos además:

Era niño y parecía

Por sus hechos viejo ya.

Experiencia del mendigo,

Eres precoz como el mal,

Implacable como el odio,

Dura como la verdad.

49

De la vida entre el múltiple conjunto de los seres,

No, no busquéis la imagen de la eterna belleza,

Ni en el contento y harto seno de los placeres,

Ni del dolor acerbo en la dura aspereza.

Ya es átomo impalpable o inmensidad que asombra,

Aspiración celeste, revelación callada;

La comprende el espíritu y el labio no la nombra,

Y en sus hondos abismos la mente se anonada.

viernes, 19 de marzo de 2021

"Adivínase el dulce y perfumado...", un poema de Rosalía de Castro, interpretado por Marisa Paredes

 Marisa Paredes, actriz, antigua directora de la Academia del cine, recita este poema de Roslía de Castro. ¡A disfrutar!

 

Adivínase el dulce y perfumado

Calor primaveral,

Los gérmenes se agitan en la tierra

Con inquietud en su amoroso afán,

Y cruzan por los aires, silenciosos,

átomos que se besan al pasar.

     Hierve la sangre juvenil, se exalta

Lleno de aliento el corazón, y audaz

El loco pensamiento, sueña y cree

Que el hombre es, cual los dioses, inmortal.

     No importa que los sueños sean mentira,

Ya que, al cabo, es verdad

Que es venturoso el que soñando muere,

Infeliz el que vive sin soñar.

     ¡Pero qué aprisa en este mundo triste

Todas las cosas van!

¡Que las domina el vértigo creyérase!... 

La que ayer fue capullo, es rosa ya,

Y pronto agostará rosas y plantas

El calor estival.

viernes, 17 de mayo de 2019

"A la luna", de Rosalía de Castro

I

¡Con qué pura y serena transparencia
brilla esta noche la luna!
A imagen de la cándida inocencia,
no tiene mancha ninguna.

De su pálido rayo la luz pura
como lluvia de oro cae
sobre las largas cintas de verdura
que la brisa lleva y trae.

Y el mármol de las tumbas ilumina
con melancólica lumbre,
y las corrientes de agua cristalina
que bajan de la alta cumbre.

La lejana llanura, las praderas,
el mar de espuma cubierto
donde nacen las ondas plañideras,
el blanco arenal desierto,

la iglesia, el campanario, el viejo muro,
la ría en su curso varia,
todo lo ves desde tu cenit puro,
casta virgen solitaria.

II

Todo lo ves, y todos los mortales,
cuantos en el mundo habitan,
en busca del alivio de sus males,
tu blanca luz solicitan.

Unos para consuelo de dolores,
otros tras de ensueños de oro
que con vagos y tibios resplandores
vierte tu rayo incoloro.

Y otros, en fin, para gustar contigo
esas venturas robadas
que huyen del sol, acusador testigo,
pero no de tus miradas.

III

Y yo, celosa como me dio el cielo
y mi destino inconstante,
correr quisiera un misterioso velo
sobre tu casto semblante.

Y piensa mi exaltada fantasía
que sólo yo te contemplo,
y como que es hermosa en demasía
te doy mi patria por templo.

Pues digo con orgullo que en la esfera
jamás brilló luz alguna
que en su claro fulgor se pareciera
a nuestra cándida luna.

Mas ¡qué delirio y qué ilusión tan vana
esta que llena mi mente!
De altísimas regiones soberana
nos miras indiferente.

Y sigues en silencio tu camino
siempre impasible y serena,
dejándome sujeta a mi destino
como el preso a su cadena.

Y a alumbrar vas un suelo más dichoso
que nuestro encantado suelo,
aunque no más fecundo y más hermoso,
pues no le hay bajo del cielo.

No hizo Dios cual mi patria otra tan bella
en luz, perfume y frescura,
sólo que le dio en cambio mala estrella,
dote de toda hermosura.

IV

Dígote, pues, adiós, tú, cuanto amada,
indiferente y esquiva;
¿qué eres al fin, ¡oh, hermosa!, comparada
al que es llama ardiente y viva?

Adiós… adiós, y quiera la fortuna,
descolorida doncella,
que tierra tan feliz no halles ninguna
como mi Galicia bella.

Y que al tornar viajera sin reposo
de nuevo a nuestras regiones,
en donde un tiempo el celta vigoroso
te envió sus oraciones,

en vez de lutos como un tiempo, veas
la abundancia en sus hogares,
y que en ciudades, villas y en aldeas
han vuelto los ausentes a sus lares.

jueves, 9 de mayo de 2019

"Dicen que hablan las plantas", de Rosalía de Castro - y 2

A este poema de Rosalía de Castro, de En las orillas del Sar, su último poemario, le ha puesto música el gaitero Carlos Núñez y la voz es de la cantante portuguesa Anabela. 



Si queréis ver un documental sobre la vida de Rosalía, podéis ver este:


Y si queréis ver a Marina Mayoral recitando el poema, aquí os dejamos el vídeo:


Para finalizar, tenéis más datos sobre la autora y su poema en esta entrada:
O en este enlace de la Wikimpace:

lunes, 29 de abril de 2019

"Dicen que no hablan las plantas", de Rosalía de Castro


He aquí uno de los poemas más bonitos de Rosalía, tomados de su último poemario en castellano, En las orillas del Sar (1884), publicado un años apenas antes de su fallecimiento:

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                                            —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

Más información sobre Rosalía, su vida y su obra:

miércoles, 24 de abril de 2019

"En las orillas del Sar", el último poemario de Rosalía

Rosalía de Castro, en su último poemario, En las orillas del Sar (1884), escrito en castellano poco antes de su muerte, escribe algunos de sus poemas más inspirados. En este que traemos aquí vuelve a un símbolo que ella usó muchas veces: el de las campanas, que aquí tocan a muerto (Rosalía sentía que su enfermedad avanzaba y que le quedaba poco tiempo)

   Todas las campanas con eco pausado
doblaron a muerto:
las de la basílica, las de las iglesias,
las de los conventos.
Desde el alba hasta entrada la noche
no cesó el funeral clamoreo.
¡Qué pompa! ¡Qué lujo!
¡Qué fausto! ¡Qué entierro!

   Pero no hubo ni adioses ni lágrimas,
ni suspiros en torno del féretro...
¡Grandes voces sí que hubo! Y cantáronle,
cuando le enterraron, un réquiem soberbio.

Pero también es capaz de escribir este otro maravilloso poema titulado "Las campanas":

LAS CAMPANAS

   Yo las amo, yo las oigo
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.

   Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

   Y en sus notas, que van repitiéndose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.

   Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!,
¡qué silencio en las iglesias!,
¡qué extrañeza entre los muertos!

Rosalía nos habla, en este su último poemario, de las contradicciones de la vida:

   -Te amo...: ¿por qué me odias?
-Te odio...: ¿por qué me amas?
Secreto es éste el más triste
y misterioso del alma.

   Mas ello es verdad... ¡Verdad
dura y atormentadora!
-Me odias, porque te amo;
te amo, porque me odias.

Pero la poetisa va sintiendo cada vez más cerca el aliento de la muerte:

   Cada vez huye más de los vivos, 
cada vez habla más con los muertos 
y es que cuando nos rinde el cansancio 
propicio a la paz y al sueño, 
el cuerpo tiende al reposo, 
el alma tiende a lo eterno.

********
   Alma que vas huyendo de ti misma, 
¿Qué buscas, insensata, en las demás? 
Si en ti secó la fuente del consuelo, 
Secas todas las fuentes has de hallar. 
 ¡Que hay en el cielo estrellas todavía, 
Y hay en la tierra flores perfumadas! 
  ¡Sí!... Mas no son ya aquellas 
Que tú amaste y te amaron, desdichada.

Rosalía está cada vez más enferma, el cáncer de útero que la había de llevar a la tumba a los 48 años avanza aterradoramente, tiene muchos dolores, siente una gran desesperanza y hace balance de su vida. Y dice esto:

   Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros, 
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros, 
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso, 
De mí murmuran y exclaman: 
                                                            —Ahí va la loca soñando 
   Con la eterna primavera de la vida y de los campos, 
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos, 
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

   —Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha, 
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula, 
Con la eterna primavera de la vida que se apaga 
Y la perenne frescura de los campos y las almas, 
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

   Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños, 
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

También escribe estos otros, que sirven de cierre de su libro:

   No va solo el que llora. 
No os sequéis, por piedad, lágrimas mías; 
  Basta un pesar al alma, 
Jamás, jamás le bastará una dicha.

   Juguete del destino, arista humilde, 
  Rodé triste y perdida; 
Pero conmigo lo llevaba todo: 
Llevaba mi dolor por compañía.

********

   Hora tras hora, día tras día,
Entre el cielo y la tierra que quedan
Eternos vigías,
Como torrente que se despeña
Pasa la vida.

   Devolvedle a la flor su perfume
Después de marchita;
De las ondas que besan la playa
Y que una tras otra besándola expiran
Recoged los rumores, las quejas,
Y en planchas de bronce grabad su armonía.

   Tiempos que fueron, llantos y risas,
Negros tormentos, dulces mentiras,
¡Ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
En dónde, alma mía?








domingo, 10 de febrero de 2019

Rosalía de Castro (1837-1885)

BIOGRAFÍA

Rosalía de Castro (1837-1885) nació en Galicia. En su partida de nacimiento pone que es de padres desconocidos pero en verdad es hija de madre soltera y de un sacerdote.

Sus primeros años los vivió con su tía paterna Castro de Ortoño, con la que aprendió a amar la lengua gallega y a conocer la poesía popular.

Su adolescencia fue muy dura al descubrir su procedencia, pero entendió la vergüenza social por la que tuvo que pasar su madre y, finalmente, se mudó con ella.

Con 19 años, se trasladó a Madrid y a los 20 años publicó su primer libro llamado La flor.

En 1880 publicó el libro de Follas novas (Hojas nuevas), en gallego.

Tuvo un marido y siete hijos, aunque por desgracia se murieron dos de ellos.

La falta de salud marcó su vida y eso hizo que tuviera un carácter depresivo.

En esa época los hombres no dejaban que las mujeres escribieran ni que expresaran sus sentimientos y, por lo tanto, Rosalía fue algo por lo que tuvo que luchar.

Resultado de imagen de en las orillas del sar rosalia de castroPOEMA: EN LAS ORILLAS DEL SAR.

A través del follaje perenne
que oír deja rumores extraños,
y entre un mar de ondulante verdura,
amorosa mansión de los pájaros,
donde mis ventanas veo
el ejemplo que quise tanto.

Este es tan solo el principio del poema En las orillas del Sar, en  el cual Rosalía expresa de forma muy íntima y personal su dolor, angustia, amor, desamor y tristeza que siente en su tierra y con sus gentes.

En este poema deja que el lector imagine y expresa todos sus sentimientos refugiándose en los paisajes maravillosos de Galicia.

El paisaje en el Romanticismo tiene una función extraordinaria en la poesía, pues sirve para expresar los sentimientos del/ de la poeta.

Resultado de imagen de en las orillas del sar rosalia de castro