Pues sí, eso es lo que hacen las llamadas
proposiciones coordinadas ilativas: hilar sin hilo e "ilar" sin hache. Uséase, enlazar, unir, zurcir unas proposiciones con otras.
Todo sería más fácil, más didáctico en suma, si estas proposiciones tuvieran la bondad de llamarse "
hilativas", con una hache como Dios manda. Pero ya que la
ortografía no ha querido hacer el esfuerzo de añadirle una letrita de nada, y además muda, hagamos que la
gramática haga el esfuerzo de "
desfacer el entuerto", como diría rima rimando
el Caballero de la Triste Figura.
Comenzons.
Las
coordinadas ilativas son aquellas que expresan la
consecuencia lógica de la proposición precedente. Por ejemplo:
Pienso, luego existo.
Estaban muy cansados, así que se fueron a dormir.
Ya te hemos advertido, conque atente a las consecuencias.
Los
nexos ilativos son, como puede verse en los
ejemplos: luego, por tanto, por consiguiente, así que, conque... Son
coordinantes porque, si desaparecieran, las proposiciones se harían independientes, cada una con su sentido, con su
sujeto y su
predicado:
Pienso-existo, Estaban cansados-se fueron a dormir, Te hemos advertido-atente a las consecuencias. En las
coordinadas no hay una proposición importante y otra insignificante, como en las
subordinadas. No, no, qué va. En las coordinadas, "Tanto monta, monta tanto..." Vamos, que todas las proposiciones tienen el mismo rango e importancia.
Co-ordinadas, de igual orden, relevancia, graduación...
Las
coordinadas ilativas se parecen mucho a las
subordinadas consecutivas, pero no hay que confundirlas porque, en estas, la
relación proposicional es de
dependencia de la
subordinada respecto de la
principal, la
subordinada forma parte del predicado de la
principal. Ejs.:
Era tan alto que tropezaba siempre con el techo,
Me gusta tanto "One direction" que hice cola siete días para conseguir entradas.
Las
subordinadas dependen de la
principal como los
trabajadores de la
empresa: como cierre la empresa... ¡se acabó la subordinación, al paro gramatical!
El "truquillo" que yo empleo para localizar las
consecutivas es intentar añadir la expresión "
en consecuencia" en la subordinada, insertarla así como quien no quiere la cosa. Así:
Era tan alto que, en consecuencia...,
Me gusta tanto "O.D." que, en consecuencia..."
Ahora el problemilla que se nos plantea -¡peste de gramáticos!- es que las
subordinadas consecutivas tienen una forma así como un poquito parecida a la de las
subordinadas circunstanciales comparativas, ¡vaya por Dios y que el Mago de los Ceros haga que la gramatical caterva confunda los verbos predicativos con los copulativos!
Pero, ¡ojo!, para distinguir las unas y las otras hay que tener en cuenta una cosilla básica: si queremos
comparar, necesitamos, al menos,
dos magnitudes. O sea,
A es más X que B, tan X como B o
menos X que B, según queramos expresar la
superioridad, la
igualdad o la
inferioridad.
Si vamos a los ejemplos anteriores y los modificamos levemente, tendremos
subordinadas comparativas como las siguientes:
Era tan alto como su hermano, Me gusta tanto oír a "One Direction" como estudiar gramática española (¡la de cosas que llegan a oírse, cielos!)
Bueno, y para terminar, volvamos a
Don Alonso Quijano el Bueno. El
manco de Lepanto, al describir a un personaje de la novela, la
Maritormes, decía de ella que era muy cargada de espaldas y que miraba al suelo más de lo que querría. Así que vamos a hacer unas oraciones con la
Maritormes y a ver si resultan
ilativas,
consecutivas,
comparativas o el
sursum corda.
1. Maritormes era tan cargada de espaldas que miraba al suelo más de lo que quería.
2. La Maritormes era tan cheposa como Rajoy.
3. Maritormes era cargada de espaldas, así que miraba al suelo más de lo que quería.
4. Maritormes miraba al suelo menos de lo quería.
5. Maritormes miraba al suelo tanto como quería.
Y de propina, unas preguntitas más:
6. ¿Quién porras es
El Caballero de la Triste Figura ese de más arriba?
7. ¿Y
Don Alonso Quijano el Bueno?
8. ¿Y
el manco del Espanto, digo...
Lepanto?