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miércoles, 6 de octubre de 2021

"Tortura", crítica pacifista de Voltaire

Voltaire fue un crítico feroz del Antiguo Régimen. Un abogado de la libertad, del republicanismo y la democracia. Era hombre de pluma irónica, de sarcasmo inteligente e infinito, como podemos ver en textos como este: "Tortura", un ataque demoledor contra el Absolutismo

Extraña manera de interrogar a los hombres. Debe su origen al salteador de caminos. Los conquistadores, que fueron los sucesores de tales ladrones, comprendieron que esa finalidad era útil para su interés y la siguieron usando cuando sospechaban que fraguaban contra ellos malévolas intenciones, como, por ejemplo, la de ser libres; deseo que a sus ojos era un crimen de lesa majestad divina y humana.

La Providencia nos tortura algunas veces con el mal de piedra, la gota, el escorbuto, la lepra, la sífilis, la epilepsia y otros verdugos ejecutores de sus venganzas. Y como los primitivos déspotas fueron, según creían sus cortesanos, imágenes de la divinidad, la imitaron en todo lo que pudieron.

El grave magistrado que adquirió con dinero el derecho a hacer estos experimentos en sus prójimos se va a comer con su santa esposa y a contarle, mientras come, lo que ha visto por la mañana. La primera vez que oye ese relato su sensible esposa se encoleriza; la segunda vez ya desea conocer detalles, por aquello de que las mujeres son curiosas, y cuando se acostumbra a las nobles funciones de su marido, al verle entrar en casa pregunta: «¡Oh, querido! ¿Has puesto hoy en el potro a alguien?».

Diccionario filosófico, 1764.

martes, 29 de marzo de 2016

"Lanuza", un drama aragonés del Duque de Rivas

 
Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865), autor de la famosa obra iniciadora del Romanticismo español Don Álvaro o la fuerza del sino, es también autor de este drama de sabor aragonés, sobre el Justicia de Aragón, que se enfrentó al absolutismo: Lanuza.

Un drama que se convirtió en éxito y que es un grito contra el absolutismo. Aquí copiamos la última escena del acto quinto, cuando Lanuza es ajusticiado por defender el derecho aragonés ante el rey absolutista Felipe II:

ESCENA VI
Los mismos y VELASCO
VELASCO.                                       Ínclito Vargas,
¿a qué esperáis? Sus rayos postrimeros
hunde el sol en ocaso. En Zaragoza
se advierte conmoción. Si algún ejemplo
de castigo y terror no la escarmienta,
nuevos desastres esta noche temo;
apresurad, señor...
VARGAS.                               ¡Ya no es posible!
El mandato del rey cúmplase luego.
LANUZA.Sí, llevadme al cadalso. ¡Noble muerte
que va a poner a mi constancia el sello!
(A Velasco.)
Y tú, traidor, dirásle de mi parte,
si osas nombrarme, al infelice pueblo,
que, pues para morir como Numancia,
como hombres libres les faltó el esfuerzo,
no acrecienten sus males por ahora
y para otra ocasión guarden su aliento,
pues al fin la virtud triunfará un día
y no serán los déspotas eternos.
VARGAS.¡Guardias!
(Entran soldados castellanos.)
ELVIRA.                   ¡Oh Dios! ¡Lanuza! ¡Padre mío!
VARGAS.Hija, él lo quiere.
LANUZA.                           Elvira, sí; lo anhelo.
(A los soldados que acaban de entrar.)
Vamos, llevadme, pues, fieros ministros
de la opresión. Llevadme do sereno
mi vida dé a la patria y a los hombres
de decisión y de constancia ejemplo.
(A Vargas.)
Y tú, infeliz fautor del despotismo;
tú, infame y degradado caballero,
¿osas mirarme con tranquila frente,
cuando me ves triunfar entre estos hierros
de Felipe y de ti? Mas no, que tiemblas,
y tiemblas de pavor y de despecho,
y tu traición con mi lealtad comparas,
y mi virtud veneras en silencio.
Llevadme. ¿Qué tardáis?
VARGAS.                                        Sí, con su muerte
se asegure Aragón.
ELVIRA.                               ¡Oh Dios eterno!
Padre, ¿qué pronunciáis? ¡Mísera suerte!
¡En un cadalso! ¡En un cadalso!... ¡Cielos!
LANUZA.El cadalso es infame solamente
para el que ante la ley se encuentra reo;
pero cuando venganza de tiranos
el mundo le contempla, es monumento
de gloria, es un altar honroso y santo.
VARGAS.Amigos, ya lo veis; aseguremos
del rey el trono con su muerte. Sea.
LANUZA.¿Piensas que, al morir yo, todos los buenos
mueren también?... Al punto conducidme,
(A Vargas.)
y tú sal y presencia cómo muero.
Y ve a decirle a tu feroz monarca,
para que tiemble en su dosel soberbio,
que en mí no se concluyen los valientes,
ni va a extinguirse, al dividir mi cuello,
la estirpe generosa de esforzados
que ansían dar la libertad al suelo.
si el fuego del honor que ardió en Padilla
tornó a inflamarse en mi ardoroso seno,
también mi pura sangre derramada
se verá re novada en otros pechos,
que acaso lograrán la insigne empresa
de hacer a España libre. Sí, mis restos,
mis restos gloriosos tal vez pueden
germinar una raza de alto esfuerzo
que humille al ominoso despotismo;
y un día llegará, ya lo preveo,
que venzan la razón y la justicia,
y en que de la maldad triunfen los buenos,
y, rotas las cadenas del oprobio,
goce la libertad el orbe entero.
¡Oh placer! Ya se acerca presuroso
este anhelado y venturoso tiempo.
Y la gloriosa España la primera
dará el grito que salve al Universo.
¡Oh esperanza feliz y deliciosa!
Que cumplida serás, piadoso el Cielo
me lo asegura. Entonces, ¡patria mía!,
recuerda que por ti gozoso he muerto.
VARGAS.Al punto sea.
ELVIRA.(Cayendo en brazos de Vargas.)
                       ¡Bárbaro!
VARGAS.                                         ¡Hija mía!
 
ESCENA ÚLTIMA
VARGAS y ELVIRA
VARGAS.¡Infelice de mí!... ¡Destino horrendo!
Del que a servir a la opresión se presta,
éste es el galardón, éste es el premio:
ver la heroica virtud en el cadalso,
y a la inocencia hundida en el despecho.
 
FIN DE «LANUZA»
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