En esta aria, una de las famosas de la ópera Le Cid, de Jules Massenet, Rodrigo canta a su espada: "Ô, noble lame étincelante". Era frecuente en la Edad Media que las espadas de los guerreros tuvieran nombres propios y fueran casi objetos divinos: Excalibur, del rey Arturo, o Tizona y Colada, láminas guerreras del Cid. La canción está llena de ardor guerrero y Rodrigo dice enarbolar sus armas "pour l'Espagne et sa liberté". Casi ná.
miércoles, 28 de diciembre de 2022
"Ô noble lame étincelante", aria de "Le Cid", ópera de Jules Massenet
"Pleurez, pleurez, mes yeux", un aria de la ópera "Le Cid", de Massenet
Chimène llora por su difunto padre, muerto en duelo singular frente a su prometido Rodrigo. María Callas, la más grande de las sopranos, canta esta aria llena de sensibilidad. Pueden percibirse sus agudos imposibles, que la hicieron célebre en todos los teatros de ópera del mundo.
El texto refleja muy bien los tormentos y dolores del alma de la bella, escindida entre el dolor que siente por la pérdida de su progenitor y el amor-odio hacia Rodrigo, que es a la vez su enamorado y el matador de su felicidad.
Las figuras retóricas dan más fuerza expresiva al discurso. Hay una muy marcada personificación de los ojos, a los que habla Chimène como si tuvieran vida propia, y también un pleonasmo o redundancia (es decir, una información innecesaria pues llorar es lo característico de los ojos):
"Pleurez, pleurez mes yeux!"
Aria: "Pleurez, pleurez, mes yeux"
Compositor: Massenet Jules
Ópera: El Cid
Papel: Chimène (Soprano)
De cet affreux combat je sors l'âme brisée!
Mais enfin je suis libre et je pourrai du moins
Soupirer sans contrainte et souffrir sans témoins.
Pleurez! pleurez mes yeux! tombez triste rosée
Qu'un rayon de soleil ne doit jamais tarir!
S'il me reste un espoir, c'est de bientôt mourir!
Pleurez mes yeux, pleurez toutes vox larmes! pleurez mes yeux!
Mais qui donc a voulu l'éternité des pleurs?
O chers ensevelis, trouvez-vous tant de charmes à léguer aux vivants d'implacables douleurs?
Hélas! je me souviens, il me disait:
Avec ton doux sourire...
Tu ne saurais jamais conduire
Qu'aux chemins glorieux ou qu'aux sentiers bénis!
Ah! mon père! Hélas!
Pleurez! pleurez mes yeux!
Tombez triste rosée
Qu'un rayon de soleil ne doit jamais tarir!
Pleurez mes yeux!
Ah! pleurez toutes vos larmes! pleurez mes yeux!
Ah! pleurez!
martes, 1 de junio de 2010
"El Cid" de Jules Massenet
Estos personajes de la literatura universal han sido abordados muchas veces y desde distintos puntos de vista por diferentes autores, también por artes distintas: pintura, música, escultura, literatura, teatro, cine...
El aria que traemos aquí procede de la ópera Le Cid de Jules Massenet, que habla más bien de los amores del joven Rodrigo y de Jimena, es decir, se centra más en el ciclo de las mocedades cidianas y no habla, como nuestro Cantar de Mio Cid, del destierro del héroe.
El aria a la que nos referimos, O souverain, ô juge, ô père, es una maravilla: el Cid, héroe cristiano, invoca a Dios antes de la batalla. Pertenece al repertorio clásico y ha sido cantada por los más grandes: Caruso, Corelli, Domingo, Carreras, Rolanzo Villazón...
RODRIGUE
O souverain, ô juge, ô père,
Toujours voilé, présent toujours,
Je t'adorais au temps prospère
Et te bénis aux sombres jours!
Je vais où la loi me réclame
Libre de tous regrets humains!
Ô souverain, ô juge, ô père,
Ta seule image est dans mon âme
Que je remets entre tes mains!
VOIX DU CIEL
Ô souverain, ô juge, ô père!
Toujours voilé, toujours présent!
RODRIGUE (extasié)
Ces voix! ces voix d'en haut!
la nuit s'éclaire!
SAINT JACQUES
Rodrigue!
RODRIGUE
Saint Jacques!
SAINT JACQUES
Jusqu'au ciel a monté ta prière!
RODRIGUE
Naguère, il a reçu ma foi!
Il m'entendait! il vient à moi! à moi!
Ô souverain ô juge, ô père!
Ta seule image est dans mon âme
que je remets entre tes mains
Ô souverain ô juge, ô père!
RODRIGO
¡Oh soberano! ¡Oh juez! ¡Oh padre!
¡Deseado siempre; siempre presente!
¡Te he adorado en la prosperidad
y te bendigo en el dolor!
¡Voy donde tu ley me reclame,
libre de todo lamento humano!
¡Oh soberano! ¡Oh juez! ¡Oh padre!
¡Sólo tu imagen está en mi alma
y yo me entrego a tus manos!
(Un fulgor que, poco a poco, se hace más grande hasta que, en el fondo de la tienda, se convierte en fuego. Aparece la imagen viva de Santiago, mientras van oyéndose voces celestiales)
VOZ DEL CIELO
¡Oh soberano! ¡Oh juez! ¡Oh padre!
¡Deseado siempre; siempre presente!
RODRIGO (extasiado)
¡Esa voz! ¡Esa voz desde lo alto!
¡La noche se abre, se llena de luz!
SANTIAGO
¡Rodrigo!
RODRIGO
¡Santiago!
SANTIAGO
¡El Cielo ha escuchado tu súplica!
RODRIGO
Has recibido mi fe,
¡me has escuchado! ¡Has venido a mí!
¡Oh soberano! ¡Oh juez! ¡Oh padre!
¡Sólo tu imagen está en mi alma
y yo me entrego a tus manos!
¡Oh soberano! ¡Oh juez! ¡Oh padre!
P.S.: Los otros momentos estelares son: Aragonaise-Navarraise y el aria Pleurez mes yeux (que cantó, por ejemplo, María Callas). ¡Casi ná!