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lunes, 29 de mayo de 2017

La fiebre de las distopías


Hoy me gustaría utilizar esta herramienta de comunicación para exponer una pequeña reflexión literaria; y saber, si hay alguien que la comparta, o que por el contrario, discrepe:
La literatura, al igual que muchos otros aspectos de nuestra sociedad, viene regida por las modas. A lo largo de la historia distintos géneros literarios se han impuesto por encima de otros, desde las tragedias amorosas del Romanticismo, pasando por el auge de la novela policiaca, hasta llegar a nuestros tiempos. Creo que podríamos afirmar con bastante seguridad que el género literario del siglo XXI por excelencia se trata de la distopía juvenil.

Resultado de imagen para 1984Entendemos distopía como una visión pesimsta sobre una posible sociedad futura; ya hace años encontramos los primeros ejemplos de novelas distópicas como 1984 de George Orwell, o Un mundo feliz de Aldous Huxley. En esta época utilizaban este tipo de relatos como medio educativo de la sociedad, que dejase huella con su mensaje de la necesidad de cambio. 

Sin embargo, actualmente el ritmo de publicación de este tipo de novelas ha aumentado vertiginosamente, tal es así que parece que el mensaje de cambio se esté perdiendo, quedando reducido simplemente a un producto económico para los jovenes lectores, (mayores consumidores de este género)
Podríamos considerar que esto resulta en parte beneficioso, ya que incentiva a los jóvenes a leer. No obstante, dudo que estos escritores partidarios de la novela distópica actual, tengan alguna intención revolucionaria o educativa; más bien parece que se suben al carro de la tendencia, creando universos repetitivos y tramas ya agotadas.
Yo, como lectora joven, no me considero inocente de este crimen. En efecto, he devorado muchas novelas como Divergente de Veronica Roth, o Los juegos del hambre de Suzanne Collins; y por muy consciente que sea de que están presentando la misma idea una y otra vez, sigo cayendo en la trampa de leerlo. Otra evidencia de que el único motivo por el cual muchos nuevos escritores se decantan por este género reside en generar beneficios económicos, se trata del hecho de que la mayoría de estos éxitos en venta son sagas o trilogías, que vienen seguidos de sus respectivas secuelas o adaptaciones cinematográficas; ¿podría tratarse esto tan solo de una estrategia de marketing? ¿estamos sobrexplotando el mundo de las distopías, llenándonos de pensamientos negativos ya más que utilizados? Tal vez sea el momento de comenzar con una nueva línea argumentativa más positiva basada en las utopías; o directamente, de cambiar de género dominante. Al fin y al cabo, el mundo literario es demasiado rico como para quedarnos atascados en una de sus muchas posibilidades.

Resultado de imagen para los juegos del hambre

lunes, 7 de diciembre de 2015

Nuevos géneros literarios-2: Otra vez la novela gráfica


En una entrada anterior hablábamos del género de la novela gráfica y, concretamente, de Maus, de Art Spigelman, una novela ganadora del premio Pulitzer 1992. (Puedes ver la entrada en el enlace: http://lenguavempace.blogspot.com.es/2015/11/los-nuevos-generos-literarios-la-novela.html).

Bien, pues ahora queremos hablar de otra novela gráfica, titulada Pyongyang (2003), del canadiense Guy Delisle. Una crítica feroz contra el régimen norcoreano de Kim Jong-Il, el más hermético del mundo, con un férreo control de prensa, de Internet, de las fotos que uno hace, de los libros que lee, de los desplazamientos que realiza... Un relato lleno también de sentido del humor, de aguda crítica social. La dictadura norcoreana se asemeja mucho a la descrita por George Orwell en 1984: "Big Brother te vigila".



Delisle se inspiró en su trabajo en SEK Studio como supervisor de series de animación para la televisión francesa TF1. Dibujó la obra en Etiopía, donde residió temporalmente mientras su esposa trabajaba en Médicos sin fronteras. En 2003 la editorial L'Association publicó su primera edición, y en España es distribuida por Astiberri.



La obra parte de la llegada de Guy Delisle a Corea del Norte, donde trabajará dos meses como supervisor de una serie de animación francesa en el SEK Studio de Piongyang. En la aduana del aeropuerto nacional le dejan pasar un discman con cedés de Aphex Twin y reggae, la novela 1984 de George Orwell y algunos regalos. Durante toda su estancia en la capital norcoreana, al autor le acompañan un guía y un traductor que están obligados a controlar sus movimientos. Delisle también se encontrará con otros extranjeros de paso por el país como él, por ejemplo unos colegas de profesión franceses que trabajan en la serie animada de Corto Maltés o trabajadores de organizaciones no gubernamentales.

Además de su experiencia en el trabajo, Delisle retrata sus visitas a sitios emblemáticos de la capital como la estatua de Kim Il-Sung, el metro de Piongyang, el Arco del Triunfo  o el Museo de Ocupación Imperial. El autor refleja su choque cultural con la sociedad norcoreana, y se muestra sorprendido por aspectos del régimen de Kim Jong-Il como la ausencia de discapacitados, la propaganda Juche o el comportamiento de la gente.


Si en su obra anterior, Shenzhen, reflejaba su incomprensión de la sociedad asiática y en concreto la china, ahora en Pyongyang vuelve a sus anécdotas sobre la incomunicación con los coreanos, su incapacidad de comprender sus costumbres o adoptar su estilo de vida. La obra se basa en las paradojas del régimen norcoreano, caracterizado por su hermetismo al extranjero y unas políticas totalitarias. La dictadura controla el comportamiento de sus ciudadanos desde la cuna. Y Delisle lo cuenta mezclando elementos de la historieta costumbrista, el libro de viaje y la autobiografía.

El autor compara Corea del Norte con el mundo de la novela de Orwell 1984, y narra su historia desde el punto de vista de un viajero, que durante un breve tiempo vive en una sociedad terriblemente cerrada.

Guy Delisle ha hecho muchos cómics, novelas gráficas y también animaciones, como esta de "Trois Petits Chats", donde va enlazando palabras por la última sílaba hasta llegar otra vez al principio:



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