"Sardónica" y "sarcástica" son dos adjetivos femeninos que se utilizan para calificar a la risa.
En medicina se dice que una persona sufre risa sardónica cuando presenta una convulsión y contracción de los músculos de la cara que imita la risa. En sentido figurado, se aplica la expresión al que disimula con risa falsa otros sentimientos.
Para el Diccionario de Autoridades, la risa sardónica es una enfermedad que se origina de comer o beber la hierba sardonia, ranúnculo que perturba el sentido y retuerce los labios, causando un efecto parecido a la risa. De manera que la risa sardónica es algo así como una risa afectada, fingida, poco natural.
El adjetivo sardónico significa "procedente de Cerdeña", Sardinia en latín, isla mediterránea donde crece en abundancia la sardonia o Ranunculus sceleratus, que provoca convulsiones. Se dice que, entre los bárbaros sardos, los hijos llevaban a los padres muy viejos a los montes para sacrificarlos entre fiestas y grandes risas.
Por otro lado, la risa sardónica es uno de los primeros síntomas de que alguien ha contraído la enfermedad del tétanos.
Joker, el archienemigo de Batman, es un ejemplo muy popular de risa sardónica, que también puede ser llamada, aunque más raramente, risa sardesca o risa sardinia.
A la risa sarcástica la definía Voltaire como perfidum ridens, un reír pérfido, pues es una risa hecha con sarcasmo, es decir, con ironía cruel, con intención burlona, con maldad y crueldad. No es, por tanto, una risa sana, noble, para aportar felicidad, sino para manifestar la superioridad del burlón sobre el burlado.
La risa da mucho juego en español, pues tenemos expresiones como risa falsa, risa de conejo, morirse de risa, desternillarse de risa, para reventar de risa, mearse de risa, tomarse algo a risa, partirse de risa, sonrisa... Y es que sin duda somos un pueblo guasón.
En cuanto a la expresión desternillarse de risa, no hay que confundirla con el vulgarismo destornillarse de risa, pues cuando uno se ríe lo que se le aflojan son las ternillas, no los tornillos.
Sobre el poder de la risa, tenemos la famosa novela de Umberto Eco El nombre de la rosa, en la cual el malvado bibliotecario ciego, el monje asesino, ha hecho desaparecer el tratado de Aristóteles Sobre la risa, que sabemos que escribió, pero no ha llegado a nosotros. ¿Por qué? Porque según el monje, cuando la persona es capaz de reírse de lo sagrado, de los símbolos del poder humano y divino, entonces se vuelve desobediente. Y eso no puede ser.
Así que, ya veis, tras la acción de reír hay algo mucho más trascendente de lo que parece. Quien se ríe es que ve las cosas de otra manera, incluso las más serias. Y si no se le frena... ¡Caos, revolución, subversión!
Hala, a reír todo el mundo, que es "mu" sano y "mu" necesario.
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martes, 9 de septiembre de 2014
martes, 30 de abril de 2013
Un libro sobre la risa
Las citas que he transcrito en las entradas anteriores están sacadas del libro:
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- Olivier Mongin, La risa. Una pequeña reflexión sobre el humor. Barcelona, Oniro, 2008. Traducción de José Miguel González Marcén. Dibujos de Lionel Koechlin.
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Una cita de Rabelais sobre la risa
François Rabelais, el autor carnavalesco francés, de la Edad Media, el creador de Pantagruel, puso esta dedicatoria al frente de su Gargantúa:
Rabelais sí que lo tenía claro y, con espíritu similar al de nuestro arcipreste de Hita, proclama el principio fundamental de la vida: la risa y la alegría. Lo mismo decía Aristóteles: la risa es lo propio del ser humano, así que... ¡a reír, hombre!
Además de una risa verbal, local, propia de cada idioma porque se basa en el juego lingüístico, hay una risa corporal, universal, basada en el movimiento, los gestos... Basta con ver a Buster Keaton o Charlot para entenderlo. Es una risa muda, pero contagiosa, que hace reír a niños y mayores de todo el mundo.
El cristianismo, por entonces, no lo tenía tan claro. Las reglas monásticas consideraban la risa un poco en plan Baudelaire como algo satánico: "lo peor que pueda salir de una boca humana". ¿Y por qué? Porque, a ver, ¿alguien ha visto a Jesús riéndose en los Evangelios? ¡Pues entonces...!
San Basilio afirmaba que el Señor condena a "quienes ríen en esta vida". Quedaban así constituidos los principios fundamentales de la seriedad.
"Amigos lectores que leéis este libro,olvidad cualquier cuidado;y, al leerlo, no os escandalicéis,no es ni malo ni dañino.Es mejor escribir de risas que de lágrimasporque reír es lo propio del hombre.¡Vivid alegres!"
Rabelais sí que lo tenía claro y, con espíritu similar al de nuestro arcipreste de Hita, proclama el principio fundamental de la vida: la risa y la alegría. Lo mismo decía Aristóteles: la risa es lo propio del ser humano, así que... ¡a reír, hombre!
Además de una risa verbal, local, propia de cada idioma porque se basa en el juego lingüístico, hay una risa corporal, universal, basada en el movimiento, los gestos... Basta con ver a Buster Keaton o Charlot para entenderlo. Es una risa muda, pero contagiosa, que hace reír a niños y mayores de todo el mundo.
El cristianismo, por entonces, no lo tenía tan claro. Las reglas monásticas consideraban la risa un poco en plan Baudelaire como algo satánico: "lo peor que pueda salir de una boca humana". ¿Y por qué? Porque, a ver, ¿alguien ha visto a Jesús riéndose en los Evangelios? ¡Pues entonces...!
San Basilio afirmaba que el Señor condena a "quienes ríen en esta vida". Quedaban así constituidos los principios fundamentales de la seriedad.
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Una cita de Baudelaire sobre la risa
Baudelaire, que además de poeta fue un gran teórico de la literatura, publicó un ensayo titulado La esencia de la risa. Allí relacionaba el fenómeno con una convulsión nerviosa y satánica causada por la desgracia ajena, una discapacidad física, por ejemplo.
O sea, que como buen poeta maldito relacionaba el reír con un acto de maldad porque suponía que la risa procedía de una burla del otro.
Vamos, que Baudelaire no cree que uno pueda reírse de sí mismo. Pero ¿se puede....?
Lo cierto es que la risa tiene un aspecto físico, corporal, como demuestran las expresiones que hacen alusión a ello: mondarse de risa, partirse de risa, mearse de risa, morirse de risa... Cuando nos reímos, convulsionamos nuestro cuerpo de manera brusca, de ahí que una de las peores torturas chinas sea la de hacer cosquillas en el pie con una pluma al prisionero hasta que este ya no puede más y...
Nuestro Ramón J. Sender decía que al hombre le había sido dada la risa como una compensación de la divinidad, porque es el único animal que tiene una conciencia clara de la muerte: sabemos que hemos nacido para ser pastores del tiempo, como decía Heidegger, para cabalgar a los lomos de la Nada.
O sea, que como buen poeta maldito relacionaba el reír con un acto de maldad porque suponía que la risa procedía de una burla del otro.
"Lo cómico, la potencia de la risa, está en quien se ríe y no en el objeto de la risa. No es el hombre que cae el que se ríe de su propia caída, a menos que sea un filósofo, un hombre que haya adquirido el hábito de tener fuerza (...) que le permite asistir como espectador desinteresado a los fenómenos de su propio yo"
Vamos, que Baudelaire no cree que uno pueda reírse de sí mismo. Pero ¿se puede....?
Lo cierto es que la risa tiene un aspecto físico, corporal, como demuestran las expresiones que hacen alusión a ello: mondarse de risa, partirse de risa, mearse de risa, morirse de risa... Cuando nos reímos, convulsionamos nuestro cuerpo de manera brusca, de ahí que una de las peores torturas chinas sea la de hacer cosquillas en el pie con una pluma al prisionero hasta que este ya no puede más y...
Nuestro Ramón J. Sender decía que al hombre le había sido dada la risa como una compensación de la divinidad, porque es el único animal que tiene una conciencia clara de la muerte: sabemos que hemos nacido para ser pastores del tiempo, como decía Heidegger, para cabalgar a los lomos de la Nada.
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Una cita de Hobbes sobre la risa
"La repentina glorificación de uno mismo es la pasión a la que llamamos risa; nace cuando uno realiza alguna acción de la que obtiene placer o cuando apercibimos en el otro alguna desgracia en comparación de la cual nos sentimos súbitamente contentos (...) Por eso, reírse mucho de los demás es un signo de mezquindad de espíritu".
Thomas Hobbes
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