Ruggero Leoncavallo (1857-1919) es el autor de una ópera muy famosa, Pagliacci, 1892, inspirada en la obra teatral del dramaturgo español Tamayo y Baus titulada Un drama nuevo. Después de este éxito, intentó repetir, pero no tuvo demasiada suerte, así que cambió de género. Encontró al libretista Francesco Paolo Tosti y juntos compusieron muchas romanzas, la más famosa de las cuales es "Mattinata", que compuesto para el gran Enrico Caruso. La canción ha sido interpretada por los más grandes, incluido Pavarotti. Y curiosamente, muchos años después de su composición, vivió una primavera mundial cuando el cantante Al Bano la retomó en su conocidísimo "Mattino".
Dejamos aquí las dos versiones, para que comparéis.
"Mattinata", de Ruggero Leoncavallo. Interpreta: Luciano Pavarotti
Pues sí, el western es un género que ha dado mucho de sí. Series de televisión, películas de cine, muchísimas novelas, novelitas, novelones... ¡y hasta óperas! Por ejemplo, La fanciulla del West, La chica del Oeste, de Giacomo Puccini. Una obra que se estrenó en 1910 en el Metropolitan Opera de New York. Puccini la escribió después de Madama Butterfly. Con dirección de Arturo Toscanini, con Enrico Caruso como tenor. En Estados Unidos, siempre ha sido muy popular, no tanto en Europa, donde no aparece entre las óperas frecuentes del repertorio. En 1915 Cecil B. DeMille estrenó una película muda sobre la ópera, The Girl of the Golden West.
Al argumento no le falta de nada: aparecen los pieles rojas, los bandidos, los mineros, las chicas del saloon, el sheriff, un jinete de la Pony Express... Hay amores y... un final feliz. Nada de muertes románticas, la chica se va con el chico, como Dios manda.
Hay un aria famosísima en esta ópera, "Ch'ella mi creda libero e lontano", "Que ella me crea libre y lejano", que es lo que el bandido Ramírez, alias "Johnson", pide a quienes lo van a ajusticiar que le digan a su novia Minnie, la cantante del salón. Pero tranquilos, no sufráis innecesariamente, que, como ya he dicho, todo acaba bien. Os dejo aquí una versión del "Ch'ella mi creda...", cantada por Pavarotti. Una meraviglia! (Podéis buscar en YouTube, hay versiones de todos los grandes: Domingo, Kauffmann, Caruso...)
Y para terminar con este post, una curiosidad: en estos días se va a representar en Zaragoza el famoso musical El fantasma de la ópera, con música de Andrew Lloyd Weber. Pues bien, una de sus canciones más conocidas, "The Music of the Night", llevó a los herederos de Puccini a acusar de plagio a Lloyd Weber, concretamente lo acusaron de haber traspuesto la melodía del aria "Chello che tacete", "Aquello que calláis", al final del primer acto. No han trascendido más detalles del asunto, pero sí sabemos que se llegó a un acuerdo extrajudicial entre las partes implicadas. Os dejo aquí las dos canciones para que juzguéis por vosotros mismos. Que lo disfrutéis!
"The Music of the Night", de El fantasma de la ópera.
"Chello che tacete", de Puccini. Aria cantada por Plácido Domingo
A veces, hay canciones pegadizas que se hacen famosas sin que sepamos muy bien por qué. Algo así es lo que pasó en España con ¡Qué idea!, de Pino d'Angiò, Ma quale idea? en italiano, una canción de 1980, publicada en 1981, escrita por Giuseppe Chierchia (nombre real de Pino D'Angiò) y arreglada por Enrico Intra. El hit tuvo un éxito extraordinario y se convirtió en una de las canciones más famosas del cantante de Campania.
La letra habla del propio cantante con aire autodespectivo, tal como él mismo declaró en varias entrevistas. Narra una "travesura" en una discoteca y una supuesta conquista.
Es uno de los primeros ejemplos en Italia de fusión entre el rap y el funk y fue uno de los temas más bailados en las discotecas en los 80. Vendió más de dos millones y medio de copias en todo el mundo. Alcanzó el primer lugar en las listas de Francia, Alemania, Italia, Argentina, Bélgica e incluso en el Reino Unido, país donde el único antecedente de tema en italiano que alcanzara popularidad fue Nel blu dipinto di blu (Volare) (1958), de Domenico Modugno.
La canción tuvo gran éxito en España, donde llegó a ser número 1 en las listas, fue traducida y lanzada con el título ¡Qué idea! en 1981.
La letra no es que sea ninguna maravilla, pero la música es pegadiza y el ritmo se contagia y anima a bailar. Juzgadlo por vosotros mismos.
A mí personalmente, la voz de este chico me recuerda a la del cantante de Boney M, que es otro grupo musical que marcó nuestra ya lejana juventud. A recordar y disfrutar. O lo que es lo mismo, a disfrutar recordando.
Dalida, la gran cantante francesa, hizo famosa esta canción: "Le printemps sur la colline", donde una chica se queja por la ausencia de su amado, que hace tiempo que ha emigrado, y le pide que regrese, pues la primavera ya ha llegado a la colina y la ha dejado bellísima, y ella no puede vivir sin él. También le dice que no importa si es o no alguien importante, si se ha hecho rico, si ha triunfado o fracasado, que vuelva porque para ella él sí es importante.
En realidad, la canción de Dalida es la versión francesa de un tema italiano cantado por Wilma Goich en el Festival de San Remo en 1965, "Le colline sono in fiore". Wilma continuaba con una tradición que había surgido anteriormente en el Festival: dedicar los temas de las canciones a la inmigración italiana, sobre todo la americana, que, a partir de los 50 y los 60, fue masiva en el Bel Paese. Así, tenemos temas como "Un disco dall'Italia" (1952), de Gino Latilla, donde se cuenta la nostalgia que la llegada de un disco con canciones italianas provoca en una casa ítalo-americana. O el magnífico "Che sarà, sarà?", de Ricchi e Poveri, un tema que popularizó internacionalmente José Feliciano.
Dejamos aquí las versiones. Que las disfrutéis.
Ecoute, écoute le printemps sur la colline
T'appelle et mêle sa gaieté à ma détresse
Le temps s'en va
Et les mois passent
Depuis un an j'espère
Que tu reviennes prendre place
Là où nos cœurs vivaient naguère
Mes jours se traînent
Mes nuits s'étirent
Et ma peine est profonde
Où sont nos rêves
Où sont nos rires
Sans toi
Qui es au bout du monde
Ecoute, écoute le printemps sur la colline
T'appelle et mêle sa gaieté à ma détresse
Je t'aime, je t'aime le printemps sur la colline
T'attend, viens-t'en
Que notre bonheur renaisse
Car il n'est de beaux jours sans amours
Combien de mois et de semaines
Devrais-je encore attendre
Pour que le destin te ramène
Réduisant mes chagrins en cendres
Tu es ma chance, tu es ma flamme,
La force qui me guide.
Reviens-moi vite, reviens mon âme.
Sans toi,
La maison semble vide.
Ecoute, écoute le printemps sur la colline
Nos peines et même
T'appelle et mêle sa gaieté à ma détresse
Je t'aime, je t'aime, le printemps sur la colline
T'attend viens-t'en que notre bonheur renaisse
Car il n'est de beaux jours sans amours.
Le colline sono in fiore
È già passato quasi un anno
da quando sei partito.
Ricordo quello che m'hai detto
il giorno che tu m'hai lasciato:
«Ti amo tanto,
vorrei restare,
scordarmi di partire.
Ma non è giusto
non son nessuno,
per te diventerò qualcuno».
Amore,
ritorna,
le colline sono in fiore
ed io,
amore,
sto morendo di dolore.
Amore,
ritorna,
non importa, non fa niente
se tu
non sei
diventato più importante...
Perché sei
importante per me.
Un giorno è lungo ed un anno
è lungo da morire.
Ripenso a quello che mi hai scritto
e ho tanto freddo dentro il cuore.
«Va tutto bene,
ti penso sempre
e spero di tornare.
Un giorno o l'altro
questa fortuna
dovrà decidersi e arrivare».
Amore,
ritorna,
le colline sono in fiore
ed io,
amore,
sto morendo di dolore.
Amore,
ritorna,
non importa, non fa niente
se tu
non sei
diventato più importante...
Perché sei
importante per me.
La canción de Wilma Goich también la cantó Gigliola Cinquetti.
Más información:
Si queréis saber algo más sobre la emigración y la música, podéis ver esta otra entrada:
Os dejamos aquí un par de enlaces al proyecto del artista búlgaro Yanko Tsvetkov Atlas of Prejudices, donde, de una manera satírica y basándose en encuestas de opinión de unos países sobre otros, nos ofrece unos mapas que incorporan la visión estereotipada y errónea que unos ciudadanos europeos tienen sobre otros. Es un proyecto que llama a la reflexión y nos enseña lo equivocadas que pueden ser nuestras percepciones sobre nuestros vecinos. Yanko vive en España y publica en inglés sus libros. Su Atlas está publicado en varias lenguas y forma parte de un proyecto global que se titula Mapping stereotypes, Cartografía de los estereotipos.
Seguimos con nuestros comentarios de "Nocturnos de la ventana", de Federico García Lorca. Hoy toca el "Nocturno número 3".
NOCTURNO III (Canciones, 1921-1924)
Asomo la cabeza
por mi ventana, y veo
cómo quiere cortarla
la cuchilla del viento.
En esta guillotina
invisible, yo he puesto
la cabeza sin ojos
de todos mis deseos.
Y un olor de limón
llenó el instante inmenso,
mientras se convertía
en flor de gasa el viento.
Nuevamente, vuelven a aparecer los símbolos de la muerte y el aire de tragedia, que culmina en el nocturno siguiente y final, el nocturno 4. Las imágenes poéticas son muy efectivas: un viento frío, de muerte, que corta como una cuchilla y el olor ácido del limón que simboliza el desenlace fatal.
En este breve poema tenemos explícitamente al poeta mirando por la ventana, lo que da título al poemario, "Nocturnos de la ventana", y lo que se encuentra es un mundo elegiaco, una sociedad deshumanizada, una presencia poética y trágica de la muerte.
Las metáforas e imágenes de Lorca, muy enraizadas en lo local andaluz, lo incardinan en los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX, concretamente en el surrealismo.
El poema se caracteriza por su brevedad, su musicalidad, su intrigante calidad poética y su misteriosa aura trágica.
Dejamos aquí algunos vídeos con la interpretación de los nocturnos. Que lo disfrutéis.
En un post anterior, empezamos con nuestro comentario de los "Nocturnos de la ventana", de Federico García Lorca. Si allí veíamos el "Nocturno número 1", ahora analizaremos el "Nocturno número 2", también lírico y breve y con la misma simbología lorquiana: la noche, el agua, la muerte, el tono intimista, el onirismo, el yo poético, la presencia del misterio, del dolor y del deseo.
NOCTURNO número 2
Un brazo de la noche
entra por mi ventana.
Un gran brazo moreno
con pulseras de agua.
Sobre un cristal azul
jugaba al río mi alma.
Los instantes heridos
por el reloj pasaban.
Otra vez se nos queda una sensación de muerte y belleza. De nuevo hay una marcada presencia de lo natural (la noche, el agua, el río) y de ese tiempo agónico, que hiere y mata, con unas saetas del reloj convertidas en flechas de muerte. De nuevo, la marcada presencia de lo sombrío y lo trágico.
La rima es asonante, el ritmo está muy marcado en el poema, por lo que resultaba relativamente fácil ponerle música. El nivel simbólico es nuevamente muy elevado, surrealista, de ahí que el significado de los versos quede tan abierto a la interpretación del lector. Eso sí, ya no estamos ante un yo voyeur que mira desde la ventana, como en el "Nocturno número 1" , sino ante el yo que vive la tragedia, que siente el "brazo moreno" de la noche y la muerte: la niña nota que, por instantes, se ahoga.
La música es de nuevo de Francesc Vila y Ginferrer (1922-2011), pedagogo, compositor y director de coros.
Los "Nocturnos de la ventana" están incluidos en el libro Canciones (1921-1924), perteneciente a la primera etapa del poeta, y dedicados a José de Ciria y Escalante (1903-1924), poeta tempranamente desaparecido -por culpa del tifus- que Federico conoció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en sus años jóvenes.
"Iesu, dulcis memoria" pertenece al repertorio clásico de los coros del mundo mundial. En su versión más conocida, se atribuye su música a Tomás Luis de Victoria (1548-1611), el Mozart español, un auténtico superdotado de la música polifónica. Victoria es uno de los mejores representantes de la escuela española de música renacentista y se le considera un anticipador de las complejidades del barroco, que se desarrollaría en el siglo siguiente, el XVII.
La letra data del siglo XI y es de san Bernardo de Claraval (1090-1153), un monje fundador y difusor de la orden del Císter por toda Europa, autor de una de las poesías más hermosas de la historia del cristianismo: el "Iubilus de nomine Iesu", compuesto por muchas estrofas (entre 40 y 80). De ellas, tradicionalmente, en los monasterios se cantaban cinco en en maitines, cinco en laudes y cinco en vísperas de la fiesta del Nombre de Jesús, y por esa razón existen varias musicalizaciones, realizadas a lo largo de varios siglos, del himno tradicionalmente llamado "Iesu, dulcis memoria". Hay versiones tanto de canto gregoriano como de polifonía.
Dejamos aquí la letra en latín y, debajo, su traducción al español:
Iesu dulcis memoria
dans vera cordis gaudia:
sed super mel et omnia
eius dulcis praesentia.
Nil canitur suavis,
nil auditur iucundius,
nil cogitatur dulcius
quam Iesus, Dei Filius.
Iesu, spes paenitentibus,
quam pius es petentibus!
Quam bonus te quaerentibus!
Sed quid invenientibus?
Nec lingua valet dicere
Nec littera exprimere
Expertus potest credere
Quid sit Iesum diligere.
Sis, Iesu, nostrum gaudium,
Qui es futurus praemium:
Sit nostra in te gloria
Per cuncta semper saecula. Amen.
TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL
Dulce es el recuerdo de Jesús,
que trae la alegría verdadera al corazón;
pero su presencia es más dulce que la miel
y que todas las cosas.
Nada más dulce puede cantarse,
nada más agradable de escuchar,
nada más delicioso en qué pensar
que Jesús, el Hijo de Dios.
¡Jesús, esperanza de los que se convierten,
qué bueno eres con los que te suplican!,
¡Qué bueno con los que te buscan!,
¿Qué serás para los que te encuentran?
Ni la lengua puede decirlo,
ni la escritura expresarlo;
solo quien lo ha experimentado
sabe lo que es amar a Jesús.
Jesús, sé nuestra alegría,
tú que eres nuestra futura recompensa.
Que nuestra gloria sea estar contigo
por toda la eternidad. Amén.
Normalmente, se suele cantar una sola estrofa. Dejamos aquí algunas musicalizaciones del "Iesu, dulcis memoria".
Así, de esta manera tan lírica y tan breve, comienza Federico García Lorca sus "Nocturnos de la ventana". La noche, la luna y la muerte son símbolos plenamente lorquianos, muy frecuentes en su poesía. También lo son el tono intimista y erótico, el onirismo, el yo voyerista, la presencia del misterio, del dolor y del deseo. Tras la lectura, se nos queda una sensación de muerte, belleza y tragedia. Así es como Lorca entendía la vida.
En este poema destacan los elementos de la naturaleza (luna, viento, noche, agua, suelo), la presencia humana (el yo del poeta y las dos niñas), el tono de melancolía y de ensueño. Hay un marcado contraste entre la tierra y el cielo, entre la luna (vertical, "alta va la luna") y el agua (horizontal, "luna sobre el agua"), entre "sobre" y "bajo".
El poemilla es una más de las composiciones breves que compuso Lorca caracterizadas por su musicalidad y su fuerte carga simbólica, hasta el punto de que el significado de los versos queda abierto a la interpretación del lector.
Federico era, además de poeta, un músico vocacional: "Ante todo soy músico", dijo en una entrevista de 1933, siendo ya un poeta consagrado. Además, su militancia en las vanguardias poéticas, sobre todo en el surrealismo, le hizo añadir a sus versos un marcado carácter simbólico.
No es raro encontrar cancioncillas insertadas en sus obras teatrales (en Mariana Pineda, en Yerma, en Bodas de sangre...) y sabemos que armonizó y adaptó gran número de canciones populares.
La evidente musicalidad de los versos del poeta de Granada ha hecho que muchos compositores les hayan puesto música. Concretamente, este nocturno fue musicalizado en 1980 por Francesc Vila y Ginferrer (1922-2011), pedagogo, compositor y director de coros. También hay una versión diferente, cantada por Ana Belén y con música de Pedro Guerra, recogida en Lorquiana 1 - Poemas de Federico García Lorca.
Los "Nocturnos de la ventana" están incluidos en el libro Canciones (1921-1924), perteneciente a la primera etapa del poeta, y dedicados a José de Ciria y Escalante (1903-1924), poeta tempranamente desaparecido -por culpa del tifus- que Federico conoció en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en sus años jóvenes. Los poemas son una meditación sobre la muerte, la pobreza, la ineficacia de la poesía para escapar de la realidad, hay una imaginería sombría, insistente, donde la ventana es el marco desde el que se percibe una escena trágica y estática.
Dejo aquí un par de versiones de la canción lorquiana. ¡Que las disfrutéis!