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martes, 14 de noviembre de 2017

Origen y significado de mi nombre: Madelin

Origen: Griego

Significado: Del nombre Magdalene, que significa " de Magdala", un pueblo en el mar de Galilea.

Personalidad: La creatividad en el hogar las hace hogareñas y gentiles, su nobleza y juicio les lleva a ayudar en causas ajenas.

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Curiosidades: Madeleine Albright fue la secretaria de Estado, de los Estados Unidos entre 1997 y 2001, la primera mujer en ocupar el puesto. Entre 1993 y 1997 fue embajadora de los Estados Unidos.

¿Qué le gusta?: Posee un profundo sentimiento de la amistad y sabe dar buenos consejos. En el amor es más tierna de lo que parece pero, ante la mínima  pena, adoptará rápidamente una actitud glacial.

¿Qué hace?: Cuando debe elegir una profesión, se verá tentada por el ámbito social (derecho, medicina), el ámbito de la comunicación y de la creación (audiovisual, cine, teatro. música), aquello que se vincule con viajes o con el extranjero, relacionado con  las ciencias humanas (psicología, pedalogía...).

Apodos: Made, Mady, Madel, Madyy, Peque, Maili...

domingo, 3 de marzo de 2013

La magdalena de Proust

A partir del sabor de una magdalena mojada en té (o tila, según otras traducciones), el narrador de Por el camino de Swann, primer libro de En busca del tiempo perdido, evoca su infancia y toda su vida. Uno de los pasajes más importantes de la literatura universal, sin duda.

« […] En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»
(Marcel Proust, En busca del tiempo perdido: Por el camino de Swann)