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jueves, 7 de diciembre de 2017

"VUELVES" , de Rozalén

María Rozalén es una cantautora y compositora albaceteña que destaca por defender a través de su música entre otras cosas  los derechos de las minorías. 

A lo largo del año son miles las sensaciones que vivimos, desde una felicidad incondicional hasta una tristeza profunda. Una de las emociones más bonitas que podemos experimentar es la ilusión. La ilusión que frecuentemente se marchita y se va apagando con el paso de los meses y que tanta fuerza cobra en las bonitas fechas de Navidad.

He elegido esta canción porque plasma el regreso de esas emociones que dejamos atrás y que siempre acaban volviendo inesperdamente en Navidad acompañadas de amor y esperanza.

VUELVES 

Como el agua que se evaporó
la moneda que lancé al aire 
la sonrisa que se apaga 
la ola que el mar tragó 
como los romances en verano 
los errores que ya cometí 
la niña que dejó el hogar 

Vuelves, tan inesperadamente siempre vuelves 
pero como había esperado, vuelves 
cuando te creí olvidado (x2)
siempre vuelves, vuelves siempre.

Como la cigüeña que emigró 
y mi voz sobre el acantilado 
ese golpe con efecto 
la hoja que cayó y voló 
como todo el bien que provocaste 
la luz en cada amanecer 
mis días de fragilidad 

Vuelves, tan inesperadamente siempre vuelves 
pero como había esperado vuelves 
cuando te creí olvidado  (x2)
siempre vuelves, vuelves siempre 

Vuelves, vuelves siempre 
siempre vuelves  (x3)

Como el agua que se evaporó...


ABRIGO PARA LA VIDA Y MANTA PARA LOS SUEÑOS

Cada uno de nosotros hemos soñado alguna vez con cumplir todos nuestros sueños, con llegar a conseguir eso que llevamos queriendo hacer desde nuestra infancia, de vencer nuestros miedos, de ser indestructibles… y nunca sabemos cuándo comenzar, cuándo decir: venga, hoy empiezo, hoy sí que sí.

¿Qué tal si empezamos ahora? ¿Qué tal la Navidad para romper barreras, hacer eso a lo que no nos atrevemos, pedir perdón, reconocer los propios errores? ¿Qué tal si empezamos en Navidad a intentar ser un poco más felices, a hacer un poco más felices a la gente que tenemos a nuestro lado? ¿Por qué no dedicamos un poquito más de tiempo a nuestros amigos, a nuestra familia, a los que en estas fechas no encuentren la sonrisa por ninguna parte?

Dediquemos momentos, instantes, tiempo, pues como decía Baltasar Gracián: “Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”.

Porque la felicidad, al fin y al cabo, es no perder la ilusión en lo que hacemos, no perder la magia, no perder el tiempo.


ABRIGO PARA LA VIDA Y MANTA PARA LOS SUEÑOS

Calles frías, calles nevadas.
Época de abrigo para la vida y manta para los sueños;
época de luces y momentos,
de risas y canciones,
de almas libres, de reencuentros.

Café con leche para dos,
tertulia durante horas
en un bar solitario y desconocido
en el centro de la ciudad.
Niños correteando en un parque,
de allá para acá, de acá para allá;
movimiento constante.

Cartas que llegan a destiempo,
sorpresas inesperadas,
viajes en tren, avión o a pie;
magia al fin y al cabo.

Calles frías, calles nevadas.
Época de abrigo para la vida y manta para los sueños,
época de tregua entre enemigos,
época de segundas, terceras o infinitas oportunidades.
Tiempo de amigos, de familia,
de ser tú, de ser nosotros, de ser ellos;
época de instantes eternos.

Época de abrigo para la vida, y sí, manta para los sueños.


martes, 28 de noviembre de 2017

Celebrando la vida en cada intento, en cada invierno.

Llega la recta final del año y consigo el balance; ¿alguna vez os habéis parado a pensar cómo y con quién comenzasteis el año y con quién y de qué forma lo vais a acabar? Al fin y al cabo todos nosotros somos un puzzle de pequeños trozos de la gente con la que compartimos nuestro tiempo: gente que llega de la nada y arrasa con todo, gente que pide a gritos el silencio, gente que te da voz cuando solo tenías palabra, gente que te enseña, gente que te deja sin previo aviso... en definitiva: flujo de vida en tu camino. Y ¿qué me dices de la Navidad? Tiempo para soñar, para dejar a tu imaginación volar, para estrechar lazos, para crear vínculos, para sentir. Yo creo mucho en eso de sentir. Magia hecha días de calendario. Y noches con sitios en la mesa, con recuerdos en los postres y deseo en cada brindis. Al fin y al cabo el tiempo es un ir y venir de huellas en tu vida, imperceptibles, sí, pero memorables. Eso es lo que he buscado transmitir en este poema: el recuerdo, la esperanza, el mantener la llama de esa ilusión que la Navidad aporta, por los que estamos y por los que estaban, por los que ocupan su sitio y los que lo ocuparán; por todos esos espacios vacíos que se llenan de recuerdos cada vez que, cerrando los ojos, revives esa historia que tantas veces se repitió en las sobremesas de las comidas familiares. Recordar es vivir. Vivamos por los que somos, fuimos y seremos. Brindemos por nosotros. Cumplamos nuestros sueños.


Celebrando la vida en cada intento, en cada invierno.

La tradición en la mesa,
la vida en cada brindis,
memoria en plato hondo,
vacío en varios sitios
y a mi lado el recuerdo.
Con el dulce en la bandeja,
los anillos en las manos,
las burbujas del champán
y en cada risa.
Sin prisa,
sin calma,
sin tiempo,
sin ti.
Por ignorar la televisión,
por ser uno y ser equipo,
por parar el tiempo un rato,
por poder ser uno mismo.
Por las luces de todo árbol,
y las de tus ojos,
por la ilusión de los niños
y por la de los sueños cumplidos.
Por las velas que ya no se soplan,
por los poemas por hacer,
por los lazos ya deshechos,
por los caminos truncados,
por las canciones de sobremesa,
por la política, el sexo, el fútbol,
por los temas intrascendentes,
por los pasados, por los presentes.
Por las espaldas ya cubiertas,
las manos unidas,
las armas sin carga,
la felicidad de la familia.
Por ti, que faltas,
por ti, que estás,
por ti, que lloras,
por ti, que regresas.
Por el tiempo, que se va.
Por el tiempo, que aún está.

Por el tiempo, que vendrá.

martes, 11 de abril de 2017

La ilusión se esconde en cualquier rincón.

Según la Real Academia Española, la ilusión es la esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva. Sin embargo, la ilusión para mí es vida. Pura vida. Vida porque te hace seguir, porque te hace buscar, pensar, intentar, llegar a lugares que nunca hubieras pensado, que te hace subirte en el vagón de una montaña rusa sin fin con cientos de cuestas en su recorrido. Es vida porque te sonríe, porque tan pronto está como se esfuma, porque pende de un hilo, porque tenerla no es más que cuestión de suerte. 
La ilusión mueve el mundo, la ilusión nos hace ser lo que somos. ¿Qué sería de ti o de mi si no tuviéramos aspiraciones, sueños o metas que alcanzar? ¿Qué sería de nosotros si sólo pensáramos en lo que somos y no en lo que podemos ser? ¿Qué sería de nosotros si nos moviéramos por planes establecidos y no por sentimientos repentinos? 
Muchas veces me han dicho, y seguro que a ti también, que debo perseguir mis sueños. Tantas, que no puedo ni contarlas. Tantas como veces me han frenado todos aquellos que impulsaron mi vuelo. 

He elegido este vídeo y este texto concretamente porque, analizándome y analizando al resto, me he dado cuenta de que somos un año. Somos cuatro estaciones: fríos, cálidos e intermedios. Tenemos la sutileza de una brisa veraniega y somos el cortante filo del frío viento invernal. Aunque también somos ese rayo de sol que en primavera nos saca de casa, somos esa flor que nace entrado el mes de abril, somos las gotas de rocío en el cristal del coche, somos todo lo que nos cambia. Somos intermitentes, somos temporadas, somos lo que somos porque cambiamos siempre en el mismo sentido. Somos un giro de trescientos sesenta grados porque aun girando tenemos parada en las mismas estaciones y aun fallando una y otra vez en lo mismo, aun saltando siempre en el mismo charco; aun con todo, somos la ilusión que nos inunda. Ilusión. Sólo eso. Tanto y tan poco somos. Ilusión. La ilusión de tener el mundo en nuestras manos; de tenernos a nosotros, de tener nuestra ilusión, de ser ilusión, porque HOY SOY MÍA.


sábado, 1 de abril de 2017

Disney vuelve con más vida que nunca.

Todos hemos visto de niños, o no tan niños, las películas de animación de la compañía Disney. Todos nos hemos emocionado con la muerte de Mufasa en El rey león, a todos nos han dicho alguna vez nuestros padres "No digas mentiras que te crecerá la nariz como a Pinocho", todos hemos disfrutado con las películas de las Princesas Disney, como Pocahontas, Bella, Blancanieves o Ariel, todos hemos imitado alguna vez el grito de Tarzán. Todos hemos crecido viendo las historias de Disney. Tal vez podríamos decir que todos, o la gran mayoría de nosotros, hemos sido niños Disney. 
Pues bien, nos guste más o menos, nos haga mayor o menor ilusión, los clásicos del famoso estudio están de regreso,¡y más vivos que nunca!  
Con películas de acción real como Alicia en el País de las Maravillas y Cenicienta, Disney revivió sus historias más importantes, pero esta vez con un toque de realismo que ha cautivado a mayores y pequeños por igual.
No importa cuántas veces hayamos vistos estas películas de princesas, héroes, animales parlantes, o criaturas mágicas, simplemente nunca es suficiente. Por eso, Disney se encuentra trabajando en numerosas versiones de sus clásicos animados, para traerlos de vuelta a la gran pantalla, películas con las que podremos volver a sentirnos como cuando teníamos 6 años y revivir esas historias de nuestra infancia y las sensaciones que nos producían siendo niños.

Ya se han realizado remakes de películas como Alicia en el País de las Maravillas, en el año 2010 y de la mano del reconocido director Tim Burton, Maléfica, versión de La bella durmiente, pero desde el punto de vista de la villana de la cinta animada, a la cual da vida la oscarizada Angelina Jolie, Cenicienta, en el año 2015, El libro de la selva, en el 2016 o, la más reciente de todas, la película de La Bella y la Bestia, estrenada hace tan apenas dos semanas, dirigida por Bill Condon y protagoniza por Emma Watson y Dan Stevens, a demás de contar con la participación de actores como Luke Evans, Ian McKellen, Emma Thompson o Ewan McGregor en los papeles de Gastón, Din Don, Sra. Potts y Lumière respectivamente.


Otros próximos proyectos de películas que Disney quiere llevar de nuevo a la gran pantalla en versión live-action  son Mulán, previsto para noviembre del 2018, El rey león, que, según rumores, podría tener a Beyoncé en el papel de Nala, Dumbo,  Cruella, versión de Los 101 dálmatas al estilo de Maléfica, siendo esta vez la protagonista Cruella DeVil, quien se rumorea que podría ser encarnada por Emma Stone, protagonista de La La Land, Campanilla o La Sirenita, entre otros posibles.

Hay quienes prensan que Disney tiene que recurrir a esto debido a que "no tiene ideas originales para nuevos proyectos" o porque "el estudio quiere renacer y revivir su época de oro". Quién sabe por qué será, pero lo importante es que el público recibe estas nuevas versiones de los clásicos de Disney con salas y salas llenas desde el día de su estreno, hasta su última proyección en las salas de cine. ¿Tal vez sea porque todos dejamos salir a nuestro niño interior con estas?

Tal vez deberíamos agradecer a Disney, que nos hace conservarlo con nosotros siempre gracias a estos remake y nunca perder esa ilusión infantil que nos puede hacer tan felices y revivir momentos tan bonitos de nuestra infancia.


En fin, personalmente creo que si algo nunca hay que perder es a nuestro niño interior, con su inocencia e ilusión por las cosas más simples.

lunes, 27 de marzo de 2017

¿Y si te digo un té quiero?

Somos presos de lo que sentimos, de lo que decimos, de lo que hacemos. Somos presos de nosotros, somos presos de lo que somos, de lo que queremos ser. Presos de nuestras aspiraciones, de nuestras ilusiones, frustraciones y sueños. Somos. Siempre somos. Somos lo que nos dejan ser, lo que nos enseñan, por lo que nos revolvemos, por lo que nos callamos, por lo que decimos. Somos tanto que no somos nada. Somos confusión. Somos ilusión. Es, de hecho, esa ilusión la que nos hace ser, la que nos hace sentirnos vivos, la que nos deja sin habla y la que nos incita hablar. Esto mismo es lo que intento mostrar en el siguiente poema:  
De repente llegó allí,
donde nunca habíamos quedado,
se sentó mirando al suelo
y dijo
“un té quiero, gracias”.
Y cumplí su deseo sin
darme cuenta de que sólo
pedía de beber.
Tan ambiguo como él,
el lenguaje de su lengua me dejó
sin palabras.
Sin eludir su boca y
aludiendo a esa manera suya
de volverme loca,
de dejarme sin habla,

de hablarme sin articular palabra.

Mediante un juego de palabras intento mostrar la ilusión que un "te quiero" esconde, lo que nos hace sentir, lo que nos hace pensar, lo que nos hace vibrar. Simplemente eso: vibrar. Tan complicado y sencillo a la vez. Tan sutil y recargado de la esencia de uno mismo. Tan. Sólo dos palabras y lo mucho que esconden. 
Lo que este pedacito de prosa poética intenta transmitir es sencillez y complejidad, atención, sinceridad, juego. Todo aquello que podemos sentir al oír una voz. Independientemente del mensaje, del lenguaje, del mundo. 
En entradas anteriores decía que mi aspiración es ser arte, que lo que busco es, sencillamente, hacer sentir. Nada más lejos de la realidad: esto se mantiene. Intento ser esa ilusión, ese té quiero, ese juego de palabras, intento ser arte, intento ser lo que sueño: intento ser mi ilusión. 
Y a ti, ¿qué te ilusiona? ¿Qué quieres ser? ¿Son los sueños capaces de soñarse despiertos?