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viernes, 17 de diciembre de 2021

"Déjame en paz, amor tirano", de Luis de Góngora

 


Ciego que apuntas y atinas, caduco dios y rapaz,
vendado que me has vendido y niño mayor de edad.
Por el alma de tu madre que murió siendo inmortal
de envidia de mi señora que no me persigas más,
que no me persigas más.

Déjame en paz, amor tirano, déjame en paz.

Amadores desdichados que seguís milicia tal,
decidme, qué buena guía podéis de un ciego sacar,
de un pájaro qué firmeza, qué esperanza de un rapaz,
qué galardón de un desnudo, de un tirano qué piedad,
de un tirano qué piedad.

Déjame en paz, amor tirano, déjame en paz.

Diez años desperdicié, los mejores de mi edad,
en ser labrador de amor a costa de mi caudal.
Como aré, sembré y cogí, aré un alterado mar,
sembré una estéril arena, cogí vergüenza y afán,
cogí vergüenza y afán

Déjame en paz, amor tirano, déjame en paz.

Amadores desdichados que seguís milicia tal,
decidme, qué buena guía podéis de un ciego sacar
de un pájaro qué firmeza, qué esperanza de un rapaz,
qué galardón de un desnudo, de un tirano qué piedad,
de un tirano qué piedad,
de un tirano qué piedad.

Déjame en paz, amor tirano, déjame en paz.

sábado, 11 de diciembre de 2021

"A mis soledades voy...", de Lope de Vega

 Lope de Vega fue un genio total: poeta y dramaturgo, hombre prolífico en todos los sentidos. En esta ocasión, os traemos el romance "A mis soledades voy...", al que pusieron música los chicos del grupo vasco Mocedades. Y también ponemos a continuación la versión flamenca de José Menese. (En color rojo, el texto del poema original que no se canta en la canción)



A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan los pensamientos.
No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos.
Ni estoy bien ni mal conmigo,
mas dice el entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan
fácilemente me defiendo,
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.
Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.
La diferencia conozco
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.
O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.
"Sólo sé no sé nada",
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.
No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos
¿cómo pueden ser discretos?
No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.
Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.
Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.
En dos edades vivimos
los propios y los ajenos;
la de plata los extaños
y la de cobre los nuestros.
¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?
Todos andan bien vestidos,
y quéjandose de los precios,
de medio arriba, romanos;
de medio abajo, romeros.
Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
en el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,
y algunos, inobedientes
a la verguenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efetos.
Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.
Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento:
la mejor vida, el favor;
la mejor sangre, el dinero.
Oigo tañer las campanas
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.
Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.
¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!
Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.
Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.
Sin ser pobres ni ricos
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos;
ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién ni pascua dieron.
Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
y mis soledades voy,
de mis soledades vengo.
(1632)

"Poderoso caballero es don Dinero", letrilla satírica de Quevedo

Francisco de Quevedo (1580-1645) fue poeta, novelista, ensayista-prosista con obras de todo tipo: filosóficas, morales, políticas, burlescas... Por eso, como dijo Jorge Luis Borges, más que un escritor es "una literatura completa". Dominó como nadie el lenguaje y en todos los géneros literarios alcanzó el máximo nivel. Aquí traemos la versión de Paco Ibáñez, que recojo muy bien el sentido original del poema. El cantautor también puso música a un poema muy parecido de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, "Lo que puede el dinero".


Madre, yo al oro me humillo,

él es mi amante y mi amado,

pues de puro enamorado

de continuo anda amarillo.

Que pues doblón o sencillo

hace todo cuanto quiero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Nace en las Indias honrado,

donde el mundo le acompaña;

viene a morir en España

y es en Génova enterrado.

Y pues quien le trae al lado

es hermoso, aunque sea fiero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Es galán y es como un oro,

tiene quebrado el color;

persona de gran valor

tan cristiano como moro;

pues que da y quita el decoro

y quebranta cualquier fuero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Son sus padres principales,

y es de nobles descendiente,

pues que en las venas de Oriente

todas las sangres son reales.

Y pues es quien hace iguales

al duque y al ganadero,

poderoso caballero

es don Dinero.


¿Más a quién no maravilla

ver en su gloria, sin tasa,

que es lo menos de su casa

doña Blanca de Castilla?

Pero pues da al bajo silla

y al cobarde hace guerrero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Sus escudos de armas nobles

son siempre tan principales,

que sin sus escudos reales

no hay escudos de armas dobles;

y pues a los mismos robles

da codicia su minero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Por importar en los tratos

y dar tan buenos consejos

en las casas de los viejos

gatos lo guardan de gatos;

y, pues él rompe recatos

y ablanda al juez más severo,

poderoso caballero

es don Dinero.


Y es tanta su majestad,

aunque son sus duelos hartos,

que con haberle hecho cuartos

no pierde su autoridad.

Porque pues da calidad

al noble y al pordiosero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Nunca vi damas ingratas

a su gusto y afición,

que a las caras de un doblón

hacen sus caras baratas;

y, pues les hace bravatas

desde una bolsa de cuero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Más valen en cualquier tierra

(mirad si es harto sagaz)

sus escudos en la paz

que rodelas en la guerra.

Y pues al pobre le entierra

y hace proprio al forastero,

poderoso caballero

es don Dinero.

viernes, 27 de septiembre de 2019

"El insomnio de Jovellanos", de Luis García Montero

Luis García Montero, catedrático de literatura en la Universidad de Granada, actualmente director del Instituto Cervantes, especialista en la poesía de Lorca, esposo de una gran escritora, Almudena Grandes, uno de los más importantes poetas de la experiencia, nos trae aquí un poema que es una reflexión sobre el tema de España.

"El insomnio de Jovellanos" está fechado en el castillo de Bellver, donde el prócer gijonés estuvo preso, en 1808, el año que comenzó la Guerra de la Independencia. El ilustrado y afrancesado Jovellanos monologa insomne, se siente deprimido ante la realidad española, él que soñó una España más feliz y más justa, dice dejar de soñar, porque "sé que los sueños se corrompen". Se ha acabado el sueño, solo queda un insomnio inquieto y reflexivo sobre el camino andado y una cierta sensación de fracaso: España es una reforma inacabada, donde pesa mucho el absolutismo, la Inquisición y un catolicismo intransigente que nos quita el sueño.


EL INSOMNIO DE JOVELLANOS

Castillo de Bellver, 1 de abril de 1808.

Porque sé que los sueños se corrompen,
he dejado los sueños.
El mar sigue moviéndose en la orilla.

Pasan las estaciones como huellas sin rumbo,
la luz inútil del invierno,
los veranos inútiles.
Pasa también mi sombra, se sucede
por el castillo solitario,
como la huella negra que los años y el viento
han dejado en los muros.
Estaciones, recuerdos de mi vida,
viene el mar y nos borra.

El mar sigue moviéndose en la noche,
cuando es sólo murmullo repetido,
una intuición lejana que se encierra en los ojos
y esconde en el silencio de mi celda
todas las cosas juntas,
la cobardía, el sueño, la nostalgia,
lo que vuelve a la orilla después de los naufragios.

Al filo de la luz, cuando amanece,
busco en el mar
y el mar es una espada
y de mis ojos salen
los barcos que han nacido de mis noches.
Unos van hacia España,
reino de las hogueras y las supersticiones,
pasado sin futuro
que duele todavía en manos del presente.

El invierno es el tiempo de la meditación.

Otros barcos navegan a las costas de Francia,
allí donde los sueños se corrompen
como una flor pisada,
donde la libertad
fue la rosa de todos los patíbulos
y la fruta más bella se hizo amarga en la boca.

El verano es el tiempo de la meditación.

Y el mar sigue moviéndose. Yo busco
un tiempo mío entre dos olas,
ese mundo flexible de la orilla,
que retiene los pasos un momento,
nada más que un momento,
entre la realidad y sus fronteras.

Lo sé,
meditaciones tristes de cautivo…
no sabría negarlo.
Prisionero y enfermo, derrotado,
lloro la ausencia de mi patria,
de mis pocos amigos,
de todo lo que amaba el corazón.

En el mismo horizonte
del que surgen los días y la luz
que acaricia los pinos y calienta mi celda,
surgen también la noche y los naufragios.
Mis días y mis noches son el tiempo
de la meditación.

Porque sé que los sueños se corrompen
he dejado los sueños,
pero cierro los ojos y el mar sigue moviéndose
y con él mi deseo
y puedo imaginarme
mi libertad, las costas del Cantábrico,
los pasos que se alargan en la playa
o la conversación de dos amigos.

Allí,
rozadas por el agua,
escribiré mis huellas en la arena.
Van a durar muy poco, ya lo sé,
nada más que un momento.

El mar nos cubrirá,
pero han de ser las huellas de un hombre más feliz
en un país más libre.

domingo, 18 de marzo de 2018

"Camposanto en Collioure", de Ángel González

El poeta ovetense dedica este poema a Antonio Machado, muerto y enterrado en Collioure, Francia, adonde fue en peregrinación.

CAMPOSANTO EN COLLIOURE

Aquí paz,
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,
en donde Cataluña no muere todavía
y prolonga en carteles de «Toros à Ceret»
y de «Flamenco's Show»
esa curiosa España de las ganaderías
de reses bravas y de juergas sórdidas,
reposa un español bajo una losa:
paz
y después gloria.

Dramático destino,
triste suerte
morir aquí
—paz
y después...—
perdido,
abandonado
y liberado a un tiempo
(ya sin tiempo)
de una patria sombría e inclemente.

Sí; después gloria.

Al final del verano,
por las proximidades
pasan trenes nocturnos, subrepticios,
rebosantes de humana mercancía:
manos de obra barata, ejército
vencido por el hambre
—paz...—,
otra vez desbandada de españoles
cruzando la frontera, derrotados
—...sin gloria.

Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota.

¿Qué precio es el peor?
Me lo pregunto
y no sé qué pensar
ante esta tumba,
ante esta paz
—«Casino
de Canet: spanish gipsy dancers»,
rumor de trenes, hojas...—,
ante la gloria ésta
—...de reseco laurel—
que yace aquí, abatida
bajo el ciprés erguido,
igual que una bandera al pie de un mástil.

Quisiera,
a veces,
que borrase el tiempo
los nombres y los hechos de esta historia
como borrará un día mis palabras
que la repiten siempre tercas, roncas.

viernes, 16 de febrero de 2018

"El desayuno", de Luis Alberto de Cuenca

Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

domingo, 26 de noviembre de 2017

"El lugar del crimen", de Luis García Montero

EL LUGAR DEL CRIMEN
     Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta,
amor,
es un atraco.
Tus labios o la vida.
   (Luis García Montero)

jueves, 5 de octubre de 2017

Poesía para llevar - entrega 3


La joven poeta castellana Elvira Sastre, una joven que prefiere el ruido a la calma, nos trae un bonito poema:

     Si te marchas
hazlo con ruido:
rompe las ventanas,
insulta a mis recuerdos,
tira al suelo todos y cada uno
de mis intentos
de alcanzarte,
convierte en grito a los orgasmos,
golpea con rabia el calor
abandonado, la calma fallecida, el amor
que no resiste,
destroza la casa
que no volverá a ser hogar.
Hazlo como quieras,
pero con ruido.
No me dejes a solas con mi silencio.

Elvira Sastre Sanz (Segovia, 1992) es una poetisa, escritora, filóloga y traductora literaria española. Es autora de los libros de poemas: Tú la acuarela, yo la lírica (2013), Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo (2014), Baluarte (2014), Ya nadie baila (2016) y La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (2016). Combina una expresividad fresca, visceral, a veces desgarrada, con un perfecto dominio de la comunicación en redes sociales.

La poesía de Elvira Sastre es intimista, personal, proviene de las entrañas. Con un lenguaje sencillo y directo, seña de identidad de la nueva ola de poetas, Sastre habla del amor y el desamor de una forma que hace que nos sintamos identificados, porque son emociones que, de alguna u otra forma, todos hemos vivido. No todo lo que leemos en sus versos son experiencias propias, aunque sí una gran parte.