El argentino Jorge Luis Borges escribió un cuento titulado "Borges y yo", donde deja claro la diferencia entre el autor, persona física real, ciudadano que paga sus impuestos, pasea por la calle, etc., y el narrador, instancia literaria insustituible en la narrativa. He aquí un fragmento:
«Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires...; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en... un diccionario biográfico... Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica.»
Francisco de Quevedo (1580-1645) fue poeta, novelista, ensayista-prosista con obras de todo tipo: filosóficas, morales, políticas, burlescas... Por eso, como dijo Jorge Luis Borges, más que un escritor es "una literatura completa". Dominó como nadie el lenguaje y en todos los géneros literarios alcanzó el máximo nivel. Aquí traemos la versión de Paco Ibáñez, que recojo muy bien el sentido original del poema. El cantautor también puso música a un poema muy parecido de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, "Lo que puede el dinero".
Jorge Luis Borges (Buenos Aires,1899 – Ginebra,1986)
Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.
No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo…
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.
La pérdida del amor es una constante en muchos poetas y en sus textos literarios. Como no podía ser de otra manera, Borges también hace uso de esta temática para construir este poema.
En este poema podemos interpretar que él ha sido abandonado, ella lo esta destruyendo, le esta atacando y él tiene la necesidad de defenderse. Por eso este poema es como la personificación de una batalla, entre su amada, el amor y él.
El miedo de él es pensar que, si deja que la distancia entre los dos sea definitiva, la muerte venga y se la lleve antes a ella que a él. Quedando entonces como único recuerdo una lápida, que es ese mármol del que habla, y que, lo único que ocurrirá será que el poco tiempo que le quede, lo convertirá en un continuó otoño, triste y marchito.
He escogido este poema porque en el que Borges dice que hay que aprovechar la vida y ser feliz, porque, si no, luego puedes arrepentirte por no haber disfrutado lo suficiente
El remordimiento
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he
sido feliz. Que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el
juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el
fuego. Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente se aplicó a las simétricas porfías del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente. No me abandona. Siempre está a mi
lado La sombra de haber sido un desdichado.
Jorge
Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo nació
en Buenos Aires (Argentina),el 24 de agostode1899, y murió en Ginebra (Suiza), el 14 de juniode 1986. Fue ungran
erudito escritorargentino, considerado uno de los autores más destacados de laliteratura del siglo XX. Publicóensayosbreves,cuentosypoemas.
He escogido este poema porque, bajo mi punto de vista, una de las cosas que
más felices nos hace en la vida es la amistad, trasmite lo que podemos llamar
los principios de una verdadera amistad, que en los triunfos y en los tropiezos
siempre van a estar ahí tus amigos, porque no hay nada más bonito que tener
amigos.
Poema a la amistad
No
puedo darte soluciones para todos los problemas de
la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes
y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me
lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes
actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para
crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te
parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger
los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días oré por ti…
En estos días me puse a recordar a mis amistades más
preciosas.
Soy una persona feliz: tengo más amigos de lo que
imaginaba.
Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran.
Es lo que siento por todos ellos.
Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la
alegría que sienten al verme.
Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y
cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la
serenidad, en estos días pensé en mis amigos y amigas,
entre ellos, apareciste tú.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el numero uno ni el número final.
Lo que sé es que te destacabas por alguna cualidad que
transmitías y con la cual desde hace tiempo se
ennoblece mi vida.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el
segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.
Entonces entendí que realmente somos amigos.
Hice lo que todo amigo:
Oré… y le agradecí a Dios por ti.
Con aires de tango bonaerense, este poema de Borges, musicado por Sopeña para Loquillo
Intérprete: Loquillo
Autor: Jorge Luis Borges
Albúm: Con elegancia
Discográfica: PICAP
Año: 1998
"Milonga de dos hermanos"
Traiga cuentos la guitarra
de cuando el fierro brillaba,
cuentos de truco y de taba,
de cuadreras y de copas,
cuentos de la Costa Brava
y el Camino de las Tropas.
Venga una historia de ayer
que apreciarán los más lerdos;
el destino no hace acuerdos
y nadie se lo reproche
ya estoy viendo que esta noche
vienen del Sur los recuerdos.
Vela y, señores, la historia
de los hermanos Iberra,
hombres de amor y de guerra
y en el peligro primeros,
la flor de los cuchilleros
y ahora los tapa la tierra.
Suelen al hombre perder
la soberbia o la codicia:
también el coraje envicia
a quien le da noche y día,
el que era menor debía
más muertes a la justicia.
Cuando Juan Iberra vio
que el menor lo aventajaba,
la paciencia se le acaba
y le armó no sé qué lazo
le dio muerte de un balazo,
allá por la Costa Brava.
Sin demora y sin apuro
lo fue tendiendo en la vía
para que el tren lo pisara.
El tren lo dejó sin cara,
que es lo que el mayor quería.
Así de manera fiel
conté la historia hasta el fin;
es la historia de Caín
que sigue matando a Abel.
"La metamorfosis", uno de los clásicos indiscutibles de la literatura universal, cumple cien años. Kafka la terminó en 1912, después de trabajar en ella 21 días, y dejó dicho en su testamento a su amigo y albacea Max Brod que hiciera desaparecer todos sus escritos, pues los juzgaba sin importancia. Afortunadamente, Brod no hizo caso de la petición de su amigo. Y La metamorfosis se publicó en 1915, hace ahora cien años, siendo así rescatada para la posteridad. Antes ocurrió lo mismo con la obra del clásico latino Virgilio, quien también dispuso que se quemara la Eneida. A veces, desobedecer es una virtud.
Kafka le dice a su novia de entonces, Felice Bauer, en alguna carta que la historia de su bicho (el horrible insecto en que se convierte el protagonista de la novela, Gregor Samsa) es una historia horrible, nauseabunda, asquerosa.
Una de las características del relato kafkiano es que está contado con las técnicas realistas, tradicionales, pero como cuenta cosas tan increíbles y absurdas, el texto sugiere al lector que fuerce su interpretación. En este sentido, por su poética de la apertura, es una novela totalmente moderna, abierta, que da juego al receptor sin imponerle un sentido único o cerrado, y permite múltiples lecturas.
Sabemos que Kafka era tremendamente puntilloso en el uso de las palabras y muy obsesivo en el control del proceso de edición. Cuando su editor le dijo que iba a poner una ilustración del bicho en que se había transformado Samsa en el libro, le escribió de inmediato:
"¡Esto no, por favor! El insecto mismo no debe ser dibujado. Ni tan solo debe ser mostrado desde lejos..."
Así que, ¿qué habría pensado Kakfa al saber que su obra se ha traducido mal al español? Porque La metamorfosis es una mala traducción del título alemán Die Verwandlung, que significa La transformación. En alemán también existe la palabra Metamorphose, pero el autor eligió otra para su novela. ¿A cuento de qué contradecirlo? La cuestión es que el relato se hizo tan famoso que, en 1925, se hizo una primera traducción de urgencia en la Revista de Occidente, y allí el traductor le puso ese título que, luego, se hizo célebre y ya casi nadie se atrevió a cambiar. Jorge Luis Borges, el famoso polígrafo argentino, que era también un experto germanista, tradujo la obra de Kafka al español y se quejaba amargamente:
"Es un disparate. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán. Cuando trabajé con la obra, el editor insistió en dejarla así porque ya se había hecho famosa y se la vinculaba a Kafka".
En fin, avatares de la literatura. Aunque a Dios gracias, o sea, a Brod gracias, hoy podemos leer con delectación La metamorfosis. O sea, La transformación.
Transcribo aquí una cita de Borges que, a mi vez, he leído en el libro de Xuan BelloLa nieve y otros complementos circunstanciales:
CITAS CLANDESTINAS (p. 53)
“Una cita sobre Dios: a Borges le preguntaron si creía en Dios: “Si la palabra Dios significa un ser que vive fuera del tiempo, no estoy muy seguro de creer en él. Pero si significa ese algo nuestro que está de parte de la justicia, entonces sí creo que, a pesar de todos los crímenes, hay un propósito moral en el mundo”.” Añado dos citas más, una de Josep Pla y otra de San Agustín: HUMO Y SILENCIO (p. 118)
Decía Josep Pla, que en gloria esté, que él fumaba para poner un poco de humo entre él y la existencia tremenda.
LOS SIETE MENSAJEROS (p. 135)
“Sufrir es malo”, aseguraba San Agustín, “pero es bueno haber sufrido”.