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jueves, 16 de junio de 2022

El deseo de ser rico

 La riqueza es algo que los humanos hemos buscado siempre. Y eso tiene su traducción en la literatura, claro, pues los autores no hacen más que recoger en sus historias las pulsiones y pasiones del género humano.

Don Juan Manuel incluyó en El conde Lucanor la historia de doña Truhana, un argumento que procedía del acervo folclórico común y que también inspiraría a los fabulistas más famosos (Lafontaine, Iriarte, Samaniego...). Así, tenemos una de las fábulas más conocidas, la de la lechera, en donde una pobre campesina fantasea con sus posibilidades de hacerse rica vendiendo la leche que llevaba en su lechera... Hasta que esta se cae y la leche se derrama. Entonces, la pobre mujer empieza a llorar como si hubiera perdido no solo un recipiente lleno de leche, sino los pollos, las vacas, la casa que iba a comprar cuando vendiera aquel precioso líquido nutricio.

Otra manera de abordar la riqueza es la de fijarse en los efectos que tiene el poseerlo en pingües cantidades. Así, tenemos...

  • La famosa letrilla de Quevedo "Poderoso caballero es Don Dinero" (Ver "Poderoso caballero...", entrada en Letr@herida, blog de literatura).
  • O la más antigua del arcipreste de Hita, "Mucho puede el dinero" (Ver "Lo que puede el dinero", entrada en Letr@herida, blog de literatura).

Pero si nos atenemos al encabezado de esta entrada, o sea, el deseo de ser rico, tenemos sin duda que referirnos a una película muy famosa, un musical de Hollywood, repetidamente oscarizado, en la que su pobre protagonista, el lechero Rev Tebye, interpretado por el gran Topol, también se imagina convertido en un potentado. He aquí la canción de Fiddler on the Roof (El violinista en el tejado):

(Más información: "El violinista en el tejado", entrada en Letr@herida, blog de literatura).

If I were rich man


"Oh, Lord, you made many, many poor people

I realize, of course, it's no shame to be poor

But it's no great honor either!

So, what would have been so terrible if I had a small fortune?"

If I were a rich man

Ya ba dibba dibba dibba dibba dibba dibba dum

All day long, I'd biddy biddy bum

If I were a wealthy man

I wouldn't have to work hard

Ya ba dibba dibba dibba dibba dibba dibba dum

If I were a biddy biddy rich yidle-diddle-didle-didle man

I'd build a big, tall house with rooms by the dozen

Right in the middle of the town

A fine tin roof with real wooden floors below

There would be one long staircase just going up

And one even longer coming down

And one more leading nowhere, just for show

I'd fill my yard with chicks and turkeys and geese and ducks

For the town to see and hear

Squawking just as noisily as they can

And each loud of the"gee", be it "gow", be it "geh", be it "guh"

Would land like a trumpet on the ear

As if to say, "Here lives a wealthy man"

If I were a rich man

Ya ba dibba dibba dibba dibba dibba dibba dum

All day long, I'd biddy biddy bum

If I were a wealthy man

I wouldn't have to work hard

Ya ba dibba dibba dibba dibba dibba dibba dum

If I were a biddy biddy rich yidle-diddle-didle-didle man

I see my wife, my Goldie, looking like a rich man's wife

With a proper double-chin

Supervising meals to her heart's delight

I see her putting on airs and strutting like a peacock

Oy, what a happy mood she's in

Screaming at the servants, day and night

The most important men in town would come to fawn on me!

They would ask me to advise them like a Solomon the Wise

"If you please, Reb Tevye..."

"Pardon me, Reb Tevye..."

Posing problems that would cross a rabbi's eyes!

And it won't make one bit of difference if I answer right or wrong

When you're rich, they think you really know!

If I were rich, I'd have the time that I lack to sit in the synagogue and pray

And maybe have a seat by the Eastern wall

And I'd discuss the holy books with the learned men, several hours every day

And that would be the sweetest thing of all

If I were a rich man

Ya ba dibba dibba dibba dibba dibba dibba dum

All day long, I'd biddy biddy bum

If I were a wealthy man

I wouldn't have to work hard

Ya ba dibba dibba dibba dibba dibba dibba dum

Lord, who made the lion and the lamb

You decreed I should be what I am

Would it spoil some vast eternal plan

If I were a wealthy man?

Autores de la canción: Jerry Bock / Sheldon Harnick.

sábado, 11 de diciembre de 2021

"Lo que puede el dinero", del Arcipreste de Hita

 El cantautor Paco Ibáñez, del que ya hemos hablado en algunas ocasiones en este blog, nos trae en esta ocasión un poema de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, autor del siglo XIV, del mester de clerecía. Su obra más famosa es el Libro de Buen Amor, y el poema musicado por Ibáñez se titula "Lo que puede el dinero", muy similar a otro posterior (del siglo XVII) de Francisco de Quevedo, "Poderoso caballero es don Dinero".


Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;
al torpe hace discreto y hombre de respetar;
hace correr al cojo y al mudo le hace hablar;
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.

También al hombre necio y rudo labrador
dineros le convierten en hidalgo doctor;
cuanto más rico es uno, más grande es su valor,
quien no tiene dinero no es de sí señor.

Y si tienes dinero tendrás consolación,
placeres y alegrías y del Papa ración,
comprarás Paraíso, ganarás la salvación;
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.

Él crea los priores, los obispos, los abades,
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades,
a los clérigos necios da muchas dignidades,
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades.

Él hace muchos clérigos y muchos ordenados,
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,
el dinero les da por bien examinados,
a los pobres les dicen que no son ilustrados.

Yo he visto muchos curas en sus predicaciones
despreciar al dinero, también sus tentaciones,
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.

Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir
mas si huelen que el rico está para morir,
y oyen que su dinero empieza a retiñir,
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.

En resumen lo digo, entiéndelo mejor:
el dinero es del mundo el gran agitador,
hace señor al siervo y siervo hace al señor;
toda cosa del siglo se hace por su amor.

"Poderoso caballero es don Dinero", letrilla satírica de Quevedo

Francisco de Quevedo (1580-1645) fue poeta, novelista, ensayista-prosista con obras de todo tipo: filosóficas, morales, políticas, burlescas... Por eso, como dijo Jorge Luis Borges, más que un escritor es "una literatura completa". Dominó como nadie el lenguaje y en todos los géneros literarios alcanzó el máximo nivel. Aquí traemos la versión de Paco Ibáñez, que recojo muy bien el sentido original del poema. El cantautor también puso música a un poema muy parecido de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, "Lo que puede el dinero".


Madre, yo al oro me humillo,

él es mi amante y mi amado,

pues de puro enamorado

de continuo anda amarillo.

Que pues doblón o sencillo

hace todo cuanto quiero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Nace en las Indias honrado,

donde el mundo le acompaña;

viene a morir en España

y es en Génova enterrado.

Y pues quien le trae al lado

es hermoso, aunque sea fiero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Es galán y es como un oro,

tiene quebrado el color;

persona de gran valor

tan cristiano como moro;

pues que da y quita el decoro

y quebranta cualquier fuero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Son sus padres principales,

y es de nobles descendiente,

pues que en las venas de Oriente

todas las sangres son reales.

Y pues es quien hace iguales

al duque y al ganadero,

poderoso caballero

es don Dinero.


¿Más a quién no maravilla

ver en su gloria, sin tasa,

que es lo menos de su casa

doña Blanca de Castilla?

Pero pues da al bajo silla

y al cobarde hace guerrero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Sus escudos de armas nobles

son siempre tan principales,

que sin sus escudos reales

no hay escudos de armas dobles;

y pues a los mismos robles

da codicia su minero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Por importar en los tratos

y dar tan buenos consejos

en las casas de los viejos

gatos lo guardan de gatos;

y, pues él rompe recatos

y ablanda al juez más severo,

poderoso caballero

es don Dinero.


Y es tanta su majestad,

aunque son sus duelos hartos,

que con haberle hecho cuartos

no pierde su autoridad.

Porque pues da calidad

al noble y al pordiosero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Nunca vi damas ingratas

a su gusto y afición,

que a las caras de un doblón

hacen sus caras baratas;

y, pues les hace bravatas

desde una bolsa de cuero,

poderoso caballero

es don Dinero.


Más valen en cualquier tierra

(mirad si es harto sagaz)

sus escudos en la paz

que rodelas en la guerra.

Y pues al pobre le entierra

y hace proprio al forastero,

poderoso caballero

es don Dinero.

miércoles, 20 de agosto de 2014

El cura de Alcañiz y el cura de Alcañices

Hay dichos, historias, que se hacen populares, como el ratón de campo y el mur de ciudad, que ya aparece en el Arcipreste de Hita y que ha dado pie incluso a historias de dibujos animados del mismísimo Walt Disney.

Hoy traemos aquí un dicho popular, donde aparece una ciudad aragonesa, Alcañiz, y otra ciudad zamorana, Alcañices, y cuyo motor es la rima. Y dice así (seguro que algunos la habréis oído muchas veces):


El cura de Alcañiz,
a las narices
llamaba la nariz,
y el cura de Alcañices,
a la nariz
llamaba las narices.
Y vivían felices,
el cura de Alcañiz
y el de Alcañices.

La forma del dicho me recuerda las del Limerick, que es un juego de palabras de tres versos, el último de los cuales funciona como conclusión.

Que este es un dicho popular lo demuestra, por ejemplo, que aparece en una novela del escritor vallisoletano Miguel Delibes titulada Mi idolatrado hijo Sisí (1953), donde se registra una variante:

"Cantaba suavemente, cálidamente, Paulina:
El cura de Alcañices
a la nariz llamaba las narices.
Y el cura de Alcañiz
llamaba a las narices la nariz" (Libro primero, cap. II)

En otros juegos de palabras, lo importante es evitar una palabrota, pero al mismo tiempo evocarla en la mente de quien escucha, por ejemplo:

"El cojo de los cojines
ponía los cojines en los cajones
y el cojo de los cajones
ponía los cajones sobre los cojines".

¡Ay, señor, si es que somos como niños!

martes, 30 de abril de 2013

Una cita de Rabelais sobre la risa

François Rabelais, el autor carnavalesco francés, de la Edad Media, el creador de Pantagruel, puso esta dedicatoria al frente de su Gargantúa:

"Amigos lectores que leéis este libro,
olvidad cualquier cuidado;
y, al leerlo, no os escandalicéis,
no es ni malo ni dañino.
Es mejor escribir de risas que de lágrimas
porque reír es lo propio del hombre.
¡Vivid alegres!"

Rabelais sí que lo tenía claro y, con espíritu similar al de nuestro arcipreste de Hita, proclama el principio fundamental de la vida: la risa y la alegría. Lo mismo decía Aristóteles: la risa es lo propio del ser humano, así que... ¡a reír, hombre!

Además de una risa verbal, local, propia de cada idioma porque se basa en el juego lingüístico, hay una risa corporal, universal, basada en el movimiento, los gestos... Basta con ver a Buster Keaton o Charlot para entenderlo. Es una risa muda, pero contagiosa, que hace reír a niños y mayores de todo el mundo.

El cristianismo, por entonces, no lo tenía tan claro. Las reglas monásticas consideraban la risa un poco en plan Baudelaire como algo satánico: "lo peor que pueda salir de una boca humana". ¿Y por qué? Porque, a ver, ¿alguien ha visto a Jesús riéndose en los Evangelios? ¡Pues entonces...!

San Basilio afirmaba que el Señor condena a "quienes ríen en esta vida". Quedaban así constituidos los principios fundamentales de la seriedad.