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martes, 30 de diciembre de 2025

Italia: Las palabras prohibidas del fascismo

A través del lenguaje podemos expresar todo lo que sentimos, soñamos, deseamos, odiamos... Por eso el poder político intenta también controlar el lenguaje, porque controlando las palabras podemos influir en los ciudadanos: cómo piensan, cómo sienten, cómo hablan.

Al menos, así pensaba el fascismo italiano en la era de Benito Mussolini, "il Duce".

Acabo de leer un par de libros muy interesantes que dedican unas páginas a esta cuestión. Se trata de una historia de la lengua (Breve storia della lingua italiana, de Claudio Marazzini, Bologna, Il Mulino, 2004) y de una gramática (La lingua italiana, de Maurizio Dardano y Pietro Trifone, Bologna, Zanichelli, 1985), donde se desarrollan los contenidos clásicos de este tipo de obras (el sustantivo y sus clases, el verbo y su conjugación, los adjetivos, los adverbios, etc.) y, además, se incluyen unos insertos enormemente informativos sobre cuestiones de sociolingüística, semántica, etimología...

En esta última obra, en las pp. 155 y 156, los autores nos hablan de cómo el fascismo italiano prohibió unas palabras y encumbró otras: hablar no es un acto neutral, es también toma de partido, hecho lingüístico transido de ideología, un suceso enunciativo que va más allá de la enunciación.

En algunos artículos anteriores de este blog, comentamos el odio que se tiene muy frecuentemente a los extranjeros: la inclinación xenófoba, algo que se refleja -como no podía ser de otro modo- en la lengua. Por ejemplo, se manifiesta en el desprecio por los extranjerismos (forestierismi, en italiano) * (nota 1) y en la defensa de las llamadas actitudes puristas. Los puristas no soportan las palabras importadas y preconizan su sustitución por voces castizas, más conformes al "genio" de la lengua. Quizás cabría recordarles aquellas palabras de Julio Cortázar (Rayuela, cap. 18):

"Pureza. Horrible palabra. Puré, y después za".

Como vemos, la influencia de las lenguas extranjeras en las lenguas nacionales o maternas no es de ahora: en tiempos del Duce, el francés y el inglés hacían notar ya su influencia en la lengua del Dante. Así que don Benito puso en marcha su máquina de prohibir y el parlamento ítalo aprobó el 23 de diciembre de 1940 un decreto ley que vetaba el empleo de palabras extranjeras en los rótulos y letreros comerciales, previendo para los transgresores "l'arresto fino a sei mesi". ¡Nada de bromitas! ¡Con las cosas del comer... (o sea, del hablar) no se juega!

El purismo lingüístico es una actitud que viene de viejo. Ya en el siglo I a. de C. amonestaba la Rhetorica ad Herennium: "Novum verbum novitate offendet", la palabra nueva ofende por su novedad, contamina la "pureza" de la lengua. Esta actitud censora la encontramos también en Varrón, en Cicerón, en Quintiliano, y en muchísimos tratados de Retórica y Gramática de la Edad Media...

Y es que en esto del hablar ha habido siempre, como en otros campos de la vida, una muy marcada tentación de buscar la pureza, la eugenesia, la eufasia. ¡Y pobre de aquél que contradiga al censor, al académico de turno!

En Italia, uno de los puristas con más éxito fue el cardenal Pietro Bembo, quien publicó su Prose delle volgar lingua en 1525, donde ponía reparos al mismísimo Dante. Casi un siglo después, en 1612, la Accademia della Crusca publicó su Vocabolario con la intención de separar las palabras buenas de las malas, así como se separa "la farina della crusca". La Academia dejaba clara su intención en la elección de su propio nombre, en el fondo no tan distinto ni tan distante del lema de la R.A.E.: "Limpia, fija y da esplendor".

En el siglo XVIII, un italiano cabreado por el enorme caudal de étimos franceses que incorporaba el italiano por aquellos días, debido sobre todo al influjo de la Ilustración y a la propagación de las ideas jacobinas, el abate Antonio Cesari (1760-1828), propuso la vuelta al "aureo Trecento", el de Dante, Petrarca y Boccaccio, para solucionar de una vez por todas la llamada "questione linguistica". Por supuesto, para él los galicismos que infestaban su querida lengua materna no eran más que vocablos bastardos, "un bastardume di barbaro e strano linguaggio".

También con el Risorgimento (siglo XIX), se desconfiaba de los forestierismi, palabras de "mala pianta" que revelaban una "mentalità servilistica". Italia luchaba entonces por su independencia y no quería bromas con las palabras: ¿Extranjerismos? No, gracias. Hacen subir el colesterol patrio.

En 1932, el periódico La Tribuna promovió entre sus lectores un concurso que buscaba sustitutos italianos para algunas palabras extranjeras. Algunas propuestas pintorescas fueron la de transformar "bar" en "barra", "bibitario" o "bevitario". O cambiar "dancing" por "balleria" o "danzatorio". O sustituir "tabarin", cabaret o lugar nocturno, por expresiones eufemísticas como "ritrovo notturno" o peyorativas como "puttanambolo". También se propuso sustituir "record" por "primato", algo no demasiado distinto de lo que se hizo en España, donde se propuso "plusmarca" en lugar de "record" o "balompié" en vez de "fútbol".

Llegados al fascismo itálico, la xenofobia lingüística encontró su campo de batalla en la guerra contra el pronombre de cortesía Lei, a cuya difusión en Italia había contribuido en el Cinquecento la dominación española. En 1938, quedó establecido oficialmente que se debía sustituir el Lei tradicional, que sonaba demasiado hispánico, por el "più italiano" voi.

Al grito de "Fuori il barbaro!" se modificaron terminologías y nomenclaturas, aunque la experiencia no tuvo demasiado éxito y poco queda de ella a día de hoy. Hubo, sin embargo, dos sustituciones que sí hicieron fortuna en el italiano moderno, propuestas por el lingüista Bruno Migliorini: "autista" y "regista" en lugar de las francesas "chauffeur" y "régisseur".

A Mussolini en persona le gustaba controlar las palabras que se promocionaban. En 1931, él mismo comunicó con mucha publicidad que había participado "alla vernice (inauguaración) di una mostra", usando el término "vernice" en lugar del galo "vernissage". En 1936, anotó para su secretaria: "In via XXIV Maggio vi è una trattoria bolognese che tiene visibilmente esposto un 'Menu'; dire di togliere il 'menu' e di mettere una 'lista'". ¡En vísperas de la guerra mundial y el Duce encontraba tiempo para su lucha contra los extranjerismos!

Eso sí, Mussolini no fue un purista demasiado escrupuloso. No podía evitar, por ejemplo, su gusto por el gálico "bidet", quizá por la querencia que le tenía a la palabra y/o a su referente en el mundo extralingüístico.

Además, difundió el galicismo "forgiare" en el sentido de "plasmare, educare": "Ho forgiato per sette anni il ferro, ora forgio le anime", afirmó de manera mucho menos patriótica de lo que él mismo sospechaba, dando carta de naturaleza a uno de aquellos extranjerismos que él tanto odiaba. Seguro que algún lingüista avisado se dio cuenta del detalle. Pero, claro, no era plan de decírselo a la cara al bueno de don Benito, famoso por sus arrebatos. No olvidemos, por ejemplo, que hizo primero ministro a su yerno, el conde Galeazzo Ciano, pero luego, en un subidón de adrenalina, lo mandó fusilar.

La política lingüística del fascismo fue decididamente autoritaria, intolerante. Luchó contra los "forestierismi", promovió una italianización obligatoria de la toponimia y de la onomástica, luchó contra los dialectalismos itálicos y soñó con la autarquía cultural. Entre las alternativas itálicas propuestas por el fascismo, encontramos algunas como las siguientes: "giovane esploratore" (por "boy-scout"), "brioscia" (en vez de "brioche"), "rinfresco" o "tavola fredda" (por "buffet"), "malfattore" (y no "gangster"), "fine di pasto" (en lugar de "dessert")... ¡Incluso Churchill y Louis Amstrong vieron sus nombres transformados en "Ciorcil" y "Luigi Braccioforte"!

Dejamos aquí un listado de algunos de los cambios lingüísticos propuestos por el fascismo:


Gracias a mi profesor de italiano, Marco di Domenico, añado aquí la curiosa historia de la palabra "tramezzino", acuñada nada más y nada menos que por una de las glorias nacionales de Italia, el escritor Gabriele d'Annunzio. En 1925, en el Caffè Mulassano de Turín se hizo popular un bocadillito triangular sin corteza  que servía de alternativa a los sandwiches ingleses. Como D'Annunzio era un encendido nacionalista, su patriótico paladar no podía tolerar comerse aquel sandwich, por riquísimo que fuera, sin llamarlo de un modo más conforme al genio del idioma, así que forjó un nombre ítalo de verdad recurriendo al neologismo tramezzino, formado por "tramezzo" (algo que va en el medio), más el sufijo diminutivo "-ino"; el significado final es "pequeño intermedio" (en italiano: "spuntino"). De este modo, D'Annunzio eliminó las malas influencias de la pérfida Albión, tan nocivas para los jugos gástricos, y pudo comer tranquilo su tramezzino, sirviendo a la vez a los intereses de su estómago y de su patria.

En 1930 se ordenó la supresión en las películas de las escenas habladas en lenguas extranjeras. En 1940, como ya dijimos más arriba, se prohibió por decreto-ley usar extranjerismos en la publicidad y en los nombres de las empresas y de las actividades profesionales.

Durante el Ventenio fascista, se promovió en fin una política neopurista que encontró reflejo en una revista oficial como Lingua Nostra (que empezó a publicarse en 1939), donde se buscaban alternativas italianizantes a los étimos extranjeros que se colaban en la lengua nacional. La idea era "cacciando lo straniero", devolver a Italia "quella fierrezza di spiriti e quella forte coscienza di sé, che la fecero grande altra volta", "aquella fiereza de espíritu, aquella fuerte consciencia de sí que la hará grande otra vez".

Por cierto, ¿no les suena eso del "make America great again"? ¿Y lo de llamar "Gulf of America" a lo que toda la vida ha sido el Golfo de México? ¿Sabían que en EE.UU. existe el movimiento "Only English", el cual considera que la única lengua legítima de Norteamérica es el inglés?

Esta política lingüística de corte neoimperialista duró, obviamente, hasta el fin del Ventenio. La nueva República italiana de 1946 pasó pronto la página a aquellos excesos legislativos.

Añado una anécdota de nuestro Mussolini particular, el generalísimo Franco. Dicen que algún munícipe de las Españas, pelotillero él a más no poder, tuvo la idea de erigir una estatua ecuestre a la mayor gloria del dictador. Y para dar más fuste a aquella iniciativa, mandó grabar al pie del monumento una inscripción en latín dedicada al Caudillo. Así que cuando don Francisco vino a la inauguración, descubrió aquella placa, en la que se podía leer:

"Franciscus Francus Bahamontis, miles gloriosus Hispaniae"

Con aquello se quería, por supuesto, honrar a aquel "soldado glorioso de España". El problema es que "miles gloriosus", en latín, significa "soldado fanfarrón" y es uno de los personajes-tipo de las comedias romanas; por ejemplo, es el protagonista de una de Plauto, titulada precisamente así: Miles gloriosus. El "gloriosus" es un fantasmote que alardea de valor y experiencia bélica, pero que, a las primeras de cambio, corre a esconderse debajo de la cama. ¡Como los infantes de Carrión en el Poema de Mío Cid cuando el episodio del león, vamos! El "gloriosus" es, en definitiva, un cazador cazado, el bravucón que queda en evidencia ante los demás.

En verdad, podemos dudar si el "docto" autor de aquella inscripción sabía poco latín... o sabía quizá demasiado. Parece ser que Franco fue informado del asunto por algún asesor entendido en la culta latiniparla; dicen que le hizo gracia la broma y que la consideró error involuntario, así que, en aquella ocasión al menos, no tomó ninguna represalia. Y de este modo, algún anónimo españolito, entre osado y algo ignorante, se libró de pasar una buena temporada a la sombra.

Voy a terminar este artículo con otra anécdota, referida en esta ocasión a Filippo Tommaso Marinetti, vanguardista creador del futurismo ** (nota 2) y poeta de bandera del fascismo. Marinetti admiraba la fanfarria militarista de los camicie neri mussolinianos y, por ello, odiaba la gordura y lo blando; así que emprendió una cruzada contra el símbolo nacional: la pasta. Con un revólver, disparó contra un plato de spaghetti carbonara y recomendó a los italianos más virilidad y menos spaghetti. Marinetti llamaba a la pasta la "absurda religión italiana" y la consideraba una «comida retrógrada y falsamente nutritiva que vuelve al hombre pesado, torpe, escéptico, cansino, pesimista». Es más, en su Manifesto de la cucina futurista, de 1930, propuso un cambio radical de hábitos alimenticios a sus compatriotas:

"La revolución culinaria futurista… tiene el elevado, noble y universalmente conveniente objetivo de cambiar radicalmente los hábitos alimentarios de nuestra raza, fortaleciéndola, dinamizándola y espiritualizándola con nuevas combinaciones de alimentos (...)
     La cocina futurista se liberará de las antiguas obsesiones por el volumen y el peso, y tendrá como uno de sus principios la abolición de la pastasciutta. La pastasciutta, por muy agradable que sea al paladar, es un alimento de paso porque engorda, embrutece, engaña haciéndoles creer [a los italianos] que es nutritiva, los vuelve escépticos, lentos y pesimistas (…)
     [La pasta] es completamente hostil al espíritu vivaz y al alma apasionada, generosa e intuitiva de los napolitanos. Si estas personas han sido luchadores heroicos, artistas inspirados, oradores imponentes, abogados astutos, agricultores tenaces, lo fueron a pesar de su voluminoso plato diario de pasta. Al comerla, desarrollan ese típico escepticismo irónico y sentimental que a menudo puede truncar su entusiasmo."

Como Marinetti era un poeta de moda, poderoso e influyente, hubo quien quiso complacerle. En los años 20, Marinetti organizó una cena futurista en el Hotel Quisisana, de Capri, y como el vate se había pronunciado con tanta fiereza contra la cocina tradicional, el restaurante del hotel hizo figurar en el menú una "insalata caprese", hecha con albahaca, queso mozzarella y tomate ("basilico, mozzarella e pomodoro"), justo los colores de... ¡la bandera nacional italiana!

Las ideas de Marinetti sobre la gastronomía italiana produjeron un gran revuelo nacional hasta que apareció una foto acusadora en la que el poeta aparecía comiendo un gran plato de spaghetti en el ristorante Biffi de Milán. Él se defendió diciendo que aquello era un fotomontaje fabricado por sus enemigos, pero el daño ya estaba hecho y pronto aparecieron unos versos satíricos que muchos chefs ítalos hicieron colgar en las paredes de sus establecimientos:

«Marinetti dice basta,
messa al bando sia la pasta,
poi si scopre Marinetti
che divora gli spaghetti».

Y así, verso por verso, terminamos esta larga entrada. "En el amor y en la guerra vale todo", suele decirse. Y por lo visto, así lo veían los fascistas: vale incluso manipular las palabras. O los spaghetti.

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* nota 1: Puedes leer más información sobre los extranjerismos aquí: "Por así decir: expresiones que se refieren a extranjeros", entrada de Letr@herida, blog de literatura.

** nota 2: Puedes encontrar más información sobre la influencia del futurismo en la Generación del 27 española aquí: "Un poema vanguardista de Pedro Salinas", entrada de Letr@herida, blog de literatura.

 

martes, 2 de febrero de 2016

"El gran dictador", de Charlie Chaplin

The Great Dictator es una película de 1940, dirigida y protagonizada por el genial Charlot. Una sátira magnífica del fascismo y el nazismo. Chaplin, al que accidentalmente confunden los nazis con Hitler, se dirige al final de la película a la nación a través de la radio. Y este es el memorable discurso que dirige a todos nosotros:


Este discurso fue leído por los alumnos del Avempace para conmemorar el Día de la Paz. 

The Great Dictator's Speech
"I’m sorry, but I don’t want to be an emperor. That’s not my business. I don’t want to rule or conquer anyone. I should like to help everyone - if possible - Jew, Gentile - black man - white. We all want to help one another. Human beings are like that. We want to live by each other’s happiness - not by each other’s misery. We don’t want to hate and despise one another. In this world there is room for everyone. And the good earth is rich and can provide for everyone. The way of life can be free and beautiful, but we have lost the way.
     Greed has poisoned men’s souls, has barricaded the world with hate, has goose-stepped us into misery and bloodshed. We have developed speed, but we have shut ourselves in. Machinery that gives abundance has left us in want. Our knowledge has made us cynical. Our cleverness, hard and unkind. We think too much and feel too little. More than machinery we need humanity. More than cleverness we need kindness and gentleness. Without these qualities, life will be violent and all will be lost....
     The aeroplane and the radio have brought us closer together. The very nature of these inventions cries out for the goodness in men - cries out for universal brotherhood - for the unity of us all. Even now my voice is reaching millions throughout the world - millions of despairing men, women, and little children - victims of a system that makes men torture and imprison innocent people.
     To those who can hear me, I say - do not despair. The misery that is now upon us is but the passing of greed - the bitterness of men who fear the way of human progress. The hate of men will pass, and dictators die, and the power they took from the people will return to the people. And so long as men die, liberty will never perish. .....
     Soldiers! don’t give yourselves to brutes - men who despise you - enslave you - who regiment your lives - tell you what to do - what to think and what to feel! Who drill you - diet you - treat you like cattle, use you as cannon fodder. Don’t give yourselves to these unnatural men - machine men with machine minds and machine hearts! You are not machines! You are not cattle! You are men! You have the love of humanity in your hearts! You don’t hate! Only the unloved hate - the unloved and the unnatural! Soldiers! Don’t fight for slavery! Fight for liberty!
     In the 17th Chapter of St Luke it is written: “the Kingdom of God is within man” - not one man nor a group of men, but in all men! In you! You, the people have the power - the power to create machines. The power to create happiness! You, the people, have the power to make this life free and beautiful, to make this life a wonderful adventure.
Then - in the name of democracy - let us use that power - let us all unite. Let us fight for a new world - a decent world that will give men a chance to work - that will give youth a future and old age a security. By the promise of these things, brutes have risen to power. But they lie! They do not fulfil that promise. They never will!
     Dictators free themselves but they enslave the people! Now let us fight to fulfil that promise! Let us fight to free the world - to do away with national barriers - to do away with greed, with hate and intolerance. Let us fight for a world of reason, a world where science and progress will lead to all men’s happiness. Soldiers! in the name of democracy, let us all unite!
"Lo siento. Pero... yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las
matanzas.
      Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.
     Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.
     Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.
     Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.
     El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.
     Soldados:
     No os entreguéis a ésos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.
     Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.
     Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos.
     Soldados:
     No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres..." Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura.
     En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los
dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.
     Luchemos por el mundo de la razón.
     Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.
     Soldados:
     En nombre de la democracia, debemos unirnos todos."
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