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martes, 30 de diciembre de 2025

Italia: Las palabras prohibidas del fascismo

A través del lenguaje podemos expresar todo lo que sentimos, soñamos, deseamos, odiamos... Por eso el poder político intenta también controlar el lenguaje, porque controlando las palabras podemos influir en los ciudadanos: cómo piensan, cómo sienten, cómo hablan.

Al menos, así pensaba el fascismo italiano en la era de Benito Mussolini, "il Duce".

Acabo de leer un par de libros muy interesantes que dedican unas páginas a esta cuestión. Se trata de una historia de la lengua (Breve storia della lingua italiana, de Claudio Marazzini, Bologna, Il Mulino, 2004) y de una gramática (La lingua italiana, de Maurizio Dardano y Pietro Trifone, Bologna, Zanichelli, 1985), donde se desarrollan los contenidos clásicos de este tipo de obras (el sustantivo y sus clases, el verbo y su conjugación, los adjetivos, los adverbios, etc.) y, además, se incluyen unos insertos enormemente informativos sobre cuestiones de sociolingüística, semántica, etimología...

En esta última obra, en las pp. 155 y 156, los autores nos hablan de cómo el fascismo italiano prohibió unas palabras y encumbró otras: hablar no es un acto neutral, es también toma de partido, hecho lingüístico transido de ideología, un suceso enunciativo que va más allá de la enunciación.

En algunos artículos anteriores de este blog, comentamos el odio que se tiene muy frecuentemente a los extranjeros: la inclinación xenófoba, algo que se refleja -como no podía ser de otro modo- en la lengua. Por ejemplo, se manifiesta en el desprecio por los extranjerismos (forestierismi, en italiano) * (nota 1) y en la defensa de las llamadas actitudes puristas. Los puristas no soportan las palabras importadas y preconizan su sustitución por voces castizas, más conformes al "genio" de la lengua. Quizás cabría recordarles aquellas palabras de Julio Cortázar (Rayuela, cap. 18):

"Pureza. Horrible palabra. Puré, y después za".

Como vemos, la influencia de las lenguas extranjeras en las lenguas nacionales o maternas no es de ahora: en tiempos del Duce, el francés y el inglés hacían notar ya su influencia en la lengua del Dante. Así que don Benito puso en marcha su máquina de prohibir y el parlamento ítalo aprobó el 23 de diciembre de 1940 un decreto ley que vetaba el empleo de palabras extranjeras en los rótulos y letreros comerciales, previendo para los transgresores "l'arresto fino a sei mesi". ¡Nada de bromitas! ¡Con las cosas del comer... (o sea, del hablar) no se juega!

El purismo lingüístico es una actitud que viene de viejo. Ya en el siglo I a. de C. amonestaba la Rhetorica ad Herennium: "Novum verbum novitate offendet", la palabra nueva ofende por su novedad, contamina la "pureza" de la lengua. Esta actitud censora la encontramos también en Varrón, en Cicerón, en Quintiliano, y en muchísimos tratados de Retórica y Gramática de la Edad Media...

Y es que en esto del hablar ha habido siempre, como en otros campos de la vida, una muy marcada tentación de buscar la pureza, la eugenesia, la eufasia. ¡Y pobre de aquél que contradiga al censor, al académico de turno!

En Italia, uno de los puristas con más éxito fue el cardenal Pietro Bembo, quien publicó su Prose delle volgar lingua en 1525, donde ponía reparos al mismísimo Dante. Casi un siglo después, en 1612, la Accademia della Crusca publicó su Vocabolario con la intención de separar las palabras buenas de las malas, así como se separa "la farina della crusca". La Academia dejaba clara su intención en la elección de su propio nombre, en el fondo no tan distinto ni tan distante del lema de la R.A.E.: "Limpia, fija y da esplendor".

En el siglo XVIII, un italiano cabreado por el enorme caudal de étimos franceses que incorporaba el italiano por aquellos días, debido sobre todo al influjo de la Ilustración y a la propagación de las ideas jacobinas, el abate Antonio Cesari (1760-1828), propuso la vuelta al "aureo Trecento", el de Dante, Petrarca y Boccaccio, para solucionar de una vez por todas la llamada "questione linguistica". Por supuesto, para él los galicismos que infestaban su querida lengua materna no eran más que vocablos bastardos, "un bastardume di barbaro e strano linguaggio".

También con el Risorgimento (siglo XIX), se desconfiaba de los forestierismi, palabras de "mala pianta" que revelaban una "mentalità servilistica". Italia luchaba entonces por su independencia y no quería bromas con las palabras: ¿Extranjerismos? No, gracias. Hacen subir el colesterol patrio.

En 1932, el periódico La Tribuna promovió entre sus lectores un concurso que buscaba sustitutos italianos para algunas palabras extranjeras. Algunas propuestas pintorescas fueron la de transformar "bar" en "barra", "bibitario" o "bevitario". O cambiar "dancing" por "balleria" o "danzatorio". O sustituir "tabarin", cabaret o lugar nocturno, por expresiones eufemísticas como "ritrovo notturno" o peyorativas como "puttanambolo". También se propuso sustituir "record" por "primato", algo no demasiado distinto de lo que se hizo en España, donde se propuso "plusmarca" en lugar de "record" o "balompié" en vez de "fútbol".

Llegados al fascismo itálico, la xenofobia lingüística encontró su campo de batalla en la guerra contra el pronombre de cortesía Lei, a cuya difusión en Italia había contribuido en el Cinquecento la dominación española. En 1938, quedó establecido oficialmente que se debía sustituir el Lei tradicional, que sonaba demasiado hispánico, por el "più italiano" voi.

Al grito de "Fuori il barbaro!" se modificaron terminologías y nomenclaturas, aunque la experiencia no tuvo demasiado éxito y poco queda de ella a día de hoy. Hubo, sin embargo, dos sustituciones que sí hicieron fortuna en el italiano moderno, propuestas por el lingüista Bruno Migliorini: "autista" y "regista" en lugar de las francesas "chauffeur" y "régisseur".

A Mussolini en persona le gustaba controlar las palabras que se promocionaban. En 1931, él mismo comunicó con mucha publicidad que había participado "alla vernice (inauguaración) di una mostra", usando el término "vernice" en lugar del galo "vernissage". En 1936, anotó para su secretaria: "In via XXIV Maggio vi è una trattoria bolognese che tiene visibilmente esposto un 'Menu'; dire di togliere il 'menu' e di mettere una 'lista'". ¡En vísperas de la guerra mundial y el Duce encontraba tiempo para su lucha contra los extranjerismos!

Eso sí, Mussolini no fue un purista demasiado escrupuloso. No podía evitar, por ejemplo, su gusto por el gálico "bidet", quizá por la querencia que le tenía a la palabra y/o a su referente en el mundo extralingüístico.

Además, difundió el galicismo "forgiare" en el sentido de "plasmare, educare": "Ho forgiato per sette anni il ferro, ora forgio le anime", afirmó de manera mucho menos patriótica de lo que él mismo sospechaba, dando carta de naturaleza a uno de aquellos extranjerismos que él tanto odiaba. Seguro que algún lingüista avisado se dio cuenta del detalle. Pero, claro, no era plan de decírselo a la cara al bueno de don Benito, famoso por sus arrebatos. No olvidemos, por ejemplo, que hizo primero ministro a su yerno, el conde Galeazzo Ciano, pero luego, en un subidón de adrenalina, lo mandó fusilar.

La política lingüística del fascismo fue decididamente autoritaria, intolerante. Luchó contra los "forestierismi", promovió una italianización obligatoria de la toponimia y de la onomástica, luchó contra los dialectalismos itálicos y soñó con la autarquía cultural. Entre las alternativas itálicas propuestas por el fascismo, encontramos algunas como las siguientes: "giovane esploratore" (por "boy-scout"), "brioscia" (en vez de "brioche"), "rinfresco" o "tavola fredda" (por "buffet"), "malfattore" (y no "gangster"), "fine di pasto" (en lugar de "dessert")... ¡Incluso Churchill y Louis Amstrong vieron sus nombres transformados en "Ciorcil" y "Luigi Braccioforte"!

Dejamos aquí un listado de algunos de los cambios lingüísticos propuestos por el fascismo:


Gracias a mi profesor de italiano, Marco di Domenico, añado aquí la curiosa historia de la palabra "tramezzino", acuñada nada más y nada menos que por una de las glorias nacionales de Italia, el escritor Gabriele d'Annunzio. En 1925, en el Caffè Mulassano de Turín se hizo popular un bocadillito triangular sin corteza  que servía de alternativa a los sandwiches ingleses. Como D'Annunzio era un encendido nacionalista, su patriótico paladar no podía tolerar comerse aquel sandwich, por riquísimo que fuera, sin llamarlo de un modo más conforme al genio del idioma, así que forjó un nombre ítalo de verdad recurriendo al neologismo tramezzino, formado por "tramezzo" (algo que va en el medio), más el sufijo diminutivo "-ino"; el significado final es "pequeño intermedio" (en italiano: "spuntino"). De este modo, D'Annunzio eliminó las malas influencias de la pérfida Albión, tan nocivas para los jugos gástricos, y pudo comer tranquilo su tramezzino, sirviendo a la vez a los intereses de su estómago y de su patria.

En 1930 se ordenó la supresión en las películas de las escenas habladas en lenguas extranjeras. En 1940, como ya dijimos más arriba, se prohibió por decreto-ley usar extranjerismos en la publicidad y en los nombres de las empresas y de las actividades profesionales.

Durante el Ventenio fascista, se promovió en fin una política neopurista que encontró reflejo en una revista oficial como Lingua Nostra (que empezó a publicarse en 1939), donde se buscaban alternativas italianizantes a los étimos extranjeros que se colaban en la lengua nacional. La idea era "cacciando lo straniero", devolver a Italia "quella fierrezza di spiriti e quella forte coscienza di sé, che la fecero grande altra volta", "aquella fiereza de espíritu, aquella fuerte consciencia de sí que la hará grande otra vez".

Por cierto, ¿no les suena eso del "make America great again"? ¿Y lo de llamar "Gulf of America" a lo que toda la vida ha sido el Golfo de México? ¿Sabían que en EE.UU. existe el movimiento "Only English", el cual considera que la única lengua legítima de Norteamérica es el inglés?

Esta política lingüística de corte neoimperialista duró, obviamente, hasta el fin del Ventenio. La nueva República italiana de 1946 pasó pronto la página a aquellos excesos legislativos.

Añado una anécdota de nuestro Mussolini particular, el generalísimo Franco. Dicen que algún munícipe de las Españas, pelotillero él a más no poder, tuvo la idea de erigir una estatua ecuestre a la mayor gloria del dictador. Y para dar más fuste a aquella iniciativa, mandó grabar al pie del monumento una inscripción en latín dedicada al Caudillo. Así que cuando don Francisco vino a la inauguración, descubrió aquella placa, en la que se podía leer:

"Franciscus Francus Bahamontis, miles gloriosus Hispaniae"

Con aquello se quería, por supuesto, honrar a aquel "soldado glorioso de España". El problema es que "miles gloriosus", en latín, significa "soldado fanfarrón" y es uno de los personajes-tipo de las comedias romanas; por ejemplo, es el protagonista de una de Plauto, titulada precisamente así: Miles gloriosus. El "gloriosus" es un fantasmote que alardea de valor y experiencia bélica, pero que, a las primeras de cambio, corre a esconderse debajo de la cama. ¡Como los infantes de Carrión en el Poema de Mío Cid cuando el episodio del león, vamos! El "gloriosus" es, en definitiva, un cazador cazado, el bravucón que queda en evidencia ante los demás.

En verdad, podemos dudar si el "docto" autor de aquella inscripción sabía poco latín... o sabía quizá demasiado. Parece ser que Franco fue informado del asunto por algún asesor entendido en la culta latiniparla; dicen que le hizo gracia la broma y que la consideró error involuntario, así que, en aquella ocasión al menos, no tomó ninguna represalia. Y de este modo, algún anónimo españolito, entre osado y algo ignorante, se libró de pasar una buena temporada a la sombra.

Voy a terminar este artículo con otra anécdota, referida en esta ocasión a Filippo Tommaso Marinetti, vanguardista creador del futurismo ** (nota 2) y poeta de bandera del fascismo. Marinetti admiraba la fanfarria militarista de los camicie neri mussolinianos y, por ello, odiaba la gordura y lo blando; así que emprendió una cruzada contra el símbolo nacional: la pasta. Con un revólver, disparó contra un plato de spaghetti carbonara y recomendó a los italianos más virilidad y menos spaghetti. Marinetti llamaba a la pasta la "absurda religión italiana" y la consideraba una «comida retrógrada y falsamente nutritiva que vuelve al hombre pesado, torpe, escéptico, cansino, pesimista». Es más, en su Manifesto de la cucina futurista, de 1930, propuso un cambio radical de hábitos alimenticios a sus compatriotas:

"La revolución culinaria futurista… tiene el elevado, noble y universalmente conveniente objetivo de cambiar radicalmente los hábitos alimentarios de nuestra raza, fortaleciéndola, dinamizándola y espiritualizándola con nuevas combinaciones de alimentos (...)
     La cocina futurista se liberará de las antiguas obsesiones por el volumen y el peso, y tendrá como uno de sus principios la abolición de la pastasciutta. La pastasciutta, por muy agradable que sea al paladar, es un alimento de paso porque engorda, embrutece, engaña haciéndoles creer [a los italianos] que es nutritiva, los vuelve escépticos, lentos y pesimistas (…)
     [La pasta] es completamente hostil al espíritu vivaz y al alma apasionada, generosa e intuitiva de los napolitanos. Si estas personas han sido luchadores heroicos, artistas inspirados, oradores imponentes, abogados astutos, agricultores tenaces, lo fueron a pesar de su voluminoso plato diario de pasta. Al comerla, desarrollan ese típico escepticismo irónico y sentimental que a menudo puede truncar su entusiasmo."

Como Marinetti era un poeta de moda, poderoso e influyente, hubo quien quiso complacerle. En los años 20, Marinetti organizó una cena futurista en el Hotel Quisisana, de Capri, y como el vate se había pronunciado con tanta fiereza contra la cocina tradicional, el restaurante del hotel hizo figurar en el menú una "insalata caprese", hecha con albahaca, queso mozzarella y tomate ("basilico, mozzarella e pomodoro"), justo los colores de... ¡la bandera nacional italiana!

Las ideas de Marinetti sobre la gastronomía italiana produjeron un gran revuelo nacional hasta que apareció una foto acusadora en la que el poeta aparecía comiendo un gran plato de spaghetti en el ristorante Biffi de Milán. Él se defendió diciendo que aquello era un fotomontaje fabricado por sus enemigos, pero el daño ya estaba hecho y pronto aparecieron unos versos satíricos que muchos chefs ítalos hicieron colgar en las paredes de sus establecimientos:

«Marinetti dice basta,
messa al bando sia la pasta,
poi si scopre Marinetti
che divora gli spaghetti».

Y así, verso por verso, terminamos esta larga entrada. "En el amor y en la guerra vale todo", suele decirse. Y por lo visto, así lo veían los fascistas: vale incluso manipular las palabras. O los spaghetti.

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* nota 1: Puedes leer más información sobre los extranjerismos aquí: "Por así decir: expresiones que se refieren a extranjeros", entrada de Letr@herida, blog de literatura.

** nota 2: Puedes encontrar más información sobre la influencia del futurismo en la Generación del 27 española aquí: "Un poema vanguardista de Pedro Salinas", entrada de Letr@herida, blog de literatura.

 

miércoles, 25 de abril de 2018

25 de abril, aniversario de la "Revolución de los claveles"

El 25 de abril de 1974, un año antes de la muerte de Franco, se produjo en el país hermano de Portugal la famosa "Revolución de los Claveles", que acabó con la dictadura de Salazar.

"Grândola, Vila Morena" fue la canción compuesta por José Afonso que escogieron los coroneles del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) para ser la señal del inicio de la Revolución de los Claveles. La canción hace referencia a la fraternidad entre las personas de Grândola, en el Alentejo, y había sido prohibida por el régimen salazarista como una música del partido comunista de Moscú, pues habla de solidaridad entre gente campesina muy humilde.

En la madrugada del 25 de abril de 1974, la canción fue retransmitida en la Rádio Renascença, la emisora católica portuguesa, como señal para confirmar el inicio de la revolución. La canción se convirtió en un símbolo de la democracia en Portugal. En la actualidad, en España, se oyó la canción cuando se produjo el movimiento del 15-M.



martes, 17 de abril de 2018

Pero... ¿qué es exactamente una "mota"?

¿Aguantarán las motas? ¿No aguantarán? ¿Le dará tiempo a la U.M.E. a acabar de levantar la nueva mota? ¿Habrá que desalojar a los vecinos?

En estos días de crecidas del Ebro, si escuchamos las noticias, todo son "puntas de la crecida" y "motas" por todos lados, que si aguantan, que si el agua arrambla con todo...

Pero ¿qué es exactamente una mota? Dejamos aparte a un cómico que todos conocemos, José Mota, que no tiene vela en este entierro y recurramos al diccionario, que para eso está:

mota

1. f. Partícula pequeña de alguna cosa,que se pega a la ropa o a otras partes: no quiero ni una mota de polvo.
2. Defecto muy ligero o de poca importancia: ese incidente no es más que una mota en tu expediente.
3. Elevación de poca altura, natural o artificial,que se levanta en un llano.
4. Mancha,dibujo o pequeña estampación redondeada o muy pequeña: vestido liso con motas de colores.
5. amer. vulg. marihuana.

Lógicamente, aquí se trata de la acepción 3, "elevación de poca altura", y gracias a ella nos enteramos de que las motas pueden ser artificiales o naturales. De ahí que tengamos en España, en Medina del Campo, el famoso castillo de La Mota, muy vinculado a Isabel la Católica y que, como podréis imaginar teniendo ese nombre, se levanta en una elevación pequeña de la villa.


Conviene añadir que, aunque el de Medina sea el castillo de La Mota más famoso, existen otros con el mismo nombre en diferentes lugares de España: en Ágreda (Soria), en Astudillo (Palencia), en Benavente (Zamora), llamado también "Torre del Caracol"; en Marchena (Sevilla); en Nájera (La Rioja); en Pliego (Murcia), llamado también "de las Paleras" y "de las Barracas"; en San Sebastián (Guipúzcoa), llamado también "El Macho".

Incluso hay una Fortaleza de la Mota, en Alcalá la Real (Jaén).

¡Y hasta un título nobiliario, el Condado del Castillo de la Mota, que Franco concedió a Pilar Primo de Rivera, hermana del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, y jefa máxima de la Sección Femenina, a la que el dictador concedió en su día el castillo como sede! Ahí es nada el Comandantín: ¿que me gusta el Pazo de Meirás? ¡Pues me lo quedo! ¿Que me caes bien y buscas sede para tu Sección? ¡Pues, hala, al Castillo de la Mota!

Para finalizar, existe una población conquense, Mota del Cuervo, conocida como "El Balcón de la Mancha", por su enclave elevado; y también hay una Mota del Marqués, en la provincia de Valladolid. Además, en Cuenca y Valencia hay una población llamada Motilla del Palancar y también existe un asentamiento arqueológico en Daimiel llamado Motilla del Azuer.

En definitiva, que la toponimia y el diccionario nos enseñan qué es una mota y ahora ya sabemos que siempre que una población lleve dicha palabra en su nombre, seguro que tiene una buena vista panorámica de los alrededores.

¡Cosas de las etimologías!

En cuanto mejore el tiempo, ¡hala!, a viajar por todas las motas habidas y por haber. ¡Y que aguanten!

UNA ANÉCDOTA PERSONAL 

Esto de ser mayor y tener años... tiene alguna ventaja. Una de ellas es que recuerdas cosas de hace mucho.

Cuando yo era un joven de vuestra edad, muchas de las obras literarias clásicas las leí en unos cómics de mi tiempo de la colección "Joyas Literarias Universales", eran unas adaptaciones cortitas, mejor o peor dibujadas y escritas, pero bueno, servían para enterarte del argumento de las obras en cuestión.

Una de las que leí con más fruición fue la adaptación de La isla del tesoro, del escocés Robert Luis Stevenson. Y recuerdo perfectamente cómo el pirata ciego llegaba a la posada de Jim y su madre y, a los pocos días, dos de sus compañeros piratas le ponían en la mano una mancha negra, La Mota Negra, una mancha oscura que le llenaba de horror, porque en el lenguaje pirata eso significaba una segura condena a muerte próxima a ejecutarse. Y en efecto, días después de la visita de los dos piratas, llegó el grueso de la banda pirata y asaltó la posada y mató al ciego. Pero el hábil muchachuelo Jim salvó el mata del tesoro, y se enroló como grumete y...

Bueno, ya veis que me entusiasmo y "me se lleva" el espíritu de la aventura. ¡Qué gran novela de aventuras la de Stevenson! ¡Venga, Jim, que tú puedes! ¡No dejes que te engañe John Silver el Largo! ¡A por el tesoro del capitán Flint! ¡Ron, ron, ron, la botella de ron!

La Mota Negra: cuánta aventura encuentro yo en la evocación de una simple palabra. Cosas de la vejez.

OTRA ANÉCDOTA DEL ABUELO CEBOLLETA

"El abuelo Cebolleta" era un personaje de un tebeo, "13 Rue del Percebe", publicado por la editorial Bruguera. Todos los miembros de la familia huían de él, porque no paraba de contar batallitas: "Cuando yo era joven..." (y seguía una perorata de treinta minutos: la mili, la juventud, el trabajo...) Cualquier tema era bueno para el pobre abuelo, que solo quería hablar y que le escuchasen.

Y uno cada vez se va pareciendo más al abuelo Cebolleta. Porque lo cierto es que, al hablar de "motas", pues me he acordado de otra batallita: una obra que leí, Sherlock Holmes y la cinta moteada, de sir Arthur Conan Doyle. En inglés, Sherlock Holmes and the speckled band. "Moteada" quiere decir aquí "cubierta de motas", es decir, de manchas o lunares. La obra me lleva de nuevo al DRAE, al verbo "motear", "1. tr. Salpicar de motas una tela, para darle variedad y hermosura".

¿Os imagináis hacer una "mota" o barrera "moteada", pintada con lunares y manchas? Lo más de lo más.


domingo, 26 de noviembre de 2017

"Su piel anciana bien cuidada", de Manuel Vázquez Montalbán

Manuel Vázque Montalbán, periodista, poeta, novelista, uno de los más destacados de los "novísimos", militante comunista miembro del mítico Comité Central del PCE (Partido Comunista de España) habla en este poema de un verdugo (¿Franco?), con el estilo culturalista propio de los "venecianos" (los "novísimos"), despreocupándose del sentido lógico y los signos de puntuación.

SU PIEL ANCIANA BIEN CUIDADA
     El verdugo ha envejecido
pasea a sus nietos por el parque
da alpiste a las palomas
posa frente al flash de incienso
su piel anciana bien cuidada
sonríe con placidez de obra cumplida
                                                            busca
la nada fugitiva de los remansos
recuerda bien
                      miente incluso olvida
y hasta sus víctimas
                                desenlutan el odio
sólo a veces el verdugo se pudre
en las venecianas aguas de mi espejo roto

jueves, 23 de noviembre de 2017

"España, camisa blanca de mi esperanza", de Blas de Otero

Este poema realmente fue escrito por el cantante Víctor Manuel San José, que a su vez se basó en unos versos del poeta bilbaíno Blas de Otero, aunque éste decía “España camisa limpia de mi esperanza y de mi palabra viva…”. Se escribió en un momento de grandes esperanzas para nuestro país, tras la muerte de Franco y con una transición a la democracia en marcha que algunos querían impedir.


Aquí tenéis una versión en portugués:



España, camisa blanca de mi esperanza,
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España, camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza,
la pena deja plomo en las alas,
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España, camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madrastra,
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

España, camisa blanca de mi esperanza
de fuera o dentro, dulce o amarga
de olor a incienso de cal y caña
quién puso el desasosiego en nuestras entrañas
nos hizo libres, pero sin alas
nos dejó el hambre y se llevó el pan.

España, camisa blanca de mi esperanza
aquí me tienes, nadie me manda
quererte tanto me cuesta nada
nos haces siempre a tu imagen y semejanza
lo bueno y malo que hay en tu estampa
de peregrina a ningún lugar.

lunes, 14 de mayo de 2012

El régimen del verano

Ahora que se acerca el verano, nada mejor que unas gotitas de humor para adelgazar riendo.


(P.S.: Gracias a Enrique Cambra por este envío tan "majico")