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martes, 12 de abril de 2022

Poética y política. Una reflexión de Pablo Neruda.

Pablo Neruda, poeta chileno, premio Nobel de Literatura, escribió sus memorias, que tituló Confieso que he vivido. En ellas, habla del año 1969, de Isla Negra, su refugio solitario, donde pasaba grandes temporadas en compañía de su mujer, Matilde Urrutia,

En este fragmento nos habla de su poética, en la que la gente tiene mucha importancia. Antes de Neruda, Juan Ramón Jiménez había dicho que la poesía era cosa de minorías y creó su famosa dedicatoria; "A la inmensa minoría". Una dedicatoria corregida años más tarde por el poeta social Blas de Otero: "A la inmensa mayoría". En línea con lo que dice Neruda, el mismo argumento:

"La vida política vino como un trueno a sacarme de mis trabajos. Regresé una vez más a la multitud.

    La multitud humana ha sido para mí la lección de mi vida. Puedo llegar a ella con la inherente timidez del poeta, con el temor del tímido, pero, una vez en su seno, me siento transfigurado. Soy parte de la esencial mayoría, soy una hoja más del gran árbol humano.

    Soledad y multitud seguirán siendo deberes elementales del poeta de nuestro tiempo. En la soledad, mi vida se enriqueció con la batalla del oleaje en el litoral chileno. Me intrigaron y me apasionaron las aguas combatientes y los peñascos combatidos, la multiplicación de la vida oceánica, la impecable formación de "los pájaros errantes", el esplendor de la espuma marina.

    Pero aprendí mucho más de la gran marea de las vidas, de la ternura vista en miles de ojos que me miraron al mismo tiempo. Puede este mensaje no ser posible a todos los poetas, pero quien lo haya sentido lo guardará en su corazón, lo desarrollará en su obra.

    Es memorable y desgarrador para el poeta haber encarnado para muchos hombres, durante un minuto, la esperanza."

martes, 28 de septiembre de 2021

Blas de Otero en "Letr@herida"

 Si queréis ver algunas entradas sobre el gran poeta Blas de Otero, aquí tenéis el enlace:

martes, 20 de marzo de 2018

Los himnos de la libertad: siete canciones para la lucha

Los cambios sociales siempre han estado estrechamente ligados a la música. Durante los años 70, la reivindicación de las libertades y los cantos de autor y de izquierda iban de la mano. Eso es algo de lo que se bebe actualmente. Sin ir más lejos, las marchas de la dignidad culminaron con la interpretación del histórico Canto a la libertad, de Labordeta por parte de la Solfónica.
La Transición se podía cantar. Ya fuesen temas que más tarde sonarían en las primeras campañas electorales tras la dictadura, como poemas de Miguel Hernández. Letras que en muchas ocasiones tuvieron que esperar para ver la luz, pero que no caducan y se siguen utilizando como himnos. El siguiente heptálogo pretende dedicar un espacio de protesta añeja sin menospreciar todas las que fueron y todas las que faltan. 
"Canto a la libertad"

Esta canción de José Antonio Labordeta ha ganado simpatizantes a través de las generaciones y ha sido adoptada por muchas de nuestras históricas causas perdidas. Sin duda, oficial o no, los aragoneses la han acogido como himno para su Comunidad Autónoma. Es una realidad que va más allá de las ideologías o de los sentimientos circunscritos. Es un ritmo esperanzador que nos ha acompañado desde los años 70 hasta incluso, apurando, el sábado pasado.
La última interpretación multitudinaria del Canto a la Libertad por la Solfónica se entremezcló con los petardazos de las bolas contra los manifestantes y las sirenas de policía y ambulancias. Como decía Olga Rodríguez, "El contraste de la música, la gente huyendo y el sonido de los disparos fue una estremecedora metáfora".

"Al vent"


Si la anterior es el reclamo de Aragón, esta canción de Raimon representó el reclamo de Valencia frente al franquismo. El germen de Al vent se puede situar a principios de los sesenta, cuando se celebró el quinto centenario de la muerte de Ausiàs March, uno de los adalides de la poesía en valenciano.

Sin meditarlo previamente, lo que comenzó siendo un homenaje que bebía también de Sartre y Camus y que centraba su queja en el maltrato de las lenguas en las universidades, se convirtió en todo un himno contra la dictadura. Su artífice atribuye el éxito al olfato instintivo e insubordinado de la adolescencia. Un fruto visceral que ha madurado a fuerza de revoluciones.

"Libertad sin ira"


Como casi todas, el canto despreocupado de Jarcha se identificó de la noche a la mañana con el tránsito hacia la democracia. Pocas de las canciones de la lista se pueden relacionar con la ideología o antecedentes de Adolfo Suárez, pero esta es la elegida para poner acordes a sus panegíricos.

Libertad sin ira surgió paralelamente a la apertura de Diario 16, pero la letra estuvo inicialmente censurada. Los hippies nacionales, con barbas y pelos largos, pantalones de campana y guitarra en mano personificaban aquel sentimiento revitalizante que se vendía en las pancartas. 

"Al alba"


Al alba estaba escrita para ser cantada en las manifestaciones. Aute dijo que la escribió con urgencia justo después de los fusilamientos de 1975, su valor reivindicativo era fundamental y el tiempo corría en su contra. Pese a ser uno de los cantautores más influyentes de nuestra historia, sus composiciones no las popularizó su guitarra.

Massiel lanzó lanzó a la fama Rosas en el mar Aleluya nº 1. Y Rosa León -con un toque comprometido y reivindicador tras el franquismo- interpretó la famosa versión de esta. Fue un acierto porque que su implicación en la política le daba el valor trascendental que la letra requería: militaba en el PCE, un hecho muy significativo en aquella primera democracia.

"Para la libertad"


Serrat representa la censura y la lucha por las libertades. Ese etéreo concepto inspiró muchas de sus composiciones por las que fue vetado en radio y televisión y obligado a exiliarse a México. Tras querar llevar el catalán -la lengua prohibida del régimen- a Eurovisión, el cantautor se convirtió en todo un mito para los soñadores de Cataluña. Este poema de Miguel Hernández se suma a otras como  Tres heridasPenélope  y  Hoy puede ser un gran día, que se convirtieron en himnos optimistas, compartidos y que alentaban la lucha, al igual que lo hizo el barcelonés.

"España, camisa blanca de mi esperanza"


España, camisa blanca de mi esperanza/ a veces madre y siempre madrastra / navaja, barro, clavel, espada. Ana Belén y su marido Victor Manuel compaginaban su oficio en los escenarios con la militancia en el partido comunista. Uno era el reflejo de lo otro y este poema de Blas de Otero es un himno para los nostálgicos. Un tema para aquellos que tuvieron en las manos, para que posteriormente les arrebataran, los años de -casi- luz política. 

"Habla, pueblo, habla"


Vino tinto fue un grupo de estudiantes murcianos cuya trayectoria se asemejó bastante a la de Jarcha. Simplemente el final de estos fue bastante infeliz en comparación. De ellos se recuerda la canción Habla, pueblo, habla, que se hizo muy popular en diciembre de 1976 al ser empleada por el gobierno para apoyar la participación en el referéndum de la Ley para la Reforma Política. Su tono folk no trascendió mucho más allá, pero algunos melancólicos también recordarán  Volver en vino, El viejo, Duerme negrito o Viejo capitán.

jueves, 23 de noviembre de 2017

"España, camisa blanca de mi esperanza", de Blas de Otero

Este poema realmente fue escrito por el cantante Víctor Manuel San José, que a su vez se basó en unos versos del poeta bilbaíno Blas de Otero, aunque éste decía “España camisa limpia de mi esperanza y de mi palabra viva…”. Se escribió en un momento de grandes esperanzas para nuestro país, tras la muerte de Franco y con una transición a la democracia en marcha que algunos querían impedir.


Aquí tenéis una versión en portugués:



España, camisa blanca de mi esperanza,
reseca historia que nos abraza
con acercarse solo a mirarla,
paloma buscando cielos más estrellados
donde entendernos sin destrozarnos
donde sentarnos y conversar.

España, camisa blanca de mi esperanza
la negra pena nos atenaza,
la pena deja plomo en las alas,
quisiera poner el hombro y pongo palabras
que casi siempre acaban en nada
cuando se enfrentan al ancho mar.

España, camisa blanca de mi esperanza
a veces madre y siempre madrastra,
navaja, barro, clavel, espada;
la muerte siempre presente nos acompaña
en nuestras cosas más cotidianas
y al fin nos hace a todos igual.

España, camisa blanca de mi esperanza
de fuera o dentro, dulce o amarga
de olor a incienso de cal y caña
quién puso el desasosiego en nuestras entrañas
nos hizo libres, pero sin alas
nos dejó el hambre y se llevó el pan.

España, camisa blanca de mi esperanza
aquí me tienes, nadie me manda
quererte tanto me cuesta nada
nos haces siempre a tu imagen y semejanza
lo bueno y malo que hay en tu estampa
de peregrina a ningún lugar.

"Pido la paz y la palabra", de Blas de Otero

Víctor Manuel puso música a este poema de Blas de Otero.

miércoles, 23 de marzo de 2016

"Pato", de Blas de Otero

A los refugiados sirios

Blas de Otero, poeta social, escribió este poema, un clamor contra las fronteras, contra los búnqueres alambrados que desgarran a los seres humanos:

 Pato
         Quién fuera pato
para nadar, nadar por todo el mundo,
pato para viajar sin pasaporte
y repasar, pasar, pasar fronteras,
como quien pasa el rato.
Pato. 
Patito vagabundo.
Plata del norte.
Oro del sur*. Patito danzaderas.
Permitidme, Dios mío, que sea pato
¿Para qué tanto lío,
tanto papel,
ni tanta pamplina?
Pato.
Mira, como aquél
que va por el río
tocando la bocina...
(* plata del norte: la nieve; oro del sur: el sol.)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Un poema para el Año Nuevo de... Blas de Otero

Blas de Otero nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao. A los 7 años entró en el colegio de María de Maeztu; el preparatorio e ingreso de Bachillerato lo estudiaría en un colegio de jesuitas. Su casa era para él refugio y remanso de paz, un microuniverso mitificado de tranquilidad y juegos, habitado por él mismo, sus padres, su hermano y su institutriz, mademoiselle Isabel. Por el contrario, el colegio representaba una suerte de infierno represor para el niño. Tres años después, la familia quedó en la ruina y decidieron mudarse a Madrid para tratar de remediar la situación y allí descubrió su propia identidad. En este ambiente empezó a escribir. Cuando tenía 13 años murió su hermano, tres años mayor que él. Tres años después falleció su padre. El carácter alegre por naturaleza de Blas de Otero se agrió; se volvió introvertido y pesimista. A esta edad empezó su obsesión por la muerte. En 1931 comenzó la licenciatura de Derecho; poco después tuvo que abandonarla para volver a Bilbao con su familia. La situación de ruina se había agravado tras la desaparición del padre, lo que impuso el regreso a la ciudad natal.

He leído unos cuantos poemas de este autor, pero el que mas me ha gustado ha sido este puesto que me ha embriagado con sus palabras tan profundas y con los sentimientos que refleja. En este complejo poema dedicado a la inmensa mayoría, Blas de Otero pretende narrar la profunda transformación que ha sufrido al pasar de un estado de profunda angustia personal a otro de denuncia social y colectiva. Para ello realiza una rigurosa descripción de un hombre y de su contacto con el mundo (y como se demostrará más adelante, ese hombre no era otro sino el mismo Otero), y cómo la solución para lograr la salvación individual se encontraba en la búsqueda de la paz interior. Además aprovecha para criticar determinados aspectos sociales injustos como puede ser la guerra y sus consecuencias.

“A la inmensa mayoría”
(de Pido la paz y la palabra, 1955)

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió; y rompió todos sus versos.
Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.
Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.
¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.
Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y tantos. Blas de Otero.