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sábado, 19 de agosto de 2017

"Le roman de Renart", por Bruno Heitz: un clásico de la literatura medieval en cómic

El cómic es una buena manera de acercarse al mundo del libro y de la lectura. Incluso a los clásicos, pues cada vez contamos con más adaptaciones (y de buena calidad) de los autores y obras que han marcado la historia literaria.

El libro que hoy vamos a comentar, en dos volúmenes, es una versión en cómic de una obra capital de la Edad Media, "Le roman de Renart". El dibujante Bruno Heitz hace una adaptación visual muy interesante que hace la obra apta para todos los públicos. Renart es un astuto zorro que trae de calle a todo el reino de Noble, el León, y que se burla continuamente de sus estúpidos cortesanos: el oso, el jabalí..., aunque estos sean mucho más fuertes que él. Su arma: la astucia. Su víctima favorita es su tío, el lobo Ysengrin, al que siempre engaña.

En fin, un fondo fabulístico que posiblemente proceda del Panchatantra hindú, como todas las fábulas occidentales, desde Esopo y Fedro hasta La Fontaine, Iriarte y Samaniego.

Una curiosidad: en francés antiguo, zorro se decía "goupil", pero el éxito del "goupil Renart" fue tan grande que, por antonomasia, empezó a darse el nombre propio Renart > renard a todos los zorros astutos. Así se consagró la palbra renard, zorro, en francés moderno y la otra, goupil, ha caído en el olvido.

Bibliografía:

  • Bruno Heitz, Le Roman de Renart. 1. Ysengrin. Paris, Gallimard Jeunesse, 2007.
  • Bruno Heitz, Le Roman de Renart. 2. Sur les chemins. Paris, Gallimard Jeunesse, 2008.






jueves, 8 de septiembre de 2016

Esopo y Menipo

Gracias al genial Velázquez, la posteridad conoce hoy a Menipo de Gadara, creador de la sátira menipea, así llamada en su honor y que alterna la prosa y el verso.

¿Y por qué gracias a Velázquez? Pues porque el pintor quiso crear una serie de cuadros de tema clásico y mitológico y pensó en Menipo y Esopo para que fueran exhibidos como pareja, uno enfrente o al lado del otro. Y así, un autor bien conocido, como el fabulista Esopo, vino a redimir a otro más bien secundario como Menipo.

Los cuadros fueron pintados para decorar un pabellón de caza construido en el monte del Pardo, cerca de Madrid, llamado "La Torre de la Parada". Este pabellón se convirtió más tarde en un valioso museo de pinturas donde fue a parar la larga serie de las Metamorfosis de Ovidio, pintada por Rubens y sus ayudantes. El pabellón estaba reservado en exclusiva para la Corte, nadie más tenía acceso, y allí se recopiló el conjunto más importante sobre temas de mitología y gran variedad de desnudos. O sea, que mientras que su Católica Majestad imponía a sus súbditos una estricta ortodoxia católica contrarreformista, los cortesanos tenían sus "desahogos" artísticos contemplando obras maestras con ninfas y efebos ligeritos de ropa.


Menipo, que aquí aparece a la izquierda, era también esclavo liberto, como Esopo. Velázquez lo recreó de cuerpo entero, vestido de mendigo pícaro, y con aire desafiante, desengañado del saber y de las vanidades y posesiones mundanas. En cuanto a Esopo, también aparece de cuerpo entero, mirando directamente al espectador con un libro en su mano izquierda y vestido con un sayo harapiento sujeto a la cintura con una tela de color blanco. Destacan en el cuadro sobre todo la cabeza del filósofo, con el pelo entrecano, y una mirada de profundo desdén.

Dos viejos esclavos libertos, desdeñando la pompa y circunstancia del mundo cortesano. Todo un mensaje velazqueño.

Los cuadros están expuestos hoy día en el Museo del Prado.

Menipo (Μένιππος, ss. IV - III a. C.), fue un filósofo griego de la escuela cínica, si bien también presenta rasgos hedonistas. Se conocen pocos datos biográficos suyos. Natural de Gadara, en Celesiria, donde también nacieron el filósofo epicúreo Filodemo y el epigramático Meleagro, fue esclavo, según afirma Acaico en sus Morales; Diocles de Magnesia agregó que su amo fue póntico y se llamó Bato; libertado, se enriqueció con la usura, pero perdió todo su dinero; Diógenes Laercio le atribuye una muerte por suicidio y varias obras que él mismo califica de "inseguras" y "llenas de chocarrerías, como las de Meleagro, coetáneo suyo": Funerarias, Testamentos, Cartas elegantes, En persona de los dioses, A los físicos, Matemáticos y gramáticos...

En sus diatribas cínicas de crítica moral y social mezcló la prosa y el verso y los registros serio y cómico. Su obra fue lo bastante significativa como para inspirar las Sátiras menipeas del escritor romano Marco Terencio Varrón y servir de personaje e inspiración a escritores de diálogos satíricos como Luciano de Samosata en sus Diálogos de los muertos, el Icaromenipo y otras obras. Erasmo de Rotterdam lo empleó alguna vez como personaje; Bartolomé Leonardo de Argensola también en su diálogo Menipo litigante, donde critica la profesión de abogado.

viernes, 23 de agosto de 2013

Una fábula de Esopo


Según cuenta Esopo, el famoso fabulista griego, Zeus proporcionó a cada hombre una alforja. Una de las bolsas de la alforja, la que contiene los defectos del prójimo, va colgada sobre el pecho y, en consecuencia, por delante de los ojos. La otra bolsa, la que contiene nuestros propios defectos, va inevitablemente a la espalda, fuera de la vista. Y esa es la razón de que veamos tan bien los defectos de los demás y tan mal nuestras propias carencias.

martes, 25 de septiembre de 2012

Una fábula de... Hartzenbusch

Pues sí, de Juan Eugenio Hartzenbusch, el de Los amantes de Teruel. Los autores más famosos de fábulas son, como sabemos, Esopo, Fedro, Iriarte, Samaniego, Lafontaine... Pero otros escritores también han escrito fábulas. Como esta de Hartzenbusch que traemos aquí, tomada de su libro Fábulas en verso castellano:


Fábula LV

Los viajes.
 
                                                    Un pescador, vecino de Bilbao,                    
cogió, yo no sé dónde, un bacalao.
-¿Qué vas a hacer conmigo?
(el pez le preguntó con voz llorosa.)
Él respondió: Te llevaré a mi esposa:5
ella con pulcritud y ligereza
te cortará del cuerpo la cabeza;
negociaré después con un amigo,
y si me da por ti maravedises,
irás con él a recorrer países.10
-¡Sin cabeza! ¡Ay de mí! (gritó el pescado.)
Y replicó el discreto vascongado:
¿Por esa pequeñez te desazonas?
Pues hoy viajan así muchas personas.