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domingo, 3 de abril de 2022

"Castilla", de Miguel de Unamuno

 Ahora que estamos estudiando la Generación del 98, el Desastre, el Regeneracionismo... Nada mejor que este poema de Miguel de Unamuno.


             Castilla

   Tu me levantas, tierra de Castilla

en la rugosa palma de tu mano,

al cielo que te enciende y te refresca,

al cielo, tu amo.


   Tierra nervuda, enjuta, despejada,

madre de corazones y de brazos,

toma el presente en ti viejos colores

del noble antaño.


   Con la pradera cóncava del cielo

lindan en torno tus desnudos campos,

tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro

y en ti santuario.


   Es todo cima tu extensión redonda

y en ti me siento al cielo levantado,

aire de cumbre es el que se respira

aquí, en tus páramos.


   ¡Ara gigante, tierra castellana,

a ese tu aire soltaré mis cantos,

si te son dignos bajarán al mundo

desde lo alto! 

lunes, 26 de febrero de 2018

La paronomasia, una figura juguetona

La paronomasia, también llamada paronimia, parequesis o adnominatio, es una figura retórica que consiste en asociar palabras semejantes por su sonido, pero de distinto significado. La materialidad de las palabras se alía al significado de las mismas para producir un juego de palabras que normalmente conduce a la mera diversión o a la sátira.

Aunque no falta en la lengua coloquial (“Nuestro gozo en un pozo”), la publicidad o la literatura popular (“Tengo miedo al avión./También tengo miedo al barco./Por eso quiero saber/lo que he de hacer/para cruzar el charco”), la paronomasia se usó profusamente en el Siglo de Oro.

He aquí un ejemplo de Unamuno:

Le puso el piso en que pasa
Hondo hastío; donde posa 
Sin coser; es otra cosa, 
No lo que quiso; no casa. 
Presa del piso, sin prisa, 
Pasa una vida de prosa.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Unamuno y la obra de arte


Miguel de Unamuno, tan preocupado él por la inmortalidad, definía la obra de arte como consunción. Es decir, desgaste.

Y es que el autor se dice en su creación y en ella se consume. Ha dicho cuanto tenía que decir, se ha vaciado y entonces, muere el hombre, cuya presencia ya no es necesaria. Pero queda el artista, que es inmortal.

lunes, 31 de agosto de 2015

Don Miguel de Unamuno y los neologismos


Unamuno era catedrático de griego, así que dedicó gran parte de su vida al estudio y la enseñanza de los clásicos. Era, como no podía ser de otra manera, un gran entendido en etimologías, y por eso cuando escribía resultaba un gran creador de neologismos. Le gustaba además decir frases contundentes, lapidarias. Por ejemplo, es célebre la anécdota que lo sitúa en Salamanca, dando una conferencia que interrumpe el general de la Legión Millán Astray, amigo de Franco y uno de los golpistas en julio de 1936, al grito de "¡Viva la muerte, muera la inteligencia!". Unamuno responde con su famoso "Venceréis, pero no convenceréis". Sintético y demoledor.

Otro ejemplo: cuando le acusan de romántico, contesta:

"No lo niego, pero con poner motes a las cosas no se resuelve nada. A pesar de mis más de veinte años de profesar la enseñanza de los clásicos, el clasicismo que se opone al romanticismo no me ha entrado. Dicen que lo helénico es distinguir, definir, separar; pues lo mío es indefinir, confundir."

Veamos otro ejemplo clarísimo en donde usa unos neologismos absolutamente originales. Estas palabras están tomadas de su novela de 1914 Niebla, cap. I, donde el protagonista, Augusto Pérez, dice lo siguiente:

"¡Vaya, ya tenemos el inevitable automóvil, ruido y polvo! ¿Y qué se adelanta con suprimir así distancias? La manía de viajar viene de topofobia y no de filotopía, el que viaja mucho va huyendo de cada lugar que deja y no buscando cada lugar a que llega. Viajar... Viajar..."

Lo de la topofobia podríamos entenderlo como el odio al lugar donde uno se encuentra. Y la filotopía sería algo así como el amor a los lugares nuevos, a visitar nuevos parajes. Unamuno viene a decir que para ser un buen viajero hay que interesarse por los sitios que uno visita.

En fin, un buen ejemplo de neologismos, ¿no os parece?