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domingo, 10 de junio de 2018

Empieza el Mundial de Fútbol


El Mundial de Fútbol, junto con las Olimpiadas y el Tour, son, según se dice, los tres espectáculos deportivos más seguidos del mundo. Los dos primeros se celebran cada 4 años, pero el Tour es anual.

NInguno de ellos habría conseguido la importancia que tiene de no haber sido por los medios de comunicación: son ellos los que han convertido en estrellas planetarias a los deportistas, auténtica reencarnación hodierna de los héroes o semidioses de antaño. Ellos son nuestros gladiadores de hoy.

¿Están sobrevalorados los deportistas? Bueno, ellos son sin duda las estrellas de un espectáculo que ellos mismos no gobiernan. Solo son piezas de un engranaje muy poderosos donde se entremezclan los intereses públicos y los privados, las cuestiones políticas y las económicas. Umberto Eco hablaba de la sobrevaloración del ejercicio físico. Y Ramón J. Sender, del cretinismo atlético, porque en cuanto uno hace diez abdominales ya le entran ganas de lucir el musculito. Nuestro nuevo ministro de Cultura y Deporte, Maxim Huerta, se ha descolgado con unas declaraciones un tanto inoportunas en las redes: "Odio el deporte". Pero, claro, como eran más bien poco apropiadas para un ministro del ramo, enseguida ha saltado a la palestra para matizarlas: "Los deportistas son héroes". Enterados.

Pero lo cierto es que en la vida de hoy, hecha de medianías, monotonías y regularidades, el deporte es la única dimensión épica que da a nuestra existencia una proyección un poco más trascendente. ¿Vivimos en un mundo satisfactorio? ¿Será verdad eso que dicen algunos de que si Marx viviera hoy en día cambiaría su frase "La religión es el opio del pueblo" por "El fútbol es el opio del pueblo"? ¿Hacemos deporte por amor a la vida sana y al ejercicio? ¿O lo que buscamos es lucir palmito, el cuerpo diez, para luego presumir?

Y tú, ¿qué opinas?

domingo, 28 de agosto de 2011

Cristianos... de fútbol

Veo en el Heraldo del domingo, 28 de agosto de 2011, una foto sobre lo que significa hoy ser "cristiano"... futbolero.



Bueno, la chica de la foto ha aprovechado al menos las clases de literatura del instituto y parece que le suena algún pasaje de la Celestina (¿Os acordáis? Aquello de "Yo Melibeo soy, a Melibea adoro...")Menos da una piedra. También ella tiene derecho a manifestar su fe "cristiana": la que ella, y otros miles de jóvenes, tienen. Podríamos decir que es la otra jota-eme-jotaJornada Mundial de la Juventud. Y también tiene que ver con Madrid. Y con la adoración al blanco. Y a los símbolos de la fe. A los iconos.

A mí el juego de palabras de la mushasha me recordó un chiste reciente, en el que un cura le pregunta a un niño:

--Pero a ver, hijo... ¿tú no quieres ser cristiano?
Y el chaval, candorosillo él, le responde:
--Buenooo, si no puedo ser Messi...

El fútbol es actualmente, a pesar de la crisis económica y todo eso, un fenómeno de dimensiones estratosféricas. Impregna toda nuestra cultura, incluso cambia el significado de las palabras ("ser cristiano" ya no es lo que era). Es la nueva fe de los desheredados de la tierra: Todos podemos ser "cristianos". El fútbol nos redime. El fútbol nos salva, nos saca de la clase media o baja, nos convierte en el amor de la afición. Podemos ser MESSIas, profetas en nuestra tierra.

Pero, claro, también hay que creer. Y pagar (la cuota de socio: Un donativo, hermanos, para las buenas obras de Nuestro Santísimo Padre el Presi. Pro fichajes del mercado de invierno, ora pro nobis). Y acudir todos los domingos a misa (bueno, cada dos domingos, cuando se juega en casa). Y cantar a coro el himno de Tu Gloria, Oh, Barça, Baaaarça en el cielo... Y vivir los éxtasis gozosos (Quedeme y olvideme, el rostro recliné sobre el amado... Gooool) y los misterios dolorosos (¡Ay, Zaragoceta, / si no te espabilas / te veo en la cuneta!).

Cada época tiene sus cultos. Y sus catedrales (por supuesto, pagadas con los donativos de los fieles: Qué deseaba, Un estadiete nuevo, Vale. Son cincuenta mil). Que empiece la ceremonia. Viva la depuración, aúpa la catarsis. En el círculo mágico de la fe nos olvidamos de quiénes somos, salimos de nuestra cotidianeidad. Comulgamos. Somos otros con los otros. El símbolo esférico nos transporta a otra dimensión más espiritual. San Pelé, san Maradona, san Iker, rogad por nosotros.

En el siglo XIX fue Karl Marx el que dijo aquello de que "La religión es el opio del pueblo". Si viviera hoy, igual decía algo del fútbol, ¿no?