martes, 18 de noviembre de 2014

Lorca en inglés-3

Lorca no está contento con lo que ve en América. No hay que olvidar que va a Nueva York en 1929, el año del crack. Lo que ve le impacta profundamente.

En la tercera parte de Poeta en Nueva York, titulada "Calles y sueños", el poeta-paseante anota y se queja, aumenta el tono social como lo demuestran los mismos títulos de los poemas: "Paisaje de la multitud que vomita", "Paisaje de la multitud que orina", "Ciudad sin sueño", "Panorama ciego de Nueva York". En esta parte aparecen los famosos poemas "Danza de la muerte" y "La aurora", que reproducimos a continuación.

Danza de la muerte (fragmento)

"El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
Arena, caimán y miedo sobre Nueva York. (...)

No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo. 
El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números, 
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados 
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces, 
¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje, 
tendida en la frontera de la nieve! 

El mascarón. ¡Mirad el mascarón! 
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York! (...)



¡Que no baile el Papa!
¡No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni construcciones, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Sólo este mascarón,
este mascarón de vieja escarlatina,
¡sólo este mascarón!

Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!

Dance of Death


The mask. Look at the mask!
Sand, crocodile, and fear above New York.(...)



This isn’t a strange place for the dance, I tell you.
The mask will dance among columns of blood and numbers,
among hurricanes of gold and groans of the unemployed,
who will howl, in the dead of night, for your dark time.
Oh, savage, shameless North America!
Stretched out on the frontier of snow.

The mask. Look at the mask!Such a wave of mire and fireflies above New York! (...)
But don’t let the Pope dance!
No,
don’t let the Pope dance!
Nor the kind,
nor the millionaires with blue teeth,
nor the barren dances of the cathedrals,
nor builders, nor emeralds, nor madmen, nor sodomites.
Only this mask.
This mask of ancient scarlet fever.
Only this mask!
Cobras shall hiss on the top floors.
Nettles shall shake courtyards and terraces.
The Stock Exchange shall become a pyramid of moss.
Jungle vines shall come in behind the rifles
and all so quickly, so very, very quickly.
Ay, Wall Street!
The mask. Look at the mask!
And how it spits its forest poison
through New York’s imperfect anguish!

La aurora
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
Dawn
Dawn in New York has
four columns of mire
and a hurricane of black pigeons
splashing in the putrid waters.

Dawn in New York groans
on enormous fire escapes
searching between the angles
for spikenards of drafted anguish.

Dawn arrives and no one receives it in his mouth
because morning and hope are impossible there:
sometimes the furious swarming coins
penetrate like drills and devour abandoned children.

Those who go out early know in their bones
there will be no paradise or loves that bloom and die:
they know they will be mired in numbers and laws,
in mindless games, in fruitless labors.

The light is buried under chains and noises
in the impudent challenge of rootless science.
And crowds stagger sleeplessly through the boroughs
as if they had just escaped a shipwreck of blood. 

Lorca en inglés-2

Seguimos con el poemario Poeta en Nueva York. La segunda parte está dedicada a los negros. Uno de los poemas es el célebre "El Rey de Harlem", donde Lorca defiende a los marginados, como hiciera en el Romancero gitano.

Con una cuchara 
arrancaba los ojos a los cocodrilos 
y golpeaba el trasero de los monos. 
Con una cuchara. 

Fuego de siempre dormía en los pedernales, 
y los escarabajos borrachos de anís 
olvidaban el musgo de las aldeas. 

Aquel viejo cubierto de setas 
iba al sitio donde lloraban los negros 
mientras crujía la cuchara del rey 
y llegaban los tanques de agua podrida. 

Las rosas huían por los filos 
de las últimas curvas del aire, 
y en los montones de azafrán 
los niños machacaban pequeñas ardillas 
con un rubor de frenesí manchado. 

Es preciso cruzar los puentes 
y llegar al rubor negro 
para que el perfume de pulmón 
nos golpee las sienes con su vestido 
de caliente piña. 

Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente 
a todos los amigos de la manzana y de la arena, 
y es necesario dar con los puños cerrados 
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas, 
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre, 
para que los cocodrilos duerman en largas filas 
bajo el amianto de la luna, 
y para que nadie dude de la infinita belleza 
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas. 

¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! 
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, 
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, 
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra, 
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje. 

Tenía la noche una hendidura y quietas salamandras de marfil. 
Las muchachas americanas 
llevaban niños y monedas en el vientre 
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo. 
Ellos son. 
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los volcanes 
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas del oso. 

Aquella noche el rey de Harlem con una durísima cuchara 
arrancaba los ojos a los cocodrilos 
y golpeaba el trasero de los monos. 
Con una cuchara. 
Los negros lloraban confundidos 
entre paraguas y soles de oro, 
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco, 
y el viento empañaba espejos 
y quebraba las venas de los bailarines. 

Negros, Negros, Negros, Negros. 

La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba. 
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles, 
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes, 
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer. 

Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardo, 
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas 
rueden por las playas con los objetos abandonados. 

Sangre que mira lenta con el rabo del ojo, 
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos. 
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella 
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana. 

Es la sangre que viene, que vendrá 
por los tejados y azoteas, por todas partes, 
para quemar la clorofila de las mujeres rubias, 
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos 
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo. 

Hay que huir, 
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos, 
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas 
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse 
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química. 



Es por el silencio sapientísimo 
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua 
las heridas de los millonarios 
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre. 

Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango, 
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros; 
un viento sur que lleva 
colmillos, girasoles, alfabetos 
y una pila de Volta con avispas ahogadas. 

El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo, 
el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra. 
Médulas y corolas componían sobre las nubes 
un desierto de tallos sin una sola rosa. 



A la izquierda, a la derecha, por el sur y por el norte, 
se levanta el muro impasible 
para el topo, la aguja del agua. 
No busquéis, negros, su grieta 
para hallar la máscara infinita. 
Buscad el gran sol del centro 
hechos una piña zumbadora. 

El sol que se desliza por los bosques 
seguro de no encontrar una ninfa, 
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño, 
el tatuado sol que baja por el río 
y muge seguido de caimanes. 

Negros, Negros, Negros, Negros. 

Jamás sierpe, ni cebra, ni mula 
palidecieron al morir. 
El leñador no sabe cuándo expiran 
los clamorosos árboles que corta. 
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey 
a que cicutas y cardos y ortigas turben postreras azoteas. 
Entonces, negros, entonces, entonces, 
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas, 
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas 
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas 
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo. 

¡Ay, Harlem, disfrazada! 
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza! 
Me llega tu rumor, 
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores, 
a través de láminas grises 
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes, 
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos, 
a través de tu gran rey desesperado 
cuyas barbas llegan al mar.

The king of Harlem

With a spoon
he scooped out the eyes of crocodiles
and slapped monkeys' bottoms.
With a spoon.

Eternal fire slept in the flints
and beetles drunk on aniseed
forgot the villages' moss.

That old man covered with mushrooms was going
to the place where the negroes wept
meanwhile the king's spoon crackled
and the tanks of stinking water arrived.

The roses fled along the edge
of the last curves of air,
and on the piles of saffron
children squashed little squirrels
with a blush of evil frenzy.

You have to cross the bridges
to find the negro blush
so that the scent of the lung
may beat against our temples
with its dress of warm pineapples.

You must kill the fair-haired seller of brandy,
and all friends of the apple and the sand,
and you must beat with closed fists
the little French beans which tremble, full of bubbles,
so that the king of Harlem may sing with his multitude,
that crocodiles may sleep in long rows
under the asbestos of the moon,
and that no one may doubt the infinite beauty
of dusters, graters, coppers, kitchen saucepans.

Ah, Harlem, Harlem, Harlem!
There is no anguish to compare with your crushed reds,
your blood shuddering amid a dark eclipse,
your violence - garnet, deaf and dumb in the half-light,
your great king imprisoned in a janitor's uniform.

*

The night cracked open and held quiet salamanders of ivory.
American girls
carried children and coins in their stomachs
and boys fainted on the cross where they were stretched.

They exist.
They are those who drink silver whisky by volcanoes
and who swallow little pieces of heart
upon the icy mountains of the bear.

That night the king of Harlem
with a very hard spoon
scooped out the eyes of crocodiles
and slapped monkeys' bottoms.
With a spoon.
The negroes wept bewildered
between umbrellas and golden suns,
mulattos chewed gum, trying to get a white torso, and th
e wind clouded mirrors
and broke the dancers' veins.

Negroes, Negroes, Negroes, Negroes.

Blood has no doors in your overturned night.
There is no flush. Furious blood beneath the skin,
living in the thorn of the dagger
and in the heart of landscapes,
under the tweezers and the furze
of the celestial moon of cancer.

Blood that seeks, along a thousand routes,
deaths of flour, and ashes of roses,
rigid, slanting skies, where colonies of planets
can roll about the beaches with the flotsam.

Blood that gazes slowly, with the tail of the eye,
made of dried grasses, underground nectar.
Blood rusting the careless trade-wind in a footprint,
and dissolving butterflies against the window.

It is blood that comes, and will come
through the roofs and terraces, from all sides,
to burn the chlorophyll of fair-haired women,
to groan at the foot of beds before the basins' insomnia
to smash against a yellow and tobacco-coloured dawn.

One must flee,
flee round corners, lock oneself on top storeys,
because the marrow of the forest will penetrate through cracks
to leave in your flesh a faint print of eclipse
a false sadness of a discoloured glove and of a chemical rose.

It is in the wisest silence
that waiters and cooks and those who scour with their tongues
the wounds of millionaires
seek the king through streets, on saltpetre corners.

A south wind of wood, slanting through the black mud
spits at broken boats, drives nails into shoulders;
a south wind that carries
tusks, sunflowers, alphabets
and a battery full of drowned wasps.

Forgetfulness was expressed
by three drops of ink on a monocle,
and love by a single invisible face
on the surface of the stone.
Marrow and corollas formed on the clouds
a desert of stalks, and not one rose...


*

To the left, to the right, to south and north,
there rises a wall, impassable
to the mole, the needle of water.
Negroes, do not search for a crevice
to find the infinite mask.
Search for a great central sun
made into a buzzing pineapple.
The sun that slips through the woods
certain not to encounter a nymph,
the sun that destroys numbers and has never crossed a dream,
the tattooed sun that goes down river and bellows
with alligators in pursuit.

Negroes, Negroes, Negroes, Negroes.

Never did snake, zebra or mule
grow pale at death.
The woodcutter does not know
when the noisy trees he cuts, expire.
Wait beneath the vegetable shadow of your king
until hemlocks, thistles and nettles disturb the farthest rooftops.

Then, negroes, then, then,
you can frenziedly kiss bicycle wheels,
put pairs of microscopes in squirrels' nests
and dance at last, no doubt, while the bristling
our Moses almost in the reeds of heaven.

Ah, Harlem in disguise!
Ah, Harlem, threatened by a crowd of headless costumes!
Your murmur reaches me,
reaches me through trunks and elevators,
through grey metal sheets,
where your cars are floating, covered with teeth,
through dead horses and petty crimes,
through your great and desperate king
whose beard reaches the sea.

Translated by Merryn Williams

lunes, 17 de noviembre de 2014

Poemas de Lorca en inglés

Lorca es un poeta universal, muy bien conocido dentro y fuera de nuestras fronteras. Sus versos han sido traducidos a las más importantes lenguas de cultura.

Poeta en Nueva York es uno de sus libros más conocidos, resultado de un viaje que hizo allí en 1929, época del crack de Wall Street. Un poemario próximo al surrealismo y a la poesía social, donde Lorca toma partido por los defavorecidos. He aquí algunos poemas en inglés y español.

VUELTA DE PASEO
Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
Con el árbol de muñones que no canta
y el niño con el blanco rostro de huevo.
Con los animalitos de cabeza rota
y el agua harapienta de los pies secos.
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero.
Tropezando con mi rostro distinto cada día.
¡Asesinado por el cielo!

AFTER A WALK

Cut down by the sky.

Between shapes moving toward the serpent

and crystal-craving shapes,

I’ll let my hair grow.

With the amputated tree that doesn’t sing

and the child with the blank face of an egg.

With the little animals whose skulls are cracked
and the water, dressed in rags, but with dry feet.
With all the bone-tired, deaf-and-dumb things
and a butterfly drowned in the inkwell.
Bumping into my own face, different each day.
Cut down by the sky!
Federico García Lorca, "I-Poems of Solitude in Columbia University", in Poet in New York. C. 1929


La primera parte del poemario se titula "Poemas de la soledad en Columbia University", de la que procede el poema "Vuelta de paseo", que acabamos de reproducir. Viene, después, una segunda parte, tituladas "Los negros", donde Lorca eleva a mito a esta raza marginada, como hiciera antes con los gitanos en el Romacero gitano.

Norma y paraíso de los negros

Odian la sombra del pájaro
sobre el pleamar de la blanca mejilla
y el conflicto de luz y viento
en el salón de la nieve fría.

Odian la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida,
la aguja que mantiene presión y rosa
en el gramíneo rubor de la sonrisa.

Aman el azul desierto,
las vacilantes expresiones bovinas,
la mentirosa luna de los polos.
la danza curva del agua en la orilla.

Con la ciencia del tronco y el rastro
llenan de nervios luminosos la arcilla
y patinan lúbricos por aguas y arenas
gustando la amarga frescura de su milenaria saliva.

Es por el azul crujiente,
azul sin un gusano ni una huella dormida,
donde los huevos de avestruz quedan eternos
y deambulan intactas las lluvias bailarinas.

Es por el azul sin historia,
azul de una noche sin temor de día,
azul donde el desnudo del viento va quebrando
los camellos sonámbulos de las nubes vacías.

Es allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.
Allí los corales empapan la desesperación de la tinta,
los durmientes borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles
y queda el hueco de la danza sobre las últimas cenizas.

They hate the shadow of the bird
over the high water of the white cheek
and the conflict of light and wind
in the salon of the cold snow.

They hate the bodiless arrow,
the precise handkerchief's farewell,
the needle that keeps the pressure and the rose
in the cereal blush of the smile.

They love the blue desert,
the swaying bovine expressions,
the lying moon of the poles,
the water's curved dance at the shore.

With the science of tree trunk and street market
they fill the  clay with luminous nerves
and lewdly skate on waters and sands
tasting the bitter freshness of their millennial spit.

It's through the crackling blue,
blue without worm or a sleeping footprint,
where the ostrich eggs remain eternal
and the dancing rains wander untouched.

It's through the blue without history,
blue of a night without fear of day,
blue where the nude of the wind goes splitting
the sleepwalking camels of the empty clouds.

It's there where the torsos dream under the gluttony of grass.
There the corals soak the ink's despair,
the sleepers erase their profiles under the skein of snails
and the space of the dance remains over the final ashes.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El DRAE y sus definiciones

El nuevo Diccionario de la RAE ha cabreado a los gitanos, a los hackers y a algunos otros colectivos. Los académicos se defiende diciendo que ellos solo recogen las acepciones de las palabras, no las patrocinan.

Los hackers, por ejemplo, piden que la RAE cambie la definición, porque hacker aparece como "pirata informático" y ellos no se consideran ciberdelincuentes.

La definición de franquismo ha cambiado algo, ahora dice así: 1. "Dictadura de carácter totalitario impuesta en España por el general Franco a partir de la guerra civil de 1936-1939 y mantenida hasta su muerte". 2. "Período histórico que comprende la dictadura del general Franco".

También gitano incluye una acepción peyorativa, "trapacero", "engañador", que ha molestado mucho al colectivo.

Y lo mismo ha pasado con la palabra judiada, en el sentido de mala pasada o acción que perjudica a alguien, que  ha ofendido a los repectivos aludios.



"Las dos bandoleras", de Lope de Vega, en el Teatro Principal de Zaragoza

En estos días se está representando en el Teatro Principal de Zaragoza la obra de Lope Las dos bandoleras, en una versión actualizada que recuerda a las heroínas antiguas, a aquellas mujeres serranas que vivían en los puertos y, según la leyenda, asaltaban a los caminantes.

La obra tiene como trasfondo histórico la España de la Reconquista, el siglo XIII, un momento de expansión del avance cristiano, tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), que hizo retroceder enormemente el poderío musulmán. Se habla del rey Alfonso VIII, padre del actual (de entonces), Fernando III el Santo, que aparece en la escena, como siempre en el teatro lopesco, para impartir justicia y garantizar un final feliz. Fernando, a su vez, fue padre de otro famoso rey, Alonso X el Sabio, a quien el castellano debe mucho, pues fue él quien lo convirtió en lengua oficial de la cancillería real.

En escena aparece también la famosa Leonarda, la serrana de la Vera, la más célebre sin duda de las asaltahombres del ayer. La serrana vivió en la comarca de la Vera, en Extremadura, cerca de Plasencia, no muy alejada de la raya de Portugal. Concretamente, se vincula al pueblo de Garganta de la Olla, donde existe un Mirador de la Serrana y una estatua dedicada.


La serrana era un mito por su gran belleza y su fuerza descomunal. Se había retirado a la sierra por despecho, pues el hombre que le dio palabra de casamiento la engañó y la abandonó, así que decidió echarse al monte, llevarse a su cueva a los viajeros que pasaban por allí, gozarlos por fuerza en su feudo y matarlos por último. Una mujer de rompe y rasga.

El mito de la serrana de la Vera fue tratado también, además de por Lope, por Luis Vélez de Guevara, famoso autor de El diablo cojuelo.

La representación que trae el Teatro Principal es una actualización de la obra lopesca, divertida, entretenida y recomendable para toda la familia, además de una ocasión para oír el verso de Lope, algo no tan frecuente en nuestras tablas como debiera. El montaje corresponde a la madrileña Compañía Nacional de Teatro Clásico, de gira "por provincias". Os dejamos aquí un vídeo con aspectos del montaje.



Copiamos aquí algunos datos sobre Lope de Vega y su obra Las dos bandoleras:

Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 25 de noviembre de 1562 - 27 de agosto de 1635) fue uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro español y, por la extensión de su obra, uno de los autores más prolíficos de la literatura universal. El llamado Fénix de los ingenios y Monstruo de la Naturaleza (por Miguel de Cervantes) renovó las fórmulas del teatro español en un momento en el que el teatro comenzaba a ser un fenómeno cultural de masas. Máximo exponente,
junto a Tirso de Molina y Calderón de la Barca, del teatro barroco español, sus obras siguen representándose en la actualidad y constituyen una de las más altas cotas alcanzadas en la literatura y las artes españolas. Fue también uno de los grandes líricos de la lengua castellana y autor de muchas novelas. Se le atribuyen unos 3000 sonetos, 3 novelas, 4 novelas cortas, 9 epopeyas, 3 poemas didácticos, y varios centenares de comedias (1800 según Juan Pérez de Montalbán). Amigo de Quevedo y de Juan Ruiz de Alarcón, enemistado con Góngora y en larga rivalidad con Cervantes, su vida fue tan extrema como su obra. Fue padre de la también dramaturga sor Marcela de San Félix. Las dos bandoleras fue escrita en torno a 1597-1603.

Para entrar esta entrada, os dejamos la canción de un gran folclorista, el admirable Joaquín Díaz, que pone música al romance tradicional:

sábado, 15 de noviembre de 2014

"Romance de la luna, luna", del Romancero gitano de Federico García Lorca

Carmen París hace aquí una versión maravillosa de este poema lorquiano procedente del Romancero gitano.


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Unos poemas de Gloria Fuertes

Gloria Fuertes hacía poesía para niños y no tan niños. Sus versos eran de una aparente sencillez, pero llenos de ternura y profundidad. Aquí vamos a copiar un par de poemas suyos, de su libro Se beben la luz (Madrid, Torremozas, 2008).

La muerte
La muerte no tiene nombre:
es como un agujero,
cabe todo lo que la eches
-niño, general, torero,
soldadito, una preñada,
viejas, doncellas, traperos,
botes, aves, ovejitas,
aviones, casas, pueblos-.
La muerte no tiene nombre:
es como un agujero.

Aquí, la poetisa conecta con la visión de la muerte como igualadora que aparece en nuestra literatura al menos desde las danzas de la muerte medievales.

Los hombres no supieron
Los hombres no supieron
que hubo hombres que escribieron para ellos.
-Y esto es feo-.
Ni siquiera el Alcalde de Berceo

ha leído de Berceo.

No engañaros.

Ningún pobre de América del Norte,
ningún minero
ha leído a Walt Whitman.
Ningún compañero,
ningún campesino,
ningún obrero,
ha leído a Blas de Otero.
¡Neruda! Los esclavos de Chile
no se saben tus versos.
Y los inditos peruanos hambrientos,
no saben quién fue César Vallejo.
Mujer de verso en pecho, Ed. Cátedra, 2008 (1ª ed. 1995). También en Se beben la luz.

Incluso Moncho Otero y Rafa Mora le han puesto música a este poema tan bonito.


El sacamuelas (fragmento)
Si vives en ciudad conviene el campo mucho,
si vives en el campo debes echar raíces.
Si tienes una novia debes besarla pronto,
si tienes capital debes de darle entero,
si el hígado te duele, no tomes chocolate.
Y dar,
           darlo todo, 
                              dar todo sin medida,
siendo espléndidos, seréis ¡Espléndidos!

Si hacéis esto que digo,
no es que vayáis a morir de viejos:
sólo se garantiza con mis descubrimientos
una estancia mejor en el planeta,
las ganas de vivir por la mañana,
un sueño más tranquilo por la noche,
tres palomas sentadas por la tarde.

Guerra a la fuerza
Y dijo el soldado:
¡Qué asco de caso!
Y dijo el herido:
¿Para qué he venido?
Y dijo el teniente:
Hay que ser valiente.
Y dijo el sargento:
Eso es mucho cuento.
Que sangra mi aorta.
¿Y amí qué me importa?
(dijo el capitán)
¡Contra el enemigo...!
¡Machacadlo! ¡Ya!

Y dijo el soldado:
¡qué barbaridad!,
yo me doy por prófugo,
¡yo no aguanto más!

Un homenaje a Gloria Fuertes:



Más información en la Web del Avempace:
* Gloria Fuertes-1, Power Point de Sara Murillo.
* Gloria Fuertes-2. Power Point de Christian Neira.

lunes, 10 de noviembre de 2014

A Good Man Is Hard to Find

"A Good Man Is Hard to Find" es un blues muy conocido cantado por Bessie Smith. De ahí tomó el título Flannery O'Connor para su célebre short-story del mismo nombre.


Lyrics

My heart is sad and I'm all alone
my man's treating me mean
I regret the day that I was born
And the man I ever seen

My happiness is less today
My heart is broke, that's why I say
Lord, a good man is hard to find
You always get another kind

Just when you think that he's your pal
You look and find him foolin' 'round some old gal
Then you rave, you all crave
You want to see him in his grave

So if your man is nice, take my advice;
Hug him in the morning, kiss him at night
Give him plenty lovin'; treat your good man right

Oh, a good man is so hard to find
We always get that roughed old kind
Just when you think that he's your pal
You like and find him hangin' 'round some old gal

Then you rave, how you crave
You wanna see him dead layin' in his grave

So if your man is nice, take my advice
Hug him in the morning, kiss him at night
Give him plenty love madam, treat your man right
'Cause a good man nowadays sure is hard to find


La canción se hizo tan famosa que también la cantaron otros vocalistas tan célebres como Frank Sinatra y Shelley Winters: